Citas nutricias

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Citas nutricias2017-07-11T18:54:44+00:00

CITAS NUTRICIAS PARA PROPICIAR LA CREACION LITERARIA

       El sello de las auténticas obras de arte es que lo que aparentan ser, abordando esa verdad sin juicio discursivo, aparece como perfectamente creíble.

       […] No pretende el poeta en primer término la comunicación, según suele decirse. […] Aunque es cierto que si la poesía no se comunica no existe. Pero, de todas maneras, aunque no se difunda, el producto del proceso creador tiene siempre un destinatario: el propio poeta, que sólo se entera verdaderamente de su mensaje (de su descubrimiento, mejor) ante el poema concluso e inevitable. Trata el poeta de aclarar para sí mismo la experiencia. Si otros lectores, y no sólo el poeta, reconstruyen el proceso de este descubrimiento, miel sobre hojuelas. Pero la poesía está ahí, en el poema, en las insustituibles palabras del poema.
(ABC, 15-10-1988)

       Lo primero que pido a la poesía de ahora es que tenga un acento nuevo, y dentro de ese acento nuevo, que refleje muy directamente, pero de una manera nueva y no afianzándose en lo fácil, lo que sucede. A mí me parece que la realidad, lo que pasa, es cosa digna de ser recogida.
(Babelia, 12-12-92)

       Para Horacio, el varón que ha sido mirado por la musa poética no se apartará de esa profesión.
(Prólogo a Poesía, Fray Luis de León, Cátedra, 1990)

       El poeta que por fin decide escribir para sí mismo, muere por falta de destino.
(El Cultural, 30-12-2011)

       Jugar siempre sobre seguro acaba siendo aburrido. No pierdes, pero tampoco ganas. Prefiero arriesgar y confiar en que todo salga bien.

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       En mi vida privada soy más cuidadoso que en mi trabajo, donde prefiero arriesgar. La vida es mucho más terrible que el arte. Si tropiezas, puede ser peligroso, mientras que en el arte sólo es embarazoso.

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       Lo que me estimula es el deseo insaciable de hacer algo con verdadera sustancia. Realizo una película detrás de otra con la esperanza de que, al final, una o dos resistan incólumes el paso del tiempo.

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       […] Para ser músico de jazz tienes que escuchar y escuchar mucho jazz. Y es un acto de amor. No piensas: estoy escuchándolo para estudiarlo. Simplemente escuchas porque te encanta. Y te encanta, y te encanta… Y poco a poco aprendes. Todo lo útil se aprende por ósmosis.
(El País, 13-2-1994)

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       Picasso dijo una vez que cuando veía un espacio en blanco tenía que llenarlo. Pues yo siento lo mismo. Nada me hace más feliz que quitarle el precinto a una gran resma de papel amarillo o blanco. ¡Y estoy impaciente por llenarlo!
(El País, 13-2-1994)

       Mi relación con el cine es una relación apasionada y por lo tanto de posesión -en este caso soy yo el poseído-, y cuando uno vive una pasión, no tiene tiempo para casi nada más. La pasión por el cine me impide tener tiempo para muchas otras cosas. Lo bueno de una pasión -y más si es doble, como la mía: carnal y cinematográfica- es que da sentido a tu vida, aunque hay muchas otras cosas que dejas de lado. El precio son todas esas renuncias.

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       Todo tiene un precio y hay cosas, como la independencia, como el placer, por las que merece la pena pagar incluso un alto precio. El de la independencia es una enorme incomprensión a tu alrededor y un crepitante círculo de envidia, porque en la independencia hay una especie de exhibición y de soberbia. Eso piensan los demás pero, frente a uno mismo, la cosa es más simple: soy así, no puedo ser de otro modo y así tendré que seguir siendo. Considero que mi independencia no es ni una lección moral para los demás, ni de integridad, sino el reconocimiento y la aceptación de mí mismo.

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       Tengo una relación poco complaciente con las películas que he hecho, que, como tales, me interesan mientras las he vivido, mientras las he hecho. Puede sonar como muy tópico, pero en el momento en que las termino, mi aventura también finaliza. Y todo lo que ha ocurrido con cada una ha ido creciendo y es cada vez mejor, pero no es una parte que yo interiorice. Por ello no tengo películas favoritas, sino momentos de cada una.
(El País, 25-9-1993)

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       Uno tiene siempre la sensación de estar empezando, aunque se repita. Brigitte Bardot decía: “Cada vez que me enamoro, creo que es la primera vez”.

¿Qué significa hacer? ¿Qué significa no hacer?
He aquí lo que tan a menudo desconcierta al sabio.
Porque hay que parar mientes en el hacer,
en el hacer prohibido.
Como también hay que parar mientes en el no hacer,
pues su esencia es insondable.
(Del Bhagavad-Gita)

       Matabosch cree, como Beethoven, que la música es una revelación más alta que la filosofía. Allí donde la poesía se detiene comienza la música. Así lo expresó Schopenhauer.
(El Cutural, 17-01-2014)

Nada es revolucionario, con excepción del candor.

       Como dice León Felipe en un prólogo sobre Macbeth, yo utilizo a los clásicos como pista de despegue, no como pista de aterrizaje.
(El Cultural, 30-12-2011)

       La poesía, cuyo material es el lenguaje, quizás es la más humana y menos mundana de las artes, en la que el producto final queda muy próximo al pensamiento que lo inspiró.
(La condición humana)

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       De todas las cosas del pensamiento, la poesía es la más próxima a él, y un poema es menos cosa que cualquier otra obra de arte; no obstante, incluso un poema, no importa el tiempo que exista como palabra viva hablada en el recuerdo del bardo y de quienes le escuchan, finalmente será “hecho”, es decir, transcrito y transformado en una cosa tangible entre cosas, porque la memoria y el don del recuerdo, de los que surge todo deseo de ser imperecedero, necesita cosas tangibles para recordarlas, para que no perezcan por sí mismas.
(La condición humana)

       El azar, nada hay más controlable que el azar. El azar es mi materia prima y mi objetivo.
(El arte de nuestro tiempo, Ed. Al-borak)

       Porque no es lo mismo soplar que hacer botellas, aunque haya mucho violetero por ahí que crea que escribir depende de las ocurrencias que vayas pensando mientras entras en el bosque de las palabras creyéndote el jefe del barrio y el dueño de las frases. No recuerdo quién lo dijo, pero es verdad: tengo todas las palabras, lo que me falta es el orden. Ahí está la vaina, las palabras y el orden, la elección de la unidad literaria, no la ocurrencia cotidiana.

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       Quien aspira al aplauso inmediato jugando con las palabras no pertenece a la alta literatura y su permanencia en nuestro exilio literario no está garantizada. Tendrá lectores, más de 100.000, pero serán ceniza. Tendrá dinero de derechos de autor, enhorabuena. Tendrá sonrisas, abrazos y múltiples amigos. Pero sus libros serán, al correr de los años, pura ceniza.
(El Cutural, 1-11-2013)

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       Decir ego y decir escritores es lo mismo. Los escritores y nuestro ego son casi la misma cosa, incluso en aquellos que disimulan su vanidad llamando humildad a su falsa timidez.
(El Cutural, 14-2-2014)

       […] Debe ser muy triste ser poeta; sólo ser licenciado debe ser la más triste cosa del mundo.
(El señor presidente)

       […] Al trabajar en grupo introduces la incógnita, la variante, la equis como elemento de la estructura. Es necesario tanto para la creatividad como para la supervivencia mental y física. […] Lo emocionante es entrar en contacto con otros para producir zonas intermedias. Es como un pacto mercantil, pero mucho más rico.
(Rock Espezial)

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       […] Cuando estoy en la mesa de trabajo, siento la llamada de fuera a través de la ventana; si ando por la calle, estoy loco por volver a la mesa.
(El País de las Tentaciones, 4-3-1994)

       La poesía sólo puede definirse en función del poema; nada explica o justifica a la poesía salvo el poema mismo. En cambio, el poema y la poesía suelen explicar algunas cosas; entre otras, y en primer lugar, al propio poeta, que, más que creador del poema, debe ser considerado su criatura: un subproducto, una excrecencia de la palabra.[…] El poeta no es, en consecuencia, quien escribe el poema, sino el que queda escrito, lo que es leído: su leyenda; una apariencia, una aparición que sólo se materializa en la fantasía del lector. […] Su existencia es precaria; depende de los otros. El poeta vive en la lectura igual que los fantasmas habitan en el miedo.

       Los que escriben no tienen la menor idea de lo que es la literatura. Si son realmente escritores, actúan por mera necesidad. No por unas convicciones o conceptos o una teoría, sino por necesidad.
(El País, 18-11-1987)

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       La poesía verdadera no se practica así como así, y lleva implícita, para que surja, un sistema de vida. Precisa una dedicación mucho más absoluta que la política, la teología, la filosofía y cualquier tipo de profesión.

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       Se empieza escribiendo contra algo más que a favor de algo, y llega un momento en que esa actitud negativa deja de dar frutos, se convierte en estéril. Entonces se produce el cambio.
(Quimera, nº 74)

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       […] La decisión final no está en manos del oferente, sino del demandante. Claro está, el oferente puede crear su propio público. Puede decir “yo no es que quiera escribir una novela, lo que quiero es que aparezca un tipo de lector determinado”. Kafka, por ejemplo, Beckett, ¿qué más da? Cualquiera de estos. Es una apuesta muy fuerte que, a veces, funciona y a veces no. Cuando funciona decimos “la literatura es Kafka”. Pero hay muchos kafkas que no han funcionado.

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       Él, que en principio ha tratado de escapar de la literatura, ha dicho “basta, se acabó, ahora la vida”, acaba volviendo a la literatura […].
(El País, 18-11-1987)

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       Es una determinación que les permite sobrevivir pero tienen bien clara la idea de que están escribiendo porque no sirven para nada más. Porque son unos pobres enfermos que se agarran a eso porque no pueden hacer ninguna otra cosa. El único que a mí me interesa de verdad de los autores vivos contemporáneos, que es Bernhard, es un caso característico: también se plantea a sí mismo como un hombre sacrificado que no puede hacer nada más que eso, que dejó la música por eso, pero se lo plantea también como un inválido, como un enfermo crónico que tiene sus pulmones como excusa igual que Proust tenía su asma.
(El País, 6-11-1986)

       Entre las singularidades que fui descubriendo me sorprendió que él, que era un manantial inagotable de música, necesitaba con frecuencia la música de otra persona para que se iniciase la corriente de su inspiración. Cuando se sentaba al órgano o al clavicordio y quería improvisar, tocaba primero alguna pequeña composición de Buxterhude, o de Pachelbel, o de su tío Cristóbal Bach, por cuya música sentía gran admiración, y solamente después desplegaba su genio las poderosas alas. Entonces, en mi imaginación, recreaba yo que bastaba dar unos golpes a la bomba de nuestro patio para que siguiese saliendo de las profundidades de la tierra la generosa corriente de agua.

       Su espíritu estaba tan embebido, acaparado por su arte que, a veces, yo tenía la sensación de que no nos venía ni nos oía, como si no existiésemos, aunque nunca dejaba de tratarnos con bondad.

       […] Sebastián no decía nada, dejando que la gente hablase y argumentase sobre él […].

       Nunca se tomó la molestia de explicarse ante el mundo […].

       En todas las cosas de la vida, era cuidadoso, minucioso y económico; sólo componiendo música era de una generosidad que casi llegaba a la dilapidación. No hay que olvidar, sin embargo, que esa riqueza, aunque era un don divino, suponía un trabajo duro y constante, un trabajo que duró desde su primera juventud hasta su muerte. Nunca descansó su espíritu en la idea de la propia satisfacción y jamás cesó de seguir corrigiendo su música; hasta cuando se hallaba moribundo le vi ocupado en esa labor y sentí profundamente la verdad de las palabras de Eclesiastés: “El ensueño nace de la multitud de las ocupaciones”.

(Autoría atribuida a Esther Meynel, La pequeña crónica de Ana Magdalena Bach, Juventud, 1994)

       Toco siempre para el mejor músico del mundo. Quizá no esté presente, pero yo toco como si lo estuviera.

       El desorden que me rodea se asemeja a mi mente: puede que sea un buen reflejo de lo que se está fraguando dentro de mí.
(Babelia, 22-2-2014)

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       Si estás fuera de una tradición como está hoy todo artista, lo único que puedes querer registrar son los propios sentimientos sobre ciertas situaciones lo más cerca del propio sistema nervioso de que eres capaz.
(Entrevistas con Francis Bacon, David Sylvester)

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       El arte es obsesión por la vida, y a fin de cuentas -puesto que somos seres vivos-, nosotros mismos constituimos nuestra mayor obsesión.
(Entrevistas con Francis Bacon, David Sylvester)

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       ¿Por qué continúa la gente intentando hacer cosas pese a lo que han logrado ya los grandes artistas? Sólo porque, de generación en generación, y a través de lo que han hecho los grandes artistas, los instintos cambian. Y, con el cambio de los instintos, se produce una renovación del sentimiento, de cómo puedo yo rehacer esto otra vez con mayor claridad, con mayor exactitud, con mayor intensidad. En fin, yo creo que el arte es registro; creo que es información.
(Entrevistas con Francis Bacon, David Sylvester)

       […] Llegué a la conclusión de que el arte era cualquier cosa que yo quisiera siempre y cuando consiguiera que alguien se lo creyera.
(El País, 12-1-1988)

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       A decir verdad, la razón por la que dejé la pintura fue, sobre todo, porque no tenía público. El único público existente era el formado por otros artistas […] […] Me dio la impresión de que ya no podía seguir operando con el mismo idioma artístico: la pintura. Era como escribir en sánscrito en un mundo que hablaba inglés. Pensé que le estaba hablando al viento y, por tanto, me dije que ya no tenía un público que me respondiera, por qué no hablaba yo también en inglés […].

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       Nunca me arrepentí de destruir mi pintura. Fui un pintor durante 20 años y todo eso, aunque llegó un momento en que sentí que era algo muy restrictivo y rompí con ello. Pero la historia del arte sigue teniendo mucha influencia en mí. La idea que se difundía en las escuelas de arte era que se trataba de pintura o escultura, y yo siempre pensé que no era necesario para por ello para hacer arte. Debía haber algo más en el arte que poner pintura sobre una tela el resto de mi vida. La pintura es una parte del arte, pero yo empecé a replantearme qué era el arte para mí.
(El País, 23-11-1991)

       Un hombre sabe a proporción de lo que ha escrito y anotado durante sus estudios y meditaciones.

       Hay muchos caracteres así entre los escritores, a causa de la desproporción continua entre la inteligencia y el carácter, entre el querer y el deseo.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, 2002. Luis Cernuda, el autor de La Realidad y el Deseo, tradujo Balzac, una biografía de René Benjamin, Madrid, Ediciones La Nave, 1934)

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–¿Qué le sucede? –le preguntó Étienne Lousteau.
–Veo que la poesía está sumida en un cenagal –contestó.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre , Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       […] Los hombres, en conjunto, son aún más hipócritas de lo que suelen ser cuando su interés les obliga a representar una comedia. Por eso se pasan una buena parte de su existencia intentando ahogar lo que han dejado crecer durante su adolescencia. Esta operación se llama adquirir experiencia.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       Quiere dominar al mundo, ¿no es verdad? Pues es preciso comenzar por obeceder al mundo y estudiarlo bien. Los sabios estudian los libros, los políticos estudian a los hombres y sus intereses y las causas que originan sus acciones. Pero el mundo, la sociedad, los hombres considerados en conjunto, son fatalistas; adoran el éxito.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       […] El poeta, que aparenta no hacer nada y que, sin embargo, reina sobre la humanidad…
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       Su libro es hermoso, pero le ha creado envidiosos; su lucha será larga y difícil. El genio es una horrible enfermedad. Todo escritor lleva en su corazón un monstruo que, semejante a la tenia en el estómago, devora los sentimientos a medida que se forman. ¿Quién triunfará?, ¿la enfermedad del hombre, o el hombre de la enfermedad? Ciertamente es preciso ser un gran hombre para mantener la balanza equilibrada entre su genio y su carácter. El talento crece, el corazón se seca. A menos de ser un coloso, a menos de tener las espaldas de un hércules, uno se queda o sin corazón o sin talento.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       ¿Quién era en aquel mundo de ambiciones? Un niño que corría tras los placeres y el disfrute de la vanidad, sacrificándoselo todo; un poeta sin reflexión profunda, yendo de luz en luz como una mariposa, sin plan fijo, esclavo de las circunstancias, pensando bien y obrando mal.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       El pobre poeta volvió a su casa lleno de pesadumbre y dolor; se sentó junto al fuego en su habitación y leyó aquel libro, uno de los más bellos de la literatura moderna. En cada página dejó lágrimas, dudó largo rato, y al final escribió un artículo burlón como tan bien los sabía hacer, tomó ese libro como los niños cogen un hermoso pájaro para desplumarlo y martirizarlo. Su terrible mordacidad tenía la facultad de perjudicar el libro.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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–Quererlo todo es deberlo todo –decía Bixiou.
–No, deberlo todo es haberlo tenido todo –replicó Des Lupealx.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       Las heridas del amor propio se hacen incurables cuando penetra en ellas el óxido de plata. Ninguna expresión, ninguna pintura puede describir la rabia que se apodera de los escritores cuando sufre su amor propio, ni la energía que encuentran en el momento en que se sienten picados por las envenenadas flechas de la burla. Aquellos cuya energía y resistencia se ven estimuladas por el ataque, sucumben prontamente. Las personas tranquilas y que siguen su plan después del profundo olvido, éstos despliegan el verdadero valor literario. De este modo, los débiles, al primer golpe de vista, parecen ser los fuertes, pero su resistencia dura poco.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       Hoy en día, la crítica, tras haber inmolado el libro de un hombre, le tiende la mano. La víctima debe abrazar al sacrificador so pena de ser objeto de temendas burlas. En caso de negativa, un escritor pasa por ser insociable, de mal carácter, lleno de amor propio, inabordable, envidioso, rencoroso. Hoy en día, cuando un autor ha recibido en la espalda los golpes del puñal de la traición, cuando ha evitado los lazos tendidos con una infame hipocresía, encajado los peores procedimientos, oye a sus asesinos decirle buenos días y manisfestar pretensiones a su estima e incluso a su amistad. Todo se excusa y se justifica en un época en la que la virtud se transforma en vicio, del mismo modo que ciertos vicios se han erigido en virtudes. La camaradería se ha convertido en una de las más santas libertades.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       Cree en los amigos. Todos somos amigos o enemigos según las circunstancias. Somos los primeros en herirnos con el arma que sólo debería servirnos para herir a los demás. Pronto se dará cuenta de que no obtendrá nada con buenos sentimientos. Si es bueno, hágase malo. Sea odioso aunque no sea más que por cálculo […]. Para ser amado, no se despida nunca de su amante sin haberla hecho llorar un poco; para hacer fortuna en literatura, hiera siempre a todo el mundo, incluso a sus amigos, haga llorar al amor propio: todo el mundo le acariciará.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       Cuando mejor es el libro, menos probabilidades tiene de ser vendido. Todo ser superior se eleva por encima de las masas; su éxito, pues, está en razón directa con el tiempo necesario para apreciar la obra.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       Hoy en día, para triunfar es preciso relacionarse. Todo es obra del azar, ya lo ve. Lo más peligroso es tener inteligencia únicamente para uno solo, aislado en su rincón.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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–La poesía es como el sol, que hace brotar los bosques eternos y que engendra los mosquitos, los insectos y las moscas […]. No hay una sola virtud a la que no se oponga su vicio correspondiente. La literatura engendra por fuerza a los libreros.
–¡Y a los periodistas! –dijo Lousteau. Dauriat estalló en una carcajada.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       Si hablara con todos los autores que quieren que sea su editor, tendría que cerrar mi tienda, pues me pasaría todo el tiempo en conversaciones altamente agradables, pero demasiado caras.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       Siempre el mismo ardor precipita de la provincia hasta aquí un número igual, por no decir creciente, de ambiciones imberbes, que se lanzan, con la cabeza alta y el corazón altanero, al asalto del Mundo […]. Todos caen en la fosa de la desgracia, en el barro del periódico, en los pantanos de la librería.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       Esta reputación tan deseada casi siempre es una prostituta coronada. Sí, en las bajas obras de la literatura representa a la pobre buscona que se hiela en los guardacantones; para la literatura secundaria, es la mujer mantenida que sale de los malos lugares del periodismo y a la que yo sirvo de rufián; para la literatura elevada, es la brillante cortesana insolente que tiene casas, paga contribuciones al Estado, recibe a los grandes señores, los trata y los maltrata, tiene su librea, su carruaje y puede hacer esperar a sus sedientos acreedores.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       Conviértase en un pasante de notario, si tiene corazón; en vendedor, si tiene plomo en los riñones; o en soldado, si le gusta la música militar. Tiene madera de tres poetas, pero, antes de haber triunfado, tiene tiempo de morirse seis veces de hambre si cuenta con el producto de su poesía para vivir. […] No juzgo su poesía. Es, con mucho, superior a todas las poesías que llenan los almacenes de los libreros. […] Encontrará todos los ensayos poéticos, las Inspiraciones, las Elevaciones, los Himnos, los Cantos, las Baladas, las Odas, y en una palabra, todas las elucubraciones creadas desde hace siete años por musas, cubiertas de polvo, salpicadas por los coches de punto y violadas por todos transeúntes que quieren contemplar la viñeta del título.[…] Mi pobre amigo, yo llegué como usted, con el corazón lleno de ilusiones, empujado por el amor al Arte, transportado por impulsos invencibles hacia la gloria, me he encontrado con la realidades del oficio, las dificultades de la librería y lo positivo de la miseria. Mi exaltación, reprimida en la actualidad, y mi primera efervescencia, me ocultaban el mecanismo del mundo; ha sido preciso verlo, darse contra todos los engranajes, herirse en los pivotes, mancharse de grasa, oír el chasquido de las cadenas y de las ruedas. […] Por fuerza se verá mezclado en luchas horribles, de obra a obra, de hombre a hombre, de partido a partido, en donde es preciso batirse sistemáticamente para no verse abandonado por los suyos. Estos innobles combates desencantan el alma, depravan el corazón y causan una fatiga que ninguna ventaja comportan; ya que a menudo nuestros esfuerzos sirven para coronar a un hombre a quien se odia, un talento secundario, presentado, a pesar, como un genio. La vida literaria tiene sus bastidores. Los éxitos sorprendidos o merecidos, esto es lo que la galería aplaude; los medios, siempre odiosos, los comparsas pintados, los aduladores y los tramoyistas, esto es lo que se encuentra entre bastidores. Usted está aún entre el público. Aún está a tiempo, abdique antes de poner un pie en el primer escalón del trono que tantas ambiciones se disputan y no se deshonrará como yo…
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       –¿No podría hacerme periodista para vender mi libro de poemas y mi novela, y abandonar en seguida el periódico?
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       Buffon lo dijo: el genio es la paciencia. Efectivamente, la paciencia es lo que en el hombre se parece más a lo que la Naturaleza emplea en sus creaciones.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       Los hombres ilustres de una época se ven forzados a vivir aparte. ¿No son pájaros del bosque? Cantan, adornan la naturaleza, pero nadie les debe ver. […] Ésta es la región de los escritores, los pensadores y los poetas. Aquí es donde se cultiva la gloria, y ya sé las bellas cosechas que hoy produce. Solamente aquí se pueden encontrar los escritores, en los museos y en las colecciones, las obras vivas de los genios de tiempos pasados que animan y estimulan a las imaginaciones. Únicamente aquí se encuentran inmensas bibliotecas, abiertas sin cesar y que ofrecen al espíritu erudición y amplio campo de enseñanza. En una palabra, en París hay en el aire y en los menores detalles un espíritu que se respira y que impregna las creaciones literarias.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       Sufre, sufre, amigo mío, serás famoso, tus penas son el precio de tu inmortalidad. […] Envidio tus sufrimientos, porque al menos tú vives. Desplegarás tus fuerzas, esperarás una victoria. Tu lucha será gloriosa. Cuando hayas llegado a la esfera imperial en donde dominan las grandes inteligencias, acuérdate de los pobres desheredados por la suerte cuya inteligencia se anquilosa a causa de la opresión del azote moral y que perecen tras de haber sabido constantemente lo que era la vida sin poder vivir, que han tenido una vista penetrante pero nada han visto, cuyo olfato era delicado y que no han percibido más que las miasmas de flores corrompidas.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       Nuestras penas son ignoradas; nadie sabe de nuestros esfuerzos. El minero tiene menos dificultad en extraer el oro de la mina de que a lo que a nosotros nos cuesta arrancar nuestras imágenes de las entrañas de uno de los idiomas más ingratos. Si el fin que la poesía persigue es situar las ideas en el lugar preciso en donde todo el mundo puede verlas y percibirlas, el poeta debe recorrer incesantemente la escala de las inteligencias humanas con el propósito de dar satisfacción a todas; debe esconder bajo las más vivas tonalidades la lógica y el sentimiento, dos potencias enemigas; le es preciso encerrar todo un mundo de pensamientos en una sola frase, resumir filosofías enteras mediante una descripción o una pintura; finalmente, sus versos son semilla cuyas flores deben germinar en los corazones procurando encontrar en ellos los surcos trazados con los sentimientos personales. […] Las poesías no se crean sino tras penosos viajes que se emprenden a las vastas regiones del pensamiento y de la sociedad.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

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       Para ser traducida por la voz, como para ser comprendida, la poesía exige una santa atención. En lector y auditorio se debe crear una íntima alianza, sin la que las comunicaciones eléctricas de los sentimientos no se producen. Si esta cohesión de las almas no se realiza, el poeta se encuentra entonces como un ángel que tratara de entonar un himno celestial en medio del estrépito y de los sarcasmos del infierno. Pero, en la esfera en que se desenvuelven sus facultades, los hombres inteligentes poseen la vista prudente del caracol, el olfato del perro y el oído del topo; lo sienten, lo ven y lo oyen todo a su alrededor. El músico y el poeta se saben, por tal motivo, inmediatamente admirados o incomprendidos, al igual que una planta se seca o revive en una atmósfera propicia o perjudicial.
(Ilusiones perdidas -entre 1836 y 1843-, J. R. Maestre, Ediciones B, Punto de Lectura, 2002)

       Tengo una edad en la que he de probar cosas nuevas para no marchitarme, para no consumirme.
(Babelia, 22-2-2014)

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       La invención más trascendental de la humanidad es la frase. Han existido grandes civilizaciones ignorantes del concepto de la rueda, pero poseían la frase, pues sin ella no habrían sido ni grandes ni civilizadas. Con frases pensamos, especulamos, calculamos, imaginamos. Con frases declaramos nuestro amor, declaramos la guerra, prestamos juramento. Con frases afirmamos nuestro ser. No es desatinado afirmar que con frases está escrito nuestro mundo. […] Por sencilla, directa y clara que sea una frase, siempre se revelará ambigua. Y la ambigüedad es la esencia de la vida. […] El lenguaje de las frases abraza la realidad en un esfuerzo incesante por abarcarla, contenerla, expresarla. Vano esfuerzo, como debe ser. La esencia de la realidad se encuentra, esencialmente, fuera de nuestro alcance. […] Hablar es ser.
(ABC, 25-10-2014)

       El artista debe hacer cosas importantes.
(El País, 5-12-1987)

       […] Circa duemila opere che Paul Klee, gravemente malato, ha incredibilmente realizzato negli ultimi due annie mezzo della sua vita […].
(Klee 1930-1940, Mendrisiu Museo d’Arte, 1994)

       Escritores como Shakespeare, Lope de Vega y Goethe componían sus obras leyendo otras anteriores de distintos autores, imitándolas y modificándolas.
(Historia de la literatura de vanguardia, v. I, p. 39, Guillermo de Torre)

       […] Toda persona que vive en función de la verbalización de todas sus experiencias. Llega un momento en que eso es así como una intención terrible que impotencia frente a la vida, a la acción. Llega un momento en que uno no tiene más vida que lo que uno tiene escrito, y que los estímulos ante la vida son básicamente verbales. Se acaba siendo un personaje de sí mismo.
(Cita recogida en El pie de la letra, Jaime Gil de Biedma, 1988)

       La escritura está llena de libertad, de energía, es un oficio muy poderoso. Puedo hacer grandes cosas como escritor, confío en mi oficio de forma absoluta. Para mí ser escritor es algo natural.

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       Tenemos que escribir los mejores libros que podamos. Y no perder nunca la esperanza. Nunca; ni la pasión. Algo muy valioso en este momento es conocer a alguien que, en mitad de la crisis y la depresión, es capaz de descubrir cosas y seguir adelante. Los artistas tienen esa capacidad. Es gente que puede darnos la energía que necesitamos. Llega un momento en que no puedes más, pero miras un cuadro y sientes que puedes continuar. Ese es el significado de nuestro trabajo; es un regalo.

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       Soy muy viejo para las citas, pero muy joven para dejar de escribir. Necesito escribir, es un gran placer, no creo que nunca deje de hacerlo.

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       La vida es así. Cuando algo se interrumpe, se genera una gran energía (Paul Valéry: todo comienza por una interrupción).

(ABC cultural, 8-12-2012)

       Citar es como vivir de segunda mano. Una manera de apropiarse de la experiencia ajena para soñar que algún día la tuvimos. A veces, en el almacén de las palabras, las frases entrecomilladas se traspapelan y entonces el autor se desdibuja.

       Sólo existen tres seres respetables: el sacerdote, el guerrero, el poeta. Conocer, matar y crear. Los demás hombres están hechos para la servidumbre, para el establo, es decir, para ejercitar aquello que llamamos profesiones.
(ABC Cultural, 10-11-2012)

       El público se merece lo mejor, y sólo se le puede dar si están en constante perfeccionamiento. Jamás podemos estar satisfechos, siempre hay mucho que aprender. El trabajo es el 90 o 95 por ciento de un cantante.

       El poeta es aquel que posee la palabra. No puede haber comunicación entre él y su lector si éste no ha arrojado antes toda idea preconcebida, abdicado su propio saber y hecho abstracción de las pequeñas sensaciones de todos los días. ¡Qué diamantes no perderían su resplandor en el aserrín del vendedor ambulante! ¡Qué joyas del alma no se deslustrarían al contacto de sentimientos de pacotilla!
(Prólogo a Aerolitos, de Carlos Edumdo de Ory, 1992)

       Sin embargo, tengo que continuar… Estoy ante un acantilado y tengo que seguir adelante. Es imposible, verdad. Sin embargo se puede avanzar. Ganar unos cuantos miserables milímetros…
(El Paseante, nº 5, 1987)

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       La expresión de que no hay nada que expresar, nada con que expresarlo, no querer expresarlo, junto con la obligación de hacerlo.

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       Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.

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       Cada palabra es como innecesaria mancha en el silencio y en la nada.
(ABC Cultural, cita recogida por Eugenio Ampudia)

       Los artistas son los reyes secretos de la vida.
(Referida por Peter Handke en ABC Literario, 19-5-1990)

       […] El uso propiamente humano del intelecto: la previsión.
(Dirección única)

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       Una verdadera actividad literaria no puede pretender desarrollarse dentro del marco reservado a la literatura: esto es más bien la expresión habitual de su infructuosidad. Para ser significativa, la eficacia literaria sólo puede surgir del riguroso intercambio entre acción y escritura.

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       No dejes pasar de incógnito ningún pensamiento, y lleva tu cuaderno de notas con el mismo rigor con que las autoridades llevan el registro de extranjeros

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       Habla de lo ya realizado, si quieres, pero en el curso de tu trabajo no leas ningún pasaje a nadie. Cada satisfacción que así te proporciones, amenguará tu ritmo.

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       Ocupa las intermitencias de la inspiración pasando en limpio lo escrito. Al hacerlo se despertará la intuición.

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       Que tu pluma sea reacia a la inspiración; así la atraerá con la fuerza del imán. Cuanta más cautela pongas al anotar una ocurrencia, más madura y plenamente se te entregará.

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       Para el crítico, sus colegas son la instancia suprema. No el público. Y mucho menos la posteridad.

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       La posteridad olvida o enaltece. Sólo el crítico juzga en presencia del autor.

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       El entusiasmo artístico le es ajeno al crítico. En sus manos, la obra de arte es el arma blanca en el combate de los espíritus.

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       El público deberá padecer siempre injusticias y, no obstante, sentirse siempre representado por el crítico.

(Dirección única, traducción de Juan José del Solar y Mercedes Allendesalazar, Alfaguara, 1987)

       No hay tiempo para frivolidades.

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       Hoy en día el motor para vivir es simplemente el instante presente, que es el instante del mercado.

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       Cuando dibujas, aquello que estás dibujando empieza a aparecer ante ti si fuera una presencia, y te hace compañía. Al escribir estás realmente solo, ante el silencio, en el que debes colocar algo.

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       Dejando de lado el arte, miro la naturaleza e intento leerla, no en términos de palabras [… ]. Miro las nubes en el cielo, sus formas, cómo se entrelazan, y me sugieren ciertos perfumes. Así que no es sólo cuestión de mirar lo que hay, sino de leer sus conexiones, a veces son ilógicas y otras muy lógicas. Como si sintonizaran con esa increíble red de conexiones que es el vasto universo que nos rodea y que recuerda a su creación, la creación del Universo.

       Mientras dure mi vida, viviré escribiendo. La escritura es mi existencia. Hay meses, o años, en los que no puedo escribir. Es horrible. Pero en algún momento siempre vuelve, y entonces algo se fragua.
(1987. Quimera)

       A che mi portava il mio sforzzo sotto il sole?
(1988. La gloria)

       La creación hecha a la moda no vale. […] Es criminal que existan “componendas” y amiguismo en muchos premios literarios conocidos. Defraudar a un ser humano es malo y negativo, pero a un creador es aún peor.

       Yo escribí para que me quisieran; en parte para sobornar y, también en parte, para ser víctima de un modo interesante; para levantar un monumento a mi dolor y para convertirlo, por medio, por medio de la escritura, en un reclamo persuasivo.

       Todas mis letras hablan de amor porque yo amo todo lo que hago, todo lo que toco, todo lo que veo… Siempre siento amor. “Anchors song”, por ejemplo, es sobre mi casa y, además, es una canción de amor. Es de la única manera que sé expresarme: con amor.
(El País de las Tentaciones, 4-3-1994)

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       La gente suele aferrarse a lo que se ha hecho en el pasado. En realidad es una pérdida de tiempo hacer cosas que ya ha hecho otra gente.
(Hilo musical, ene-feb 1994)

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       Trabajo 16 horas al día, todos los días, incluso los fines de semana. Soy mi propio manager, yo lo hago todo: el diseño de las camisetas, del álbum, las fotografías… Solía ir mucho al cine antes, pero no he visto una película desde hace un año. Lo único que he podido hacer en este tiempo es escuchar los informativos en los hoteles. Pero ha sido un buen año.
(El País de las Tentaciones, 4-3-1994)

       Mi método de trabajo no es nada sofisticado, no utilizo ningún libro de apuntes, ni una grabadora ni nada parecido. Me limito a tocar pequeños fragmentos directamente con mi guitarra intentando recordarlos, y si en algún caso no logro retenerlos, pierdo la canción para siempre. Voy coleccionando pequeños pedazos de música y cuando tengo bastantes, los junto, voy a ver a mi mánager y le digo: “Ya estamos preparados para grabar un disco”.
(Rock de Lux, abril 1993)

       La mejor definición de fracaso es “no intentar”.

       ¿Quieres que hablen de ti?
No hables bien de ti.

       […] El primer movimiento que hace un artista, cuando lo es de verdad, es siempre de selección, y una decidida ésta, hay otro movimiento inmediato que es el de entrega.
(Texto para el catálogo de Calo Carratalá, Nøruega 2011)

       La palabra, las palabras están en el centro de todo. Son el embrión que no sólo describe y señala el mundo y nombra el mundo sino que lo ordena y puede salvarlo, reordenarlo. La palabra es nuestra principal conexión con la realidad y la poesía su mejor vía.

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       La poesía es la respuesta que se lanza en dirección a la lengua, cuando nos preguntamos acerca de nuestras necesidades fundamentales. No es un lugar para divertimientos, ni de experimentación existencial: es el lugar de la exigencia de la responsabilidad.

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       La palabra tiene vida; es un mundo, y crea un universo. Y su encadenamiento con otras palabras, su combinación para crear frases transforma y altera su esencia, su significado. Las palabras cotidianas se usan sin darles el valor que merecen.

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       La poesía está para recordarnos que todas las palabras, incluidas las que usamos automáticamente, o tanto que parecen gastadas y poco relevantes, son las responsables de la realidad. […] Fundamentalmente la poesía debe decir: “Existe una Realidad”, debemos ser parte del mundo, no debemos dejarnos llevar por esa distracción que nos hace aceptar nuestras existencias como algo abstracto, o resignado a la irrealidad. ¡La poesía es aquello que exige la existencia del mundo!

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       La sociedad sucumbiría si la poesía se extingue.
(Babelia, 08-02-2014)

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       La poesía hace acercamientos más profundos a la condición humana, a lo que sabemos y está detrás. Las grandes obras de la poesía se han arriesgado mucho antes por los laberintos de la conciencia nuestra.

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       Sentir. Sin temor. Expresar, sin miedo. Dar rienda suelta a la memoria para poder intrepretar los versos que cobran nueva vida en cada lector.

(Babelia, 08-02-2014)

       Abre el patán y el que no es patán nuestro diccionario y se queda maravillado frente al sinfín de voces que están en él y que no están en ninguna boca.
(El Paseante, nº 15-16, 1990)

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       […] Es imposible que en un año no le ocurran a uno treinta ocasiones de poesía.
(Siete noches)

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       El ejercicio de la literatura puede enseñarnos a eludir equivocaciones, no a merecer hallazgos. Nos revela nuestras imposibilidades, nuestros severos límites.
(La cifra)

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       Pensar, analizar, inventar no son actos anómalos, son la normal respiración de la inteligencia. Glorificar el ocasional cumplimiento de esa función, atesorar antiguos y ajenos pensamientos, recordar con incrédulo estupor que el doctor universalis pensó, es confesar nuestra languidez o nuestra barbarie.
(Ficciones)

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       Todo poema, con el tiempo, es una elegía.
(De «Posesión del ayer», Los conjurados)

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       Si uno fuera realmente un poeta, cada momento sería poético. Pero desgraciadamente, vivimos así, un poco ciegos, un poco sordos y no sentimos cada instante. Sin embargo, cada instante tiene un valor precioso, si no existiría.
(El País, 19-6-1986)

       Las obras se deberían retener en el estudio durante un cierto tiempo, porque sólo el tiempo establece una relativa certeza sobre la auténtica calidad de los trabajos.

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       Todo artista se comporta como un corrector de la Historia del Arte. Si uno se manifestara de acuerdo con todo, no tendría sentido la creación. Algo tiene que molestar, aunque sea el tamaño del lienzo. Puede que te apasione una obra y pienses: lástima que no fuera un poco más grande. Un pintor está obligado a pintar el cuadro que a él le gustaría ver; al igual que un escritor, el libro que le gustaría leer.

       Tengo 82 años y no estoy contento, pero estoy vivo. No importa, la felicidad no tiene importancia.
(Babelia, 22-05-1993)

       ¿A qué viene, pues, tanta ansiedad? La poesía es un acto secreto y misterioso, y el crecimiento del poeta tiene lugar en él, no fuera de él. Así pues, cuanto menos se le manipule mejor, y evitemos crearle malsanas desazones. La poesía no tiene público, sino lectores, y no la hace la prisa, sino una larga paciencia.
(El Urogallo, nº 12, abril 1987)

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       La nueva realidad que, mediante las palabras, hago mía, sólo me puede ser dada en el texto; y se trata de una revelación que enteramente me pertenece, que no viene de fuera, sino de mi interior secreto y oscurecido. La poesía no es un espejo, sino un desvelamiento. En ella nos hacemos a nosotros mismos.

       El que escribe poesía lo hace ante todo porque el escribir poesía es un acelerador extraordinario de la conciencia, del pensamiento, de la concepción del mundo. El hombre que haya sentido esta aceleración una sola vez ya no puede resistirse a esta experiencia; deviene dependiente de este proceso de la misma forma en que sucumbimos a la dependencia de la droga o del alcohol. El hombre que depende en tal medida de la lengua es, creo, lo que llamamos un poeta.

       Ensayo, aspecto mecánico del proceso. Semana tras semana, día tras día, hora tras hora, la práctica perfecciona: fatiga, duro trabajo, disciplina, monotonía, que conducen a un buen resultado. Como sabe todo atleta, la repetición lleva al cambio. Con la mira puesta en un objetivo, llevada por la voluntad, la repetición es creadora.

       Considero una estupidez lo que se hace ahora. No tiene ninguna motivación interior, son unos plagios y, sobre todo, no están bien hechos.
(El País, 11-2-1983)

       La prueba de la poesía es que le sirve a cualquier hombre en cualquier parte.
(ABC Cultural, 21 de enero de 2012, cita recogida por Andrés Ibáñez)

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       Lo peor de todo es que algún tiempo después de mi muerte se me va a descubrir de verdad. Todos los que me tenían miedo o me odiaban cuando estaba vivo abrazarán de repente mi memoria. Mis palabras estarán en todas partes. Se crearán clubes sociales y sociedades. Será como volverse loco. Se hará una película de mi vida. Me pintarán mucho más valiente de lo que soy y con mucho más talento del que tengo. Mucho más. Será como hacer vomitar a los dioses. La especie humana lo exagera todo: a sus héroes, a sus enemigos, su importancia.
(ABC Cultural, 17-11-2012)

       Encuentro falaces y peligrosas todas las ceremonias conmemorativas. ¡Viva el olvido! Sólo veo dignidad en la nada.
(El Cultural, 20-4-2012, cita recogida por Luis María Ansón)

       El dominio no llega nunca, el aprendizaje es vitalicio. El escritor muere luchando.
(Quimera, «Tirones opuestos», nº 75, 1990)

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       La imposibilidad del absurdo puede llevar a la desesperación a un cierto tipo de escritor. Me refiero, quizás al escritor que envidia a la música, sus componentes auto-referentes, que, si pudiera, sería compositor porque desconfía de las palabras, porque desconfía de lo que significan las palabras (¿el estado psicótico de Edward Lear?). Consciente de la unidad del mundo exterior reflejado en la unidad de su propia mente, y de la dificultad de hacer que las palabras, aspectos de la unidad, trasciendan la unidad, puede sentirse impelido a destruir la sintaxis. Porque la sintaxis expresa la relación entre objetos, y una frase “bien formada” confirma la realidad externa.
(Quimera, «Tirones opuestos», nº 75, 1990)

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       Cualquier artista literario serio envidia la música, que posee un lenguaje aparentemente auto-referente, no puede predicar o informar, e identifica totalmente forma y contenido. El mensaje de la música es ella misma, su narración es su estructura […] Las palabras, en cambio, jamás puede liberarse de su connotación de plaza del mercado.
(Quimera, «Tirones opuestos», nº 75, 1990)

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       La esperanza sin esperanza de dominar por fin el idioma, ese enemigo intratable.
(Babelia, 27-10-2011)

       Yo me temo que Shelley disparata bastante sobre la importancia de lo que algunos hacemos, para aliviarnos a nosotros mismos, con la mano derecha y unas gotas de tinta.
(Las memorias de lord Byron, Robert Nye, Edhasa, 1991)

       Un escritor se salva si ha escrito un buen poema. Con uno es suficiente.

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       La poesía es la música de una verdad que se va creando a medida que se escribe el poema.
(El Mundo, 13-1-2012, p. 48)

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       Lo que mejor puede ocurrirle a la poesía es que se quede sin lectores. Hay un grupo de poetas mediocres que se quejan porque están fuera de las listas y de las fotografías. La prisa y la ambición es cada vez mayor, y esa prisa de los poetas por salir va en detrimento de la libertad. La poesía es un arte muy minoritario que va dedicado a unos pocos interesados. Que los poetas escriban y ya se verá.
(El País, 21-05-1994)

       Luz sobre las obsesiones.

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       La poesía puede ser hecha con materiales diversos. Admite, también, un material precioso: la vida.

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       El autor sabe lo que hay detrás de los versos. Nosotros tenemos los versos delante.

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       Se engaña quien crea que pueden escribirse poemas espontáneamente, porque la poesía tiene un objetivo claro y una utilidad específica. Cuando el poeta lo ignora, el lector lo adivina.

(Aforismos incluidos en Canción para Chose, Alfons Cervera, Víctor Orenga, Ed., 1985)

       Todo lo que sé sobre el método es que cuando no estoy trabajando a veces pienso que sé algo, pero cuando estoy trabajando queda claro que no sé nada.

Y cada vez que suene mi canción
voy a volver a nacer otra vez.

(«Nacidos para correr», Bohemio, 2013)

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De currante no vas a perder tu savoir-faire jamás.
(«Rehenes», Bohemio, 2013)

       […] La pasión acumulativa, de la que inmediatamente se deriva la idea de coleccionar, es tan antigua como el hombre, probablemente los ajuares funerarios de los antiguos faraones egipcios sean el primer testimonio histórico que se aproxima más a lo que es nuestra concepción de una colección artística.
(El País, «El arte de coleccionar arte», 31-3-1988)

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       […] Toda colección es, en buena parte, una especie de autobiografía, en que la personalidad se expresa a través del testimonio material de los objetos que se ha acumulado, reflejo de su gusto, de sus pasiones, de su habilidad y, naturalmente, de sus medios. En realidad, una colección no sólo retrata al detalle una forma de ser y de pensar, sino que constituye el ejemplo más claro de la parte activamente creadora del llamado espectador.
(Fragmentos del artículo “El arte de coleccionar arte”, El País, pág. 20, 31-3-1988)

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       […] La impostura no la combaten nunca las aleccionadoras consignas de asustados fariseos, sino genuinos artistas con el arrojo suficiente para ser ingenuos o cuanto menos, para recuperar ésa su genuina ingenuidad que modernamente les ha hecho y les permite ser escandalosamente libres.

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       […] El artista no puede convertirse en el circunstancial portavoz humanitario de los ideales de la clase media occidental, aunque reciba por ello una propina, sino, precisamente, apuntar directamente hacia lo socialmente indesvelado. […] El artista de hoy, como el de ayer, si quiere serlo, debe afrontar y enfrentarse con su propia soledad.

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       Por doquier, suben al púlpito frailunos orates para sembrar dudas y advertencias ante un público compungido, y requerir seriedad, reflexión y compromiso al propio artista que, obediente, está dispuesto a asumir cualquiera de los papeles o tareas ahora asignados -psicólogo, antropólogo, filósofo, sociólogo, asistente social, bricoleur-; todos, en efecto, menos los suyos propios, ésos maravillosamente descritos por Schiller, en los albores de nuestra época contemporánea, como los de “dar la libertad por medio de la libertad”, que es precisamente lo impensable y lo proscrito, por inútil, en nuestra domesticada sociedad de atareados y responsables ciudadanos.

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       […] En el corazón de la naturaleza, cuya formulación humana oscila entre el terror y la piedad, o, lo que es lo mismo, entre el ensimismamiento y la alteración, entre encerrarse en sí mismo o abrirse a los demás.
(Babelia, 6-10-2012)

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      Hay muchas formas de hacerse poeta en nuestro mundo, el único empeño artístico verdaderamente no profesional y la mejor manera de que todo el mundo te respete sin prestarte atención, por lo que suele ser una querencia adolescente, que fragua sólo entre almas desesperadas.
(Babelia, 11-04-2015)

      Creo en el ejercicio cotidiano, como un pianista, aunque no tenga un concierto a la vista, se mantiene haciendo ejercicio. Es fundamental para mantener a punto el cerebro y la escritura.
(El País, 1-2-2014)

       La inseguridad de los contenidos desvía la mirada hacia las formas y los procedimientos. Más que los actos en sí mismos, nos cautivan las maneras de hacer o de estar.
(Virtudes públicas, 1992)

       […] Los dos peligros contrarios que afectan a todo artista: el resentimiento y el contento.

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       La pobreza nunca me pareció una desgracia: la luz derramaba sobre ella sus riquezas. Iluminó incluso mis rebeldías.

       De lo que se trata es de, siempre que puedas, dar con el mismo clavo en la misma pared. Así, si sigues y sigues y sigues, lo conseguirás. Siempre he creído en eso. Pienso que ofrecemos calidad y, a la larga, la calidad funciona.
(Rock de Lux, enero 95)

       El asombro vive de la casualidad.

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       El poeta es el guardián de las metamorfosis, y aquel que no las guarda en sí mismo, muere antes de tiempo.
(Quimera, nº 13, 1989)

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       Todo poeta que ha alcanzado cierta notoriedad y la defiende sabe de sobra que, por esa sola razón, deja de serlo y se convierte en el gerente de sus posturas como cualquier burgués.

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       El escritor nunca llega hasta el final con nada, siempre lo inquieta la misma cosa, de principio a fin. Siempre le da la vuelta, la parafrasea, la recorre a pasos diferentes. Nunca la agota y tampoco le hubiera agotado de vivir el doble.
(El Cultural, 16-11-2012)

…hablar un arte viejo, con vocación escasa
para el triunfo…
(De «Jardín inglés», El sueño de Escipión, 1971)

       Escribir es siempre excitante porque es un reto. Nunca se sabe qué te traerá la próxima hora, por no decir el siguiente día o la próxima semana. Escribir es zambullirse en la imaginación, algo no tan distinto a sumergirse en el inconsciente del sueño, pero en una inmersión controlada, donde el control y la estrategia es muy importante.

       Privilegiar e iluminar al hombre y no al nombre.
(ABC, 1-12-2012)

       Hoy, a sus 90 años (Pierre Klossowski), continúa con su visión intensa, con la curiosa mirada y la ironía más aguda. Aún parece decir: “Todavía no he comenzado. Estoy en el punto de partida.”

       Detesto la rutina. Cada día ha de ser distinto al otro, o parecerlo. Las canciones de este disco, aunque no tengan nada que ver una con otra, se suceden con coherencia, un tema empieza donde acaba el anterior. Es difícil conseguirlo, porque los tempos (pa-pa-pá) varían radicalmente, pasas de desarmarte la cabeza a trompicones a estar en la cubierta de un barco. Pero hay que dejarse llevar, un disco no es un ruido de fondo, un ambiente para ir haciendo cosas. Mi música es para escuchar.

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       Yo desde muy pequeña me imaginaba un camino trazado, que pudiera ser una vocación…, que tengo elementos poderosos para gustar y dar a la gente. Es tan importante dar… sin casi nada a cambio.

       No renunciemos jamás a nada y menos aún a nuestras manías, que al principio son delicadas y minúsculas, casi enfermizas, pero que después van creciendo y tomando cuerpo, van haciéndose consistentes y robustas para acabar devorándonos, fecundándonos e iluminándonos. Si conseguimos criar nuestras propias rarezas a nuestros propios pechos quizá podamos conseguir una página genial, tampoco son necesarias dos ni tres, el genio va más allá del talento, lo desborda y también lo envuelve. […] Se trata de no dejarse cortar ni el pelo ni las uñas del alma, se trata de no dejarse limar las asperezas del carácter. […] No renunciemos jamás a nada y menos aún a nuestros sueños, que al principio son confusos y mínimos y muy difíciles de recordar pero que después nos nutren y nos dan valor para morir a solas.
(ABC, 8-5-1992)

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       Cuando no es la vida misma el objeto de la literatura, la cultura y la política sino la caduca literatura sobre literatura, la enmohecida cultura de noria girando sobre su propio ombligo y la mezquina política de campanario y comité derramando tinta de calamar sobre todos, ni la literatura, ni la cultura, ni la política existen porque nacen muertas.

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       La independencia debe abocarnos y mantenernos en la desobediencia y aun en el desprecio. La independencia es noble, sosegadora y aun rentable. El precio de la independencia es la soledad y nunca nada grande pudo hacerse sin estar anegado en soledad.

       Quien no da al poema la fuerza de resistencia de lo inmediato no ha escrito ningún poema.

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       La poésie ne s´impose plus, elle s´expose.

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       El poema como lenguaje vivido

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       Ciertamente los poemas no cambian el mundo, pero ellos cambian el estar-en-el-mundo.

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       Los poetas: los últimos preservadores de las soledades.

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       Los poemas son, antes bien, un intento de enfrentarse a la realidad, un intento de ganar realidad. Hacer visible realidad. Realidad no es para el poema en absoluto algo concreto, dado de antemano, sino algo que está en cuestión, algo que ha de ponerse en cuestión. En el poema tiene lugar algo real, acaece realidad.

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       El poema no es de ninguna manera como muchos creen el resultado de algún «arte de la expresión».

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       Los poemas son proyectos de existencia: el poeta vive según ellos.

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       El poema es él mismo sólo un instante.

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       […] Se tiene que vivir después su poema, si ha de permanecer verdadero; que en este o en aquel poema se tiene uno que preguntar si no hubiera sido mejor dejarlo sin escribir […].

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      Ellos deberían leer mis poemas como si yo no estuviera ahí.

(Microlitos, Trotta, 2015)

       Si hay destino envidiable para un poeta es hallar camino hacía las gentes que vivan después que él, a través de la ceguera de los contemporáneos […].

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       […] Veo que tuve la suerte, al no atender nadie a lo que yo pudiera decir, de trabajar en soledad total y por eso en libertad total, sin tener que considerar nada ni a nadie. No vi al escribir durante esos cuarenta años que un día tendría que dar cuenta de mí y de mi trabajo, a otros […].

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Más tus lectores, si nacen,
Y tu tiempo, no coinciden.
(La Realidad y el Deseo)

       El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.

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       Alcanzar alguno a ser eminente en letras le cuesta tiempo, vigilias, hambre, desnudez, váguidos de cabeza, indigestiones de estómago y otras cosas a éstas adherentes […].

       A Paddy MacAloon (Prefab Sprout) le gusta escribir canciones, componer, imaginar melodías. Quiere ser Compositor, con mayúsculas. Como Paul McCartney, como Jim Webb, como Burt Bacharach, como Stevie Wonder. Como George Gershwin. Paddy MacAloon, encerrado en su dormitorio, escribe. Docenas y docenas de canciones. No importa que no se graben. O que se graben y no se editen. O que se editen varios años después de ser escritas y grabadas. Atrapado en la selva de las palabras y la melodía, Paddy MacAloon sueña.
(1988. Rock de Lux, nº43)

       […] Testarudo del Arte, empeñado y lo mantengo, en desarrollar una personalidad similar a la que demostraron los griegos y los grandes de siempre.

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       Trabajar sin preocuparse de nadie, y fortalecerse, ésta es la finalidad del artista, lo demás ni siquiera merece que lo cubran de mierda.

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       Siente la Naturaleza, organiza tus percepciones, exprésate profundamente y con orden, es decir, clásicamente.

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       He pasado mucho tiempo buscando: sí, y aún busco; ¡en estas estoy a mis años!

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       El que haya visto más a fondo y materialice plenamente, como los grandes venecianos, ese será el más fuerte.

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       En suma, que hay el saber hacer y el hacer saber. Cuando sabemos hacer, no necesitamos hacer saber. Todos lo ven.

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       Es grotesco figurarse que crecemos como un hongo, cuando detrás nuestro se alinean todas las generaciones. ¿Por qué no aprovechar toda esta labor, por qué desdeñar una aportación tan formidable?

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       […] Esforzarse en producir cuadros que sean una enseñanza. Las tertulias sobre arte son casi una inutilidad. El trabajo, que consigue un progreso en el propio oficio, resarce sobradamente de la incomprensión de los imbéciles.

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       Si el artista llega a la posesión de sí mismo y a la perfección de su arte, no será por paciencia, sino por amor, que es lo que confiere visión y afán de profundizar.

(Sobre Cézanne, M. Doran, G. G. Editor, 1988)

       El éxito no es lo que alimenta a un artista. Es el trabajo lo que me alimenta.

       “Un no sé qué que quedan balbuciendo…” Cuando lo dice San Juan de la Cruz está explicando muchas más cosas que todos los científicos. Ése será siempre el tema de base de todos los hombres que ha habido y que hay y que habrá; no se va a llegar nunca al final de eso, quedará siempre ese balbuceo del que los grandes poetas de la humanidad han andado más cerca. Son los que han ido más lejos, porque van ligeros de equipaje; no necesitan nada; los arquitectos necesitan grandes cosas, nosotros necesitamos hierro, piedra, pero los poetas no necesitan más que una pluma, y ni siquiera”.
(El País, 11-1-1992)

       Lo que mejor soporta el paso del tiempo es la mentira. Te acoges a ella y la sostienes sin que se deteriore. En cambio, la verdad es inestable, se corrompe, se diluye, resbala, huye. La mentira es como el agua, incolora e insípida, el paladar no la percibe, pero nos refresca.
(En la otra orilla, 2013)

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       En cualquier caso, le queda juventud, tiempo por delante. Yo se lo cambaría de buena gana. A ciegas. Su futuro por el mío. Trato hecho.
(En la otra orilla, 2013)

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       Nada de eso tiene que importarme, reposo, certeza.
(En la otra orilla, 2013)

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       Lo importante no es cómo has venido o cómo te vayas a ir, sino cómo estás; si tienes que pensar o no en lo necesario, o te llega con naturalidad, si las cosas te vienen a las manos o se te escapan entre los dedos, o, peor aún, si no las alcanzas. Si tu vida es pelear para alcanzar lo que sabes que no puedes tener. Ése el veneno. Te persigue lo que no alcanzas. No se trata del principio y el final de la obra teatro, se-alza-el-telón-cae-el telón, sino de la obra misma, su desarrollo, eso es lo que importa: eso es la vida […].
(En la otra orilla, 2013)

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       El músculo duerme, la ambición trabaja.
(En la otra orilla, 2013)

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       Qué endivia me dan esos escritores que lo tienen todo tan claro. Yo nada. Sigo creyendo que me salen las cosas por puñetera causalidad y nunca sé si voy a volver a escribir otro. Soy un escritor amateur, sigo siéndolo.

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       De repente oigo voces, me llegan flashes, y escribo un diálogo, y lo dejo ahí, luego escribo un esbozo como de cuento, hasta que veo que esas cosas se van relacionándose, y voy uniéndolas. Luego llega la etapa de las dudas, porque como todo lo hago a trozos, mezclando, como un rompecabezas…

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       […] Estoy en mi casa, solo, dueño de mis palabras y de mis silencios.

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       ¿Te das cuenta de lo mal que envejecen los libros literarios y qué bien se sostienen los libros que tienen voracidad por el exterior? La literatura sale cuando no la pretendes, si la pretendes, en lugar de un adorno sale una grieta. Pero si capturas eso que no existe, que es la verdad, resiste.

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       De eso trata mi libro. Porque, dime, ¿trata sobre corrupción? No. ¿Sobre el suicidio? No. ¿De sexo? Tampoco. Al final, insistirán: ‘pero estaban enamorados, o no’? Pues yo qué sé, contestaré. Si lo supiera, lo hubiera dicho. La literatura trata de la complejidad de la vida.

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       Escribo de lo que veo. En cada libro empiezas de cero: lo que fue un hallazgo en el siguiente es un lastre.

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       No me gusta tratar al lector como a un gato al que se le pasa la mano a favor del pelo. Hay que pasársela a la contra, para que se levante. ¿Contra quién escribo? Contra mí mismo.

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       El escritor tiene que ser pulga y libre para que no te atrapen. En cuanto te descuidas, te han trincado.

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       Si no lo hubiese usado ya Lérmontov, el título de En la orilla podría haber sido Un héroe de nuestro tiempo. Un título de poco aspaviento; luego tú le buscas el simbolismo: en la orilla de Caronte, en la del pantano, en la de la vida, en la de la Historia.

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       La vida es sucia, el placer y el dolor sudan, excretan, huelen; no hay hombre que no sea un malcosido saco de porquería.

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       El músculo duerme, la ambición trabaja.
(En la orilla, 2013)

       Si cada quien confesara su más secreto deseo, aquel inspira todos sus proyectos y todas sus acciones diría: “Quiero ser elogiado”. Nadie se decidirá a hacerlo, pues es menos deshonroso cometer una abominación que proclamar una debilidad tan lamentable y humillante, surgida de un sentimiento de soledad y de inseguridad padecido, con igual intensidad, tanto por los rechazados como por los afortunados. Nadie está seguro de lo que es ni de lo que hace. Por muy ciertos que estemos de nuestros méritos, estamos roídos por la inquietud y sólo pedimos, para sobrellevarla, ser engañados, recibir la aprobación de donde y de quien sea. El observador descubre un matiz suplicante en la mirada de todo aquel que ha terminado una empresa o una obra, o que se entrega simplemente a cualquier género de actividad.
(La caída en el tiempo, 1993)

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       ¿Para qué añadir algo a lo que es o parece ser? La Historia, odisea inútil, no tiene excusa, como a veces nos tienta pensarlo hasta del arte, por imperiosa que sea la necesidad de la cual emana. Producir es accesorio; lo importante es conocer el fondo propio, ser uno mismo de manera total, sin rebajarse a ninguna forma de expresión. Haber construido catedrales demuestra el mismo error que haber librado grandes batallas.
(Desgarradura, Tusquets, 1984)

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       No se habita un país, se habita una lengua. Esa es la patria y no otra cosa.
(Quimera, nº 13 al 18)

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       Lo ideal sería poder repetirse como… Bach.

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       Le decía el otro día a un amigo que, aunque no crea ya en la escritura, yo no querría renunciar, que trabajar era una ilusión defendible y que después de haber garrapateado una página o solamente una frase, siempre tenía ganas de silbar.

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       Las hazañas no son posibles más que en las épocas en las que la auto-ironía aún no ha hecho estragos.
(Quimera, nº 13 al 18)

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       Desgraciado el escritor que no cultiva su megalomanía, que la ve caer sin reaccionar. Pronto se darán cuenta de que no se llega a normal impunemente.

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       No se encuentra más rigor en la filosofía que en la poesía, ni en el espíritu que en el corazón; el rigor no existe más que en la medida que uno se identifica con la cosa que se aborda o se sufre; desde el exterior, todo es arbitrario: razones y sentimientos. […] El saber florece y se seca a la par que nuestros sentimientos. Y si recorremos todas las verdades, es porque nos hemos agotado juntos, y ya no hay más savia en nosotros que en ellas. La Historia es inconcebible fuera de aquel a quien decepciona.
(Breviario de podredumbre, traducción de Fernado Savater, Santillana-Taurus, 1997)

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       El devenir excluye una realización absoluta, una meta: la aventura temporal se desarrolla sin un objetivo exterior a ella, y acabará cuando sus posibilidades de caminar se hayan agotado. El grado de conciencia varía con las épocas, sin que dicha conciencia aumente con su sucesión. No somos más conscientes que el mundo grecorromano, el Renacimiento o el siglo XVIII; cada época es perfecta en sí misma, y perecedera.
(Breviario de podredumbre, traducción de Fernado Savater, Santillana-Taurus, 1997)

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       La inspiración fulgurante, lo mismo que la profundización laboriosa, nos presentan resultados definitivos e irrisorios. Hoy, prefiero tal escritor a tal otro; mañana, le tocará la vez a una obra que antaño abominaba. Las creaciones del espíritu -y los principios que las presiden- se resignan al destino de nuestros humores, de nuestra edad, de nuestras fiebres y de nuestras decepciones. Ponemos en tela de juicio todo lo que antaño amamos, y tenemos siempre razón y siempre estamos equivocados; pues todo es válido y todo carece de importancia. Sonrío: nace un mundo; me entristezco: desaparece, y ya se perfila otro. No hay opinión, sistema o creencia que no sea justa y al mismo tiempo absurda, según nos adhiramos o nos separemos de ella.
(Breviario de podredumbre, traducción de Fernado Savater, Santillana-Taurus, 1997)

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       Que la Historia no tenga ningún sentido, es algo que debería alegrarnos. ¿Nos atormentaríamos acaso por una solución feliz del porvenir, por una fiesta final en la que nuestros sudores y desastres corriesen con todos los gastos? ¿A favor de idiotas futuros, exultando sobre nuestras penas y bailoteando sobre nuestras cenizas? La visión de un desenlace paradisíaco supera, por su absurdo, las peores divagaciones de la esperanza. Todo lo que podríamos pretextar en excusa del Tiempo, es que se hallan en él momentos más aprovechables que otros, accidentes sin importancia en una intolerable monotonía de perplejidades. El universo comienza y acaba con cada individuo, sea Shakespeare o Don Nadie; pues cada individuo vive en lo absoluto su mérito o su nulidad… ¿Merced a qué truco lo que parece ser escapó al control de lo que no es? Bastó un momento de inatención, de debilidad en el seno de la Nada: las larvas se aprovecharon; una laguna en su vigilancia: y aquí estamos. Igual que la vida suplantó a la nada, fue suplantada, a su vez, por la historia: así la existencia emprendió un ciclo de herejías que minaron la ortodoxia de la nada.
(Breviario de podredumbre, traducción de Fernado Savater, Santillana-Taurus, 1997)

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       Todas las vías, todos los procedimientos de conocer son válidos: razonamiento, intuición, repugnancia, entusiasmo, gemido. Una visión del mundo articulada en conceptos no es más legítima que otra surgida de las lágrimas: argumentos y suspiros son modalidades igualmente concluyentes e igualmente nulas. Construyo una forma de universo: creo en ella, y es el universo, el cual se desploma empero bajo el asalto de otra certeza o de otra duda.
(Breviario de podredumbre, traducción de Fernado Savater, Santillana-Taurus, 1997)

       Hay tanto que hacer,
y tanto que no hay que hacer…

       Trabajo como cuando empecé, pero con muchas más dudas que en los comienzos. Lo cierto es que uno nunca está seguro de nada, ni de lo que hacemos, ni de lo que pensamos… las dudas me acechan, profundamente. Considero genial el aforismo de Gustav Mahler que dice: “Un artista creador es como un arquero que tira sus flechas en la oscuridad, sin saber si darán en el blanco”. En gran medida, así es mi trabajo, todavía ahora.

       Es duro negar, sobre todo, las obras nobles. Pero toda afirmación profunda necesita una negación profunda.

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       Lo que el público te reprocha, cultívalo; eso eres tú.

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       Un joven no debe comprar valores seguros. Cien años después todo fraterniza. Pero antes es menester haberse batido duramente para ganar un puesto en el paraíso de los creadores.
(Historia de la literatura de vanguardia, G. de la Torre, vol. I, pág. 279)

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       Un gran poeta es menos un inventor que un descubridor.

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       El poeta recuerda el porvenir.

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       Todas las cosas tienen su misterio y la poesía es el misterio que tienen todas las cosas.

       El próximo 11 de marzo, el compositor catalán Xavier Montsalvatge cumplirá ochenta años. Pero aún trabaja todos los días: compone música, escribe artículos y viaja con frecuencia. Acoge con una modesta sonrisa los muchos homenajes que recibe y que no han hecho más que empezar.

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       La opinión que Xavier Montsalvatge tiene de su propio trabajo depende siempre del estado de su espíritu: “Si es de pesimismo, creo que no ha valido la pena trabajar tanto para haber conseguido tan poco; en momentos de optimismo, pienso que un tanto por ciento muy pequeño de mi catálogo de obras, que sobrepasa el centenar, justifica el haberme dedicado toda la vida a la música”.

       Cada verso de un buen poema suele tener detrás el peso de un sentimiento certero. El novelista puede aprender del poeta a concentrar y a intensificar el sentimiento y el pensamiento que pone en su prosa.
(El País, 9-11-2013)

       Los tiempos siempre son malos para la poesía. Tiene mal nombre. Nadie quiere tener que ver con ella. Si te haces una tarjeta de presentación con tu nombre y debajo pones poeta, es seguro que no consigues una novia. Yo ya no leo poesía […].

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       Para mí, mantener la salud ayuda suficientemente a mi espíritu. Tu alma y tu cuerpo se juntan.

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       Yo hago tres o cuatro versiones de la canción en mi propio sintetizador y las grabo con diferente letra tres o cuatro veces; si se cae, me olvido de ella. La considero perdida.

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       Yo nunca tengo la idea del conjunto de un disco, hago las canciones por separado. Con mis libros también sucede lo mismo. Hago los poemas uno a uno, y sólo después trato de descubrir cierta coherencia o relación entre ellos para darles luego el título. La idea general del trabajo se desarrolla bastante tarde. Usualmente terminas pensando que eres una especie de oso trepando a un árbol a por miel, con las abejas picándote, la nieve que cae sobre ti, y tú, sangrando.

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       Creo en la perseverancia y en la transpiración, pero también en el estado de gracia y en la iluminación.
(El Mundo, 20-1-2012)

       Stevens, que desde siempre había coleccionado libros de sentencias, parábolas, enseñanzas folclóricas o epigramas, tenía la costumbre de copiar aforismos en sus cuadernos y escribir otros a modo de réplica o glosa. El género le divertía, era un buen ejercicio de condensación y los fragmentos podía emplearse en futuros collages. Con más frecuencia esos aforismos resumían un aspecto de su arte poética y eran mojones de un inacabable debate con la filosofía. Por todo esto el material –que no en vano Stevens se cuidó de reunir- es circular y reiterativo; y también por eso produce el desconcierto de las revelaciones.
(Del prólogo a Adagia, de Wallace Stevens, Ediciones Península/Edicions 62, 1987)

       Las mejores palabras en el mejor orden.

       […] Abriendo el libro al azar, por cualquier página. (Ello es también prueba de la grandeza y autenticidad de un autor. No todos pueden superar esta prueba).
(ABC Literario, 27-3-1992)

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       […] El poeta no debe describir, ni divertir, ni testimoniar: debe revelar.
(El País, 26-6-1986)

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       La palabra poética es invocación, ensalmo, amenaza, imprecación y plegaria, y eso no puede olvidarse.
(El País, 26-6-1986)

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       Excesos que fracturan el orden interior y confunden las determinaciones posibles y espantan la escasa oportunidad del instante poético.
(El País, 26-6-1986)

       No preocupado por ser desconocido, sino por hacer algo digno de conocerse.
(Analecta)

       Si cedo al impulso de constatarlo, no es por una tedencia a la megalomanía, sino, al contrario, por ser un hombre que no se hace grandes ilusiones de sí mismo. Tan sólo sigo los instintos de la vanagloria y la humildad innatos al ser humano, pues difícilmente podrá negarse que los hombres no se enorgullecen tanto de los méritos propios como de su prodigiosa suerte, de su maravillosa fortuna: de cuanto pueda haber en sus vidas por lo que dar gracias y ofrecer sacrificios en los altares de los dioses inescrutables.
(Nota de autor -Conrad habla de Juventud-, La Uña Rota, 2013)

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       La ruta sería larga. Todas las rutas que conducen al objeto de nuestro deseo son largas. Pero yo podía seguir esta ruta, con todas sus dificultades y complicaciones. De todos modos era una cosa bastante sencilla. Se es marino o no se es. Y yo estaba seguro de serlo.
(La línea de sombra, Montaner y Simón, 1972)

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       Se me ha comprendido todo lo bien que uno puede ser comprendido en este mundo nuestro, que parece componerse principalmente de enigmas.
(Nota de autor -Conrad habla de El espejo del mar-, La Uña Rota, 2013)

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       El pensamiento es el gran enemigo de la perfección. El hábito de la reflexión profunda, me veo en la obligación de decirlo, es el más pernicioso de todos los hábitos creados por el hombre civilizado.
(Nota de autor -Conrad habla de Victoria-, La Uña Rota, 2013)/p>

       Simplemente atiendo mi negocio. Con el material de todos mis libros siempre he atendido mi negocio./p>

     

DIVINA PALABRA

Deja que te arrulle,
reina enamorada.
Que angelitos gordos
voces altas me hagan.

¡Ay! de los besos que se han perdido
para prenderse de los espinos.
A las primeras luces del alba,
te haces un ovillo de una madeja muy blanca.
Tu nombre nace de mi suspiro
y abres los ojitos llenos de legañas.

Lejos de las zarzas
construiré la casa,
con un tendalito,
de ropa lavada.

Mucha de remiendos,
de alegría mansa.

Nuestro amor no es del que se nos muere
ni en romances ni en arduas batallas.

Que hay insignes caballeros
que por tener reino dejan colgada su espada.

Nuestro amor es la palabra,
y es de nosotros guardarla.

 
(En Edición limitada, Ariola, 1986)

       Si pongo muchas citas cuando escribo, no es porque sea pedante, sino porque me gusta tener juntos a todos mis amigos.

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       ¿Cómo dudar de que, cuando un poeta dice su palabra, la humanidad está tratando una vez más de inventarse, de fundarse, de ser auténticamente? […] Nada cambia en el fondo para ellos o para mí, creo que nos quedaremos siempre como del otro lado del libro, asomando a veces allí donde la poesía habita algún verso, alguna imagen.
(Del prólogo a Pameos y meopas, Ocnos, 1971)

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       […] Probablemente ya estará en otra cosa, perdiéndose en una nueva conjetura o en una nueva sospecha. Sus conquistas son como un sueño, las olvida al despertar…
(El perseguidor)

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       Lo que pasa es que se creen sabios. Se creen sabios porque han juntado un montón de libros y se los han comido. Me da risa, porque en realidad son buenos muchachos y viven convencidos de que lo que estudian y lo que hacen son cosas muy difíciles y profundas. En realidad las cosas verdaderamente difíciles son otras tan distintas, todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento, mirar, por ejemplo, o comprender a un perro o a un gato. Esas son las dificultades, las grandes dificultades.
(El perseguidor)

       Hay sonidos que me interesan en todas estas vertientes musicales. Los utilizo para crear piezas que me resultan novedosas. Quizás no son revolucionarias para la historia de la música, pero mi trabajo consiste en producir música que mantiene la atención de la gente y transmite un sentimiento emocional, una idea o un sonido nuevo.

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       Pienso que la gente se esfuerza demasiado en lograr la gran proeza o el gesto inmortal. Todas mis ideas no son válidas ni perdurarán con el tiempo. Pero es más saludable mantener un ritmo constante de trabajo y dejar que ocasionalmente se materialice la verdadera inspiración. A veces escribes en función de un momento o una historia determinada que debe olvidarse poco después. Aprecio el carácter desechable del pop de la misma forma que veo la música clásica como eterna.

       Servimos a un amo: la secuencia causa-efecto. Toda nuestra lógica depende de una expectiva y de su frustración. La vida está en la expectativa. El arte, en lo otro.
(El Cultural, 6-9-2013)

       Se ha tratado de cambiar el mundo sin conocerlo.

       Si no logra absorber la máquina, o sea aclimatarla tan natural y espontáneamente como los árboles, el ganado, los galeones, los castillos y las demás cosas asociadas a la vida humana en el pasado, la poesía habrá fracasado en su función contemporánea.
(Historia de la literatura de vanguardia, G. de la Torre, vol. I)

       Sentirse comprendido y estimado es una satisfacción que, de no convertirse en estúpido orgullo, ayuda a ser más consciente cada día de la responsabilidad y la dedicación que exige la poesía, que es, como ya he dicho en otra ocasión, la flor de la cultura.
(Quimera, nº 51, 1989)

       El gran secreto de los campeones es la rabia.
(Blanco y Negro, 28-5-1989)

       El que no sabe dónde va irá más lejos.

       En realidad, el éxito es la muerte. Lo dice el filósofo Emilio Lledó acudiendo a la etimología latina de esa palabra, ni buena ni mala, neutra, que es “exitus”: una palabra vacía que al unirse a “vitae” significa eso: muerte.[…] El éxito no es nada, o más bien es la nada, dice Lledó. “Habría que cultivar, frente a la moral del éxito, la cultura de la pobreza, la que te permita, desde la austeridad y desde una relativa escasez, rodearte de amigos y no de amiguetes, amigoides o amigantes”.
(El País, 7-5-1994)

       En la creación artística se produce una conciencia absoluta del presente, se trata de adivinarlo, de que el presente te adivine o mejor aún, de ambas cosas a la vez.

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       Picasso adivinó su tiempo y a su vez éste lo adivino a él. Lo cierto es que la creación artística se produce por una conciencia absoluta del presente, se trata de adivinarlo, de que el presente te adivine a ti o mejor aún, de ambas cosas a la vez; la dificultad de la creación artística reside, a este respecto, en ser expresión de su tiempo.

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       […] Buscar la originalidad se convierte en un proceso acelerado de banalización, pues la capacidad de ser original es algo intrínseco al individuo y no una cualidad de fácil adquisición.

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       Nunca me ha gustado mucho hablar de etapas en mi obra. Creo que la perspectiva que da el tiempo siempre acaba diluyendo los distintos modos de dicción de un artista, para mostrarnos finalmente que la obra, en el fondo, es siempre una y la misma.

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       Por fortuna, aunque la historia del arte pese a nuestras espaldas como una placentera losa muy distinta de la piedra de Sísifo, todo está por decir, por explicar.

       A mí qué me importa el dinero y a mí qué me importa contribuir al progreso de la literatura; a mí lo único que me importa es lo que nunca consigo: la confirmación de que mis propias palabras han tocado el corazón del mundo.
(Babelia, 3-5-2014)

       Y la primera ley, creador: crear. Bufe el eunuco. Cuando una musa te dé un hijo, queden las otras ocho encinta.
(Prólogo a Prosas profanas)

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       No gusto de moldes nuevos ni viejos… Mi verso ha nacido siempre con su cuerpo y su alma […].

       El Gran Teatro de la Vida: la entrada es gratis pero la contribución es mortal. Entren cuando puedan y salgan cuando deban y la función nunca termina.

       Yo sé lo que quiero. La gente, en general, no lo sabe, y por eso está jodida. Es algo que me llama la atención: casi nadie lleva un camino.
(El País Semanal)

       Escribo mientras trabajo, en un estado de desconocimiento. Descubro cuando escribo y, en cierto modo, escribo para descubrir. Pero soy una escritora no intelectual. Prefiero dejarme guiar por la intuición y la pasión por el lenguaje.
(El Cultural, 1-11-2013)

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       La vida humana es finita. Siempre me produce una gran alegría saber que he captado algo de ellos antes de que se hayan ido. Sí, la tiza de mis pizarras se puede borrar, pero también es cierto que así es como se hacen los dibujos: dibujando y borrando y volviendo a dibujar. Es su naturaleza.
(El Cultural, 1-11-2013)

       Yo por oficio no he escrito nunca, nunca he escrito por obligación.

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       Temo más a la fama que a una cabronada.

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       Yo entiendo que otros escritores trabajan con los libros y que por la necesidad de consultarlos, llenen cualquier espacio. Pero en mi caso no tiene razón de ser. Y no soy un hombre de citar.
El País, 19-02-1989

       Pasar un tiempo en presencia de una gran mente, y sentir que nuestro corazón despierta de su letargo.
(Babelia, 1-9-2012)

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       Mi escritura surge de una experiencia visual.
(Babelia, 1-9-2012)

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       La fama requiere toda clase de excesos. Me refiero a la fama de verdad, a un neón que te devora, no a ese renombre sombrío de los estadistas en declive o de los reyes timoratos.
(La calle Great Jones)

       Antes hacer bien que quedar bien.
(El Cultural, 10-1-2014)

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       ¡Qué egolatría! Si tienes cabeza, mejor no dejar rastro.
(El Cultural, 10-1-2014)

       Es una trampa terrible el que los artistas intenten conseguir un estilo. Si uno tiene estilo ello significa, creo yo, que no tiene más que un camino a seguir. Pero si se es un artista, si todos los caminos están abiertos, el estilo no es sino un factor del que se tiene necesidad quizá de tarde en tarde. Es el artista quien de verdad da a luz su obra. Y si es fuerte, son sus ideas las que él intenta por todos los medios expresar. En este caso no hay por qué preocuparse del estilo en absoluto. Lo que hoy me interesa son los problemas y no las soluciones.
(El arte de nuestro tiempo)

       Hay que escribir sin esperanza, pero sin desesperación.

       La poesía no tiene que refugiarse en un gueto. Tampoco debe ser amable, ni someterse a las modas. Es fácil adaptarse a una corriente, y muy difícil crear una voz nueva, un mundo distinto. El poeta debe tratar de escribir lo mejor posible, sin rebajar el nivel de pensamiento. Tenemos que buscar fuera del tiempo.
(El País, 29-6-1996)

       Ahora la gente está sujeta a lo que podríamos denominar accidentes felices, porque se encuentra con que todas las obras maestras han sido hechas, con que todas las nuevas vías han sido descubiertas, con que todos los hallazgos arqueológicos ya han sido encontrados. Si no consigues que tu personalidad atraviese lo que haces, estás perdido. Encerrarse para fabricar una verdadera obra maestra es como intentar encontrar a Dios. Nunca vas a conseguirlo, y si crees que lo has logrado, te dirás: “y ahora, ¿qué?”.

       Yo empiezo donde termino.

       La novedad o la originalidad nunca pueden ser la norma: lo único normativo es la fidelidad a la propia visión.
(El Cultural, 15-2-2013)

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       Los valores son la quintaesencia teórica del arte. Cuando degenera en mercancía, además, el arte sólo tiene de arte la apariencia.
(Biografía del silencio)

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       A mirar se enseña recuperando la inocencia primordial, es decir, limpiándonos de prejuicios y precomprensiones. Persona madura no es la resabida, sino quien ha sabido mantener y renovar la inocencia.
(El Cultural, 15-2-2013)

       Escribir es una cuestión muy humana. Se puede escribir o no escribir, pero el motivo para escribir es escribir. Es algo que no sé por qué me planteo; ningún escultor se pregunta por qué esculpe, ningún pintor, por qué pinta.
(El País, 23-10-1986)

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       El hombre es más complicado que el mayor de los soles. No ya el cerebro, una minúscula célula es más complicada que el sol. Éste es muy grande, pero muy simple. La célula está viva.
(El País, 23-10-1986)

yupi! soy un poeta
y lo sé,
espero no estropearlo.

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       Quien no está ocupado en vivir, está ocupado en morir.

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       Dylan, un judío de familia burguesa, criado en el frío y la montaña, era una esponja. Cuando se fue de su casa, casi imberbe y con la única compañía de de una guitarra de palo y una armónica, aprovechó su periplo errabundo para apalancarse en los sofás de casas ajenas y formarse por su cuenta. Pero elegía: deglutía las blibiotecas ajenas, de Rimbaud a Dylan Thomas, pasando por Von Klausewitz o Sun Tzu, lo que cayese. Machacaba, hasta memorizarlas, vetustas grabaciones del cancionero tradicional de discotecas de caseros y amigos. […] Pero su plan era mucho mayor: lo mezcló todo en las neuronas privilegiadas que bullían bajo sus rizos y creó un compuesto nuevo.
(ABC, 16-11-2013, Luis Ventoso en “El invierno de Dylan”)

       “Te comprendo, ¿quién soy yo para criticarte?”, dice el bienpensante. Si pensara mejor todavía diría: “Te critico, ¿quién soy yo para comprenderte?”.
(El Cultural, 14-3-2014)

       Escribo para mí como lector.

       Existen presiones de todas clases para escribir mal, hablar incoherentemente y pensar confusamente.
(Criticar al crítico)

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       Sé que un poema, o un pasaje de una poesía, puede tender a realizarse primero como un ritmo determinado antes de alcanzar expresión en palabras, y que ese ritmo puede dar a luz la idea y la imagen.

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       El lector más experto… no se preocupa de entender; no, por lo menos, al principio. Sé que parte de la poesía de que soy más devoto es una poesía que no entendí en la primera lectura; otra parte, es poesía que todavía no estoy seguro de entender; por ejemplo, Shakespeare.

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       Los hombres en su mayoría, o se quedan apegados a experiencias de juventud, de modo que su escritura deviene una insincera imitación de su obra temprana, u olvidan su pasión, y escriben sólo con la cabeza, con un virtuosismo hueco y desperdiciado.

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En el esfuerzo por conservar unidos día y noche,
parece posible apenas que un poema pueda acontecerle
a un joven…

(Poesías reunidas, traducción de José María Valverde, Alianza, 1978)

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La única sabiduría que podemos esperar adquirir
es la sabiduría de la humildad: la humildad es interminable.

(En Cuatros cuartetos -Poesías reunidas-, traducción de José María Valverde, Alianza, 1978)

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Los viejos deberían ser exploradores
aquí o allí no importa…

(En Cuatros cuartetos -Poesías reunidas-, traducción de José María Valverde, Alianza, 1978)

       La poesía no es una especie de rito sagrado. Por el contrario debe a toda costa convertirse en corriente, en banal. Las mayores maravillas sucederán en el lenguaje ordinario.

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El poeta es mucho más
el que inspira que el inspirado.

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       Yo sólo escribo sobre estas cosas cuando la circunstancia exterior coincide con la circunstancia interior.
(Babelia, 8-12-12)

       Un poema no tiene que ser largo. Cada palabra fue antiguamente un poema.
(Recogida en Aerolitos, C. E. de Ory, 1992)

       Trabajador infatigable, Justiniano es apodado “el emperador que no duerme jamás”.

       La vida nos hiere a todos, pero el artista, el escritor, pega la piel sajada a la epidermis del mundo y establece con él un pacto de sangre. Y guarda esa sagrada unión, a pesar de las apariencias, de las publicaciones, en lo más recóndito de su ser, en su soledad sonora.

       Encaminaos […] por el camino de la impureza o de la multiplicidad de los niveles, más bien que por el recurso de la reducción […].

       […] Olvidar para siempre todo lo que no sean las viejas realidades y verdades del corazón, las viejas verdades ecuménicas -amor, honra, piedad, orgullo, compasión, sacrificio- sin cuya presencia…

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       […] Esos problemas derivados del corazón humano en conflicto consigo mismo, que son los únicos de donde puede surgir una buena literatura, por ser de ellos de los únicos de que merece la pena escribir, con todas las angustias y sudores que el abordarlos supone.
(El País, 4-7-1992)

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       El deber del poeta, del escritor, es escribir sobre estas cosas. Su privilegio consiste en la ayuda que puede prestar al hombre para que perdure, aupando su corazón y recordándole que son el valor, el honor, la esperanza, la dignidad, la compasión, la piedad. La voz del poeta no tiene por qué ser un simple testimonio del hombre, sino que puede constituir también uno de los puntales que le ayuden a sostenerse y a prevalecer.
(El País, 4-7-1992)

No soy coleccionista.
No conservo nada.
Me gustaría nacer todos los días.

       La escritura es una predisposición, a escribir, del alma. La lluvia la reclama cuando cae, constante, sobre la tierra: escribe, escribe, escribe; igual que hace con las manzanas que flotan, rojas y amarillas, en los charcos, como en el barril de una feria, dándoles una orden parecida: germina, germina, germina.
(ABC, 26-10-2013)

       No hay que olvidar que el mayor acto de respeto con el lector es ignorarlo, escribir como si no existiera, porque no puedes hacer algo bueno si piensas en agradar o en quién le va a gustar lo que tú haces. Escribes para ti mismo, para investigar la realidad bajo tu poética, y después el tiempo dirá.
(El Cultural, 24-01-2014)

       El espíritu del vanguardismo no madura espontáneamente, ni se improvisa aunque parezca fácil hacerlo, pues el juego de arbitrariedades es, en el verdadero vanguardismo, tan sólo aparente y bajo él debe percibirse el rigor e incluso hasta cierta precisión matemática. De lo contrario no funciona.
(El País, 22-7-1989)

       Los escritores harían bien en tomar conciencia de su situación, desde el más crudo empirismo, desde la más dura realidad, y cambiar de oficio con dignidad y con buen criterio.

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       Los libros dejaron de verse, y los libreros. La gente lo agradeció y no hubo nostalgia social de ningún tipo. Por alguna razón, se había modificado el pasado, y era como si los libros nunca hubiesen existido o se hubiese desvanecido toda su materia.

(El País, 23-11-2013)

       El orden y la armonía de este mundo son invivibles para el artista, su ojo es un proyectil dirigido por la voluntad, y la voluntad del artista habita en un cuerpo negro; cuando el caso es sin remedio, en un agujero negro.
(Babelia, 23-05-1992)

       Toda buena escritura es nadar bajo el agua y contener la respiración.

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       Lo que has sentido y pensado, hija, inventará un nuevo estilo por sí solo, de manera que cuando la gente habla de estilo lo hace con un poco de sorpresa por la novedad, creyendo que es solo estilo a lo que se refieren, cuando en realidad están hablando del intento por expresar una nueva idea con la fuerza tal que tendrá la originalidad del pensamiento. Es un negocio terriblemente solitario…

       Todo lo que se puede medir pasa, todo lo que se puede contar tiene un término. De hecho, no existe más infinito que el cielo, a causa de sus estrellas; y el mar, por sus gotas de agua; y el corazón, por sus lágrimas. Sólo por eso es grande. Todo lo demás es pequeño.

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       ¡Oh, si yo escribiese como sé que debe escribirse, qué bien que escribiría!

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       ¡Cuántas veces, preocupado por lo que tenía a la vista, me he precipitado a intercalarlo de inmediato en una obra, dándome cuenta al fin de que había que quitarlo! El color, como los alimentos, debe ser digerido y mezclado con la sangre del pensamiento.

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       Mi imaginación se apaga ya, mi inspiración baja, mis frases me aburren y si conservo las que he escrito lo hago por la misma razón que me gusta rodearme de recuerdos, de igual modo que no vendo mis trajes viejos.

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       Sí, trabaja, enamórate del arte. De todas las mentiras existentes, quizá sea ésta la menos embustera. Trata de enamorarte de él con un amor exclusivo, ardiente, fiel. No te fallará. Sólo la Idea es eterna y necesaria. Ya no hay artistas como los de antaño, de aquellos cuya vida y alma era el instrumento ciego del apetito de belleza, órganos de Dios mediante los cuales se probaba a sí mismo su existencia. Para ésos, el mundo no importaba. Nadie supo nada de sus dolores. Se acostaban tristes todas las noches y contemplaban la vida humana con una mirada de asombro, igual que nosotros contemplamos los hormigueros.

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       No soy un ruiseñor sino una curruca de agrio chillido que se esconde en lo más recóndito del bosque para no ser oída si no es por ella misma.

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       Escribo lo que me gustaría leer.

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       La palabra humana es como una cacerola abollada sobre la que tamborileamos melodías para hacer bailar a los osos, aunque en verdad anhelamos enternecer con ellas a los astros.
(Babelia, «La pasión del lector implacable», Alberto Manguel, 22-8-2015)

       Su modestia de artista (Bach) era difícil de igualar. Ni la gran superioridad que le distinguía entre sus camaradas y de la cual tenía perfecta conciencia, ni los testimonios de admiración y de respeto que cotidianamente le procuraban sus talentos lograron hacer de él un fatuo y un arrogante. A veces se le preguntaba por qué caminos había conseguido llegar a ser tan gran maestro, a lo cual solía responder: “Me he visto obligado a trabajar y cualquiera que trabaje tanto como yo logrará otro tanto”.

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       […] Tachaba sin piedad (Bach), sin preocuparse mucho ni poco de la cantidad y calidad de personas que poseían la pieza en cuestión y que la habían aprobado. […] Bach, sin afectarse por estas apreciaciones, de una exactitud discutible, continuaba retocando sus obras siempre que lo juzgaba conveniente.

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       Tenía siempre delante de sí (Bach) un ideal de perfección que se esforzaba por alcanzar. Ponía toda su alma en su trabajo, sin sacrificar nunca a la moda, y hacía poco caso de los sufragios de la multitud. ¿Por qué razón habría de dar menos de lo que poseía o podía dar?

       ¿Cómo voy a saber lo que pienso hasta no ver lo que digo?
(Quimera, nº 88)

       Decir por primera vez aquello que sin embargo había sido ya dicho. […] Lo nuevo no está en lo que se dice, sino en el acontecimiento de su retorno.
(El orden del discurso)

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       Quiero hacer un diagnóstico, y mi trabajo consiste en sacar a la luz, mediante la incisión misma de la escritura, algo que sea la verdad de lo que está muerto.

       Siempre digo que a mí me gusta cada vez más escribir y cada vez menos ser escritor.

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       Todo escritor siempre está muy pendiente de la parte inventada, de qué inventar sobre la realidad para ser honesto y convencerte de que lo puedes usar porque es algo tuyo, lleva tu sello y tu estilo.
(El Cultural, 21-2-2014)

       En esta fase particular de mi proceso creativo no es el momento adecuado para hablar con palabras. Es la hora de inhalar, es decir, de permanecer callado, escuchando y pensando en la música.

       Un aspecto de Sol Lewit que me impresiona en particular es la obstinación con que se ha aferrado a sus principios a lo largo de los años, mientras que, al mismo tiempo, lograba crecer a un nivel prolífico.

       Esta convicción interna es moralmente ejemplar, la convicción de que el arte no es un divertimiento ni una incursión frívola hacia miles de posibilidades. Para el verdadero artista sólo hay una posibilidad, que él ha visto y debe defender como revelación personal.

       Aprendí muy pronto a no tenerle miedo a la imitación, a la contaminación. Aprendí muy pronto a no tenerle miedo a la originalidad, esta idea terrible del mundo moderno europeo, que nos mutila de tantísimas tradiciones, de tantas riquezas, porque a partir del Humanismo, del Renacimiento hay que ser original… y no somos originales, somos el resultado de muchos ríos.
(ABC, 20-5-1994)

       Quien hoy se ocupe del mañana se ocupa en no hacer nada. Y quien mañana no nos dé nada de lo que haya hecho hoy no es de ninguna utilidad para el futuro.

       Yo no quiero ser el más rico del cementerio. Necesito, cada cierto tiempo, recargarme, tener nuevas experiencias, oír otras músicas, y para esto no puedo estar en constante movimiento, metido en trenes.

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       […] El baile debe llevarse muy dentro. […] Sobre todo por agradecimiento. Pero en el fondo, el baile, como todo en la vida, exige voluntad y tener vergüenza para saber que, si te dedicas a él, lo tienes que estudiar profundamente, y volcarte en él y hacerlo lo mejor que puedas. Yo tuve la suerte de tener un buen oído y un físico aceptable, y a partir de esto todo ha sido trabajo, mucho trabajo. La gente dice que soy un artista. Esa palabra ni la conozco ni la quiero conocer. Lo que sí conozco es mi trabajo. Y a lo mejor entre éste y el público que lo recibe hay un espacio vacío que es el arte; no lo sé, ni sé si se llena cuando bailo.

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       He estado a punto de crisis que me llevaban al psiquiatra, casi al suicidio. Venía al estudio y me ponía a llorar aquí mismo. Este estudio me parece que tiene un 80% de sudor y un 20% de mis lágrimas.

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       […] He estado viendo, mirando, absorbiendo. […] Hay que ver y oír mucho. Es fundamental para aprender y crecer.

       La poesía no es comunicación: es conocimiento.
(El País, 21-05-1994)

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La poesía es una especie de vómito bienoliente.
(La Esfera, 5-4-1997)

       El arte no es una excrecencia, más o menos vistosa, que el artista añada a la realidad; si ha de ser lo que es, debe formar parte de la naturaleza intrínseca de la realidad desde ese plano en que la realidad se manifiesta más allá de todo intermediario. Ser artista, pues, será una de las más gratas y cumplidas maneras de no ser nadie.
(Vivir el cuerpo de la realidad, Kairós, 2014)

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       Sólo los poetas han hablado del ser y la verdad, aunque no escribieran versos. Y por otro lado, antes de ser poeta, ya era simplemente; y cuando deje de ser poeta, o cualquier otra cosa, seguiré siendo simplemente. La muerte no está hecha para mí, aunque le vendrá de maravilla al cuerpo, porque estoy decidido a agotar este que ves a fuerza de cantar esta verdad que somos.
(Para caer en sí, Kairós, 2015)

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       Vida y poesía nos atañen como un don, se resisten a nuestro deseo de gobernarlas. […] El resultado de la búsqueda dependerá siempre de la voluntad soberana de la poesía, no de la calidad de nuestro esfuerzo. […] ¿Quién fue Shakespeare en realidad, quiénes Velázquez o Mozart? Importa poco; como individuos todos somos la misma siembra de humo, igual cosecha de ceniza. Pero ahí están Hamlet, Las Meninas, La flauta mágica. Esas criaturas viven su vida inmortal sin saber nada en absoluto de sus autores. Para mí, el apellido Quevedo es poco más que un modo -muy querido- de nombrar algunos de los sonetos más prodigiosos que he leído en castellano; por eso, si pasado mañana se descubriera que esos versos se deben a cualquier otro, nada sustancial se perdería. Un apellido es poca cosa. […] No se trata solamente de que el poeta importe poco; el poeta sobra, hay que apartarlo a un lado si uno quiere dejar espacio para que quepa el poema. Estar y no estar a la vez, se trata de eso. […] La pericia técnica ha de convertirse en algo tan consustancial a la expresión que pueda uno olvidarla cuando llegue el momento de enfrentar su trabajo, debe ser como la respiración, debe ser respiración tranquila. El oficio del poeta, como el del torero, es el arte de hurtase en el momento en que embiste el poema, para que sea el poema mismo el que pase solo y se dibuje limpio en el aire, no tocado siquiera del engaño que lo lleva.
(Poética y poesía. Vicente Gallego,
Madrid, Fundación Juan March, 2006)

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       El poeta sólo existe antes y después de la escritura, en su dimensión social, si así se lo reconocen los lectores. […] La obra no se busca -aunque pueda buscarse-, la obra se recibe. Todo se reduce a una cuestión de obediencia, de falta de intenciones propias. […] Escucho una sola voz en la de todos los poetas de mi lengua, veo bien claro que la mía no podría existir sin el soporte de tantas anteriores y más altas. Hay un solo instrumento afinándose eternamente a sí mismo. Y los poetas no son más que los dedos que lo pulsan para que podamos escuchar su melodía. La cadencia ha sido concebida de tal maravilloso modo que cada nueva modulación viene matizada por la resonancia de su predecesora, y así la música se enriquece y se sabe en la más conforme de las deudas. Sólo hay una fuente, un agua sola, ésa que mana y corre y de la que brotaron Juan de Yepes y su música extremada. […] A veces se presentan unas palabras, y yo extiendo los brazos como un sonámbulo y me limito a seguirlas en su oscuro viaje hacia la luz. Lo que vengan a cantar y con qué melodía, es sólo cosa de ellas.
(Poética y poesía. Vicente Gallego,
Madrid, Fundación Juan March, 2006)

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       No hay nada que hacer o que no hacer para que el arte ocurra, se trata más bien de abandonar toda iniciativa; y ni siquiera eso está en manos del artista, porque esa renuncia no puede lograrse mediante ningún esfuerzo positivo o negativo de la voluntad. Ese clima de vacuidad egoica, de ausencia de persona implicada en la que florece el poema forma también parte de la Gracia, no es algo que pueda aprenderse y aplicarse, no se trata de un truco que sólo saben los grandes poetas, sino del mecanismo que utiliza la poesía para librarse de los poetas. […] Del acto creativo salimos desconociéndonos mejor, de una manera más intensa, porque el poema nos ilumina con su luz oscura, con una emoción que no es aparte de la palabra. […] El poema nace con absoluta autonomía, nace de sí mismo, de pie; no como copia o reflejo de nada, sino como una nueva criatura que se incorpora al mundo y comienza a vivir su propia vida. La poesía no es, aunque pueda narrar, la relatora de nuestras experiencias, sino un valioso instrumento que nos ayuda a experimentar la vida en su plenitud hechicera. No se trata de fijar una experiencia con palabras, sino de encontrarse, en ese intento, con la experiencia misma de la palabra. La poesía sólo vive en el cuerpo logrado del poema, en su hechura acabada. […] El poeta, cuando escribe, está fuera de sí, su voluntad ha sido raptada. […] Se diría que el poema estaba ya escrito en alguno de los cuartos oscuros de la conciencia, y que el poeta es sólo un alguien que acierta a pasar por allí y aproxima su lámpara al texto para decírnoslo en voz alta. Sin quitar ni poner, sin actuar sobre el hallazgo, humildemente.
(Poética y poesía. Vicente Gallego,
Madrid, Fundación Juan March, 2006)

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       El poeta es un sensitivo, un intuitivo, y en ningún caso un pensador, un razonador, su lugar de destino se sitúa mucho más allá de lo racional y de lo razonable, aunque cierto grado de racionalidad resulta inherente a nuestro modo de sentir, de escuchar y formular. […] La poesía me ha enseñado, entre otras muchas cosas, a desconfiar de mí, y ha situado en otro lugar mi confianza. Yo solo, nada puedo y, cuando alguna vez me pareció poder, me he dado cuenta de que no era yo el que lo podía. El poeta siempre lo intenta con el mismo amor, con el mismo conocimiento, con la misma nobleza de intenciones, pero la poesía acude a su llamada cuando gusta. El arte no es una elección, el arte es destino, por eso la manera de estar en el mundo del artista es crear, y la creación sucede a través de él sin más propósito o virtud que los que puedan atribuírsele a la araña como constructora de su tela o a la flor como dispensadora de aroma. Ahí no hay gusto por la exhibición, y tampoco hay motivo en el empeño, más allá de una necesidad todopoderosa. El poeta está pagado con el gusto de su propio trabajo […].
(Poética y poesía. Vicente Gallego,
Madrid, Fundación Juan March, 2006)

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       Quizá te parezca que el sonido que produce un vaso al caer y hacerse añicos es ese sonido que hace un vaso al caer y solamente eso; por no recurrir al canto de los pájaros, o al rumor de los océanos. Cuando oigas la más mínima cosas, estás escuchando todo lo que había que escuchar. Cuando no oigas nada, escucha cómo atruena tu silencio vivo. ¿Por qué no habría de sumarse el poeta a este concierto de silencio y música silenciosa? El poeta no es en realidad diferente del vaso que puse antes como ejemplo, y, cuando un buen día cae y se hace añicos, ya no queda poeta por ninguna parte, sino sólo vidrio molido sosteniendo la nota verdadera.
(Para caer en sí, Kairós, 2015)

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       Si existiera el poeta, ¿cómo podría existir la poesía? Allí donde aparece el poeta con sus cosas particulares, con sus intereses y sus retóricas, la poesía se retira a sus palacios de invierno, porque la poesía, al ser cosas de todos, debe brotar desde la fuente universal, y no desde el cuello de la camisa del poeta. Fíjate: donde ella se abrasa en su sentir, el poeta se nos mea encima con vanos sentimentalismos; donde ella se lava la cara empleando la palabra justa y nos llena de rubor recién nacido, el poeta coge del baúl de los recuerdos su prosodia moribunda y nos saca los colores. […] Cada vez que leyendo te sientes alado, no lo celebras diciéndote: “esto es un poeta”, sino: “esto es la poesía”, pues, aunque digas lo primero, te refieres a ella.
(Para caer en sí, Kairós, 2015)

       Escritor es quien intenta suplantar a Dios; un deicida.
(El País, 7-12-2013)

       Siento algo de pronto -en la casa o en mi casa-, pienso un verso completo que ya no voy a mover, porque es la semilla, el germen del poema que vendrá, y a raíz de eso escribo.

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       […] Lo que tenemos que representar en el poema es lo sencillo dicho de manera deslumbrante.

       […] En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte.

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       […] Yo nunca me he perdido. No es que yo haya perdido la perspectiva, es que ganado la perspectiva: he logrado un punto externo de mí mismo, que también es muy importante.
(El País, 16-11-1991)

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       […] Tratar de ser el mejor escritor del mundo, porque si tú tratas de ser uno más, el segundo, el tercero o el cuarto, pues te quedas en el segundo o en el décimo.
(Babelia, 16-11-1991)

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       Mantener ese equilibro entre la razón y el inconsciente es una cosa sumamente importante. Y otra cosa importante es el rigor como un riesgo: el perfeccionismo es la peor desgracia que me pudo haber ocurrido. Es un sufrimiento constante, una pasión milimétrica: todavía falta esto, todavía no he llegado. Terrible.
(Babelia, 16-11-1991)

       […] La poesía responde siempre a lo esencial y el poeta no es siempre poeta, es más, puede que sólo lo sea una vez en la vida.
(El País, 3-7-1986)

       Escribir bien es fácil, lo díficil es escribir mal.
(El Cultural, 07-02-2014)

       Quien escribe poemas a los veinte años demuestra tener veinte años; quien los escribe a los cuarenta demuestra ser poeta.

       En el creador, tan pequeña es la vanidad como grande el orgullo. La vanidad es inútil, pero el orgullo es noble, necesario, el orgullo de trabajar con sinceridad, de estar cumpliendo con algo de buena fe, de ser decente.
(El País, 26-11-1994)

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       En mi época, los creadores vivían sobre todo su obra y poco la vida; hoy, parece que los artistas han renunciado a su obra para llevar vida de ejecutivos.
(El País, 26-11-1994)

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       La estética es posterior a la ética.
(El País, 26-11-1994)

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       Para llevar a cabo una obra de creación no se necesita, propiamente, soledad; la soledad es indispensable para conseguir el “paso armónico” de la vida ordinaria al espacio de la creación; es para ese paso, para ese tránsito difícil, para lo que necesitamos estar solos; después, la obra misma, la creación misma puede muy bien realizarse, ella y nosotros, rodeados de gente por todas partes.
(El País, 13-8-1994, cita recogida por Andrés Trapiello)

       El escéptico puede decir cosas, incluso cosas valiosas, pero no puede crear. El escéptico puede hablar desde un último reducto de su vanidad, por la vanidad de expresarse. Pero la creación verdadera, que no es nunca vanidad, ni expresión, no puede brotar de ahí. Ser creador es… creer.

       Siempre hay una insatisfacción. Es muy difícil pescar a la señora ésta de la poesía. ¿Por qué insistir? Para tratar de ver si finalmente puedo. Hay gente que se cansa en el camino, yo todavía no.

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       En realidad se escribe sobre pocos temas, pero a medida que pasa el tiempo, a medida que se vive más, se lee más, se aprende más, cada uno de esos temas se ve desde ese punto diferente. Y ese punto nuevo exige su propia expresión, que no puede ser ninguna de las anteriores. La insatisfacción nace de ahí.

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       En poesía la voluntad sirve menos todavía que la mandíbula. Mire, yo no quiero fingir una ingenuidad que no tengo, pero tampoco quiero fingir que sé lo que no sé.

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       La poesía, el arte, todo aquello que enriquece al ser humano es una forma de resistencia. Con la poesía no vas a poder comer ni vas a hacer la revolución, pero enriquece interiormente a aquel que alguna vez se le acerca. El hecho es que en Internet aparecen una cantidad de poetas a los que nunca antes se podía acceder. En todas las lenguas, grandes, poetas… y muchos espontáneos.

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       Las palabras son como el aire, son de todo el mundo. El problema no es la palabra sino el tono, el conjunto del que forma parte, a dónde va esa palabra, en compañía de quién.

(Babelia, 8-12-2012)

       Los que tienen miedo a las influencias, los que se hurtan a ellas, confiesan tácitamente la pobreza de su alma. Nada deben llevar dentro digno de ser descubierto, puesto que se niegan a dar la mano a nada de lo que podría llevarles a descubrirlo.
(Historia de la literatura de vanguardia, G. de Torre, I, pág. 42)

       Siempre he creído estar muy alerta y a la vez muy insatisfecho de mi trabajo. Tal vez mi única virtud haya sido ser muy autocrítico y muy perfeccionista. Yo nunca he sentido esa satisfacción del artista de contemplarse.
(El País Artes, 4-11-1989)

       Para un joven, escribir poemas se convierte en un acto de higiene emocional, de creación de un equilibrio que en sí mismo no tiene. En cuanto a lo de escribir cuando se es viejo, es cierto, pero es mucho más difícil y hay que ser un gran poeta para poderlo hacer. Primero porque llega un momento en que una de las acechanzas que se ciernen continuamente en torno a ti mientras preparas un poema es decirse “¡A qué otro poema!, ¿para qué?”. “¿Es absolutamente necesario que lo escriba?”. Cuando uno es joven tiene la convicción de que es necesario, quizá por eso que he dicho antes; cuando uno es viejo ha dejado muy atrás la edad de las emociones y está más bien en la edad de los humores, de los malos humores. Además, cuando se es viejo, incluso se deja de sentir nostalgia, y entonces ocurre que los impulsos que te pueden llevar a escribir son de un orden tan devastador que hace falta ser un gran poeta para poder con ellos; son la rabia impotente de envejecer, el miedo a la muerte tuya, no a una abstracción dócilmente simbólica, la conciencia del fracaso de tu vida… Son asuntos mucho más difíciles de tratar poéticamente de una manera tolerable.
(Ajoblanco, nº 5, 1988)

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       […] Para ser poeta es necesaria -y la carencia de eso es algo que para mí es muy notable en casi todos los poetas que escriben a partir de los cuarenta y tantos, 50 años, los poetas mayores, los poetas viejos- una sensualidad verbal, un dejarte llevar por las palabras que de joven, quizá es excesivo, te dejas llevar demasiado, pero de mayor es demasiado exiguo. Las palabras tienen que fascinarte, tienes que tener una sensualidad verbal que te empuje.
(El País Libros, 14-1-1990)

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       Escribo para haber escrito.

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       […] Lo que ocurre cuando se escribe un poema es que uno está mucho más atento a lo que está haciendo que a lo que está diciendo; es más una cuestión de hacer que de decir. Uno quiere hablar de algo pero no aspira a decir nada en particular, sino que lo que pretende es producir un cierto efecto hablando de ese algo. Para ello es necesaria una mediación que consiste en inventar lo que el poema dice.
(Ajoblanco, nº 5, 1988)

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       Lo primero de un poema es estar bien hecho; lo segundo, ser divertido. Lo que me gustaría, claro, es que me sorprendiera.
(El País, 10-7-1986)

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       La poesía de la experiencia no consiste en escribir acerca de lo que a uno le ha ocurrido, entre otras cosas porque a nadie le ocurre un poema. Un poema es un ente que pertenece a un orden de realidad estético que no es el orden de la vida. Por tanto, a nadie le ocurre un poema, y nadie puede escribir de lo que le ha ocurrido.
(El País, 10-7-1986)

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       Los jóvenes son los que importa que se lean entre ellos. La lectura apasionada que los jóvenes hacen entre sí es muy importante para todos ellos, porque les ayuda a desarrollar su poesía y seguir adelante con ella. Y probablemente les es más útil que la de ningún crítico que publica una nota sobre su libro.
(El País, 10-7-1986)

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       Por lo general, el deseo de publicar viene de la creencia equivocada de que uno, si publica un libro, tendrá una figura social de poeta. Pero no es así. El deseo de publicar, no obstante es muy respetable. Luego, en la vida, uno siempre piensa que ha publicado demasiado pronto. Más tarde, uno se dice: ¿Por qué no esperaría más”.
(El País, 10-7-1986)

      Es difícil ser escritor, es terriblemente fácil dejar de serlo. El fracaso deteriora; el éxito mina y corroe. Quien no sea reconocido como escritor, puede acabar no siéndolo; quien es reconocido, puede dejar de ser escritor para convertirse en otra cosa: en una personalidad literaria.

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       Quien se mueve sólo por amor propio, por necesidad, por el ejemplo de otros y por la falta de instrucción no se mueve por lo único que en verdad cuenta, esto es, por una real vocación de escritor.
Si hay vocación surge, por lo común, en la adolescencia; pero lo que, tumultuoso, ese estallido inicial nos dicta no es propiamente literatura.

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       Al escritor le fascinan las imágenes y palabras, y dejará de serlo si, pasado el tiempo, dejan de embriagarle como cuando era un muchacho.

(El País Libros, 1-5-1986)

       El primer problema para un compositor es encontrar su propia expresión; el segundo, librarse de ella.
(Metrópolis, 1988)

       Existe la cultura, que corresponde a la regla, y la excepción, que pertenece al arte. Todo el mundo habla en nombre de la regla: ordenadores, camisetas, televisión. Nadie dice la excepción. No se dice. Se escribe -Flaubert, Dostoievski-, se compone -Gershwin, Mozart-, se pinta -Cézanne, Vemeer-, se filma -Antonioni,Vigo.

Limitarse es
extenderse.

       La diferencia entre un escritor y uno que no lo es consiste en que el auténtico sigue escribiendo pase lo que pase, hasta morir sobre su escritorio, si hace falta. Nunca abandona. Y sé muy bien de qué estoy hablando.

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       Nada se pasa tan deprisa de moda como lo que se escribe a la moda.

(El País, 25-9-1988)

       ¿Es superior Tolstói a Goethe, éste a Shakespeare, éste a su vez a Dante, Virgilio y Homero? La obra de uno de ellos no anula la validez de la anterior ni la reemplaza. El espíritu artístico no progresa -como lo hace el relevo que se traspasan de mano en mano los atletas- sino que deviene, y sus obras maestras, aun las más antiguas, disfrutan de una actualidad simultánea.
(Babelia, 21-1-2012)

       El impulso de diferenciarse puede no ser el mayor y más profundo elemento en las dotes de un artista, pero raramente suele faltar.
(Historia del arte)

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       El artista es su mejor crítico. Si dialoga con su obra es un artista, si dialoga con su público es probablemente un impostor.
(ABC Literario, 7-8-1993)

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       Lo que menos importa es si un artista es de un país o de otro, se trata de logros de la humanidad en conjunto.
(El País, 21-6-1997)

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       Uno necesita probar muchas clases de té antes de saber apreciarlo.
(El País, 21-6-1997)

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       El arte se ha convertido en un valor de Bolsa. La búsqueda de novedades es muy difícil.
(El País, 21-6-1997)

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       El arte nació como un puente de unión entre los seres humanos y lo inexplicable.
(El País, 21-6-1997)

       Dura ley del arte es que hayamos de producir los artistas mediocres centenares de obras efímeras para que los eminentes lleguen a dar vida a las que la obtienen perdurable.

       Yo sólo escribo poesía en esos momentos en que no estoy de acuerdo con el mundo y el mundo no está de acuerdo conmigo, en el desajuste entre mis deseos y la realidad.

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       […] Aquellos tres años de inactividad fueron para mí el primer impulso para escribir. Había que llenar el tiempo de inmovilidad forzosa de alguna manera, y lo llenaba con la lectura y con la escritura. Sin ánimo de publicar. No tenía ningún interés, ninguna ilusión por convertirme algún día en un poeta. Escribía para llenar las horas.

(El País, 28-8-1986)

       Sigo trabajando pero no hablo de lo que estoy haciendo. Creo que la gente que lo hace comete una gran equivocación.

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       Es inevitable y tienes que aprender a llevarlo. La salud es peor y te cansas antes. Pero maduras en tu trabajo y en tus relaciones personales. Tienes que seguir con tu propio camino. Sigo siendo la misma persona pero gracias a Dios he cambiado. Ahora entiendo mejor las cosas. Cometí muchos errores de los que me arrepentí y luego supe perdonarme; he tenido grandes alegrías y placeres, una relación maravillosa con mi segundo marido, he sido muy afortunada y muy feliz. Y he tenido la suerte de ganarme la vida haciendo lo único que creo que sé hacer.

(El Cultural, entrevista con Juan Sardá, 8-11-2013)

       La poesía, cuya inutilidad tal vez sea un “no” pronunciado frente a lo “real”…

       “Hay que dar al arte, la posibilidad de su propia desaparición”, porque el arte no es inocente y “puede ser, incluso, potencialmente destructor”. “En el mejor de los mundos posibles, el arte sería superfluo. […] La vida se habría convertido en arte”.
(El País, 26-6-1986)

       El poema nace como un imperativo y no como un programa o un proyecto de tiempo; el poema es urgente o no es. Aunque se reescriba sin cesar, el poema asalta en el instante de hacerse. Comporta un compromiso tácito de otro tipo, una invitación a la verdad acuñada con brevedad luminosa u oscura, pero que será repentizada como un chasquido en la lectura de un lector cualquiera.
(Babelia, 18-4-2014)

       El saber consiste en formar colecciones de singularidades evocadoras.

       Yo he querido llegar al final de mis días sin que los premios y los laureles me impidan ser poeta.

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       La quintaesencia de la poesía consiste en viajar siempre con velocidad angélica al pasado y al futuro.

(Interviú, 13-8-1990)

       Mientras me dejen en paz, seguiré. Sin querer compararme a él, Tiziano pintó cuadros magníficos con 90 años. […] Hay muchos artistas cuya producción fue muy tardía: Victor Hugo, Tolstói, Picasso…

       El riesgo tiene que ver con la ambición. Yo la tengo toda. No quiero tocar con los dedos, sino coger con la mano el corazón de la literatura.
(El País, 21-11-1987)

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       Soy de los que creen que la inspiración se consigue trabajando; es un estado de gracia que uno convoca mediante ritos.
(El País, 21/11/1987)

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       Ser escritor se puede volver una carrera.
(El País, 21/11/1987)

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       Quiero crear, no perpetuarme.
(El País, 21/11/1987)

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       Terrible y hermosa es la suerte de los olvidados cuando la luz del tiempo vuelve a posarse sobre ellos.
(El País, 29-1-1994)

       La literatura me pone las gafas de la vida.

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       El escritor sólo sabe que cuando se sienta frente al lenguaje puede manejar bien su sentir, y cuando lo maneja bien, es decir, cuando es fiel al sentimiento, entonces surge, por sí solo, el lenguaje. Un escritor nunca es un artista del idioma. Eso carece de todo interés. Un buen escritor sí lo maneja, pero eso no tiene nada que ver con el arte. El arte es una investigación, una exploración de lo olvidado, no de lo desconocido, sino de lo que siempre se supo, pero que ha sido olvidado.
(El País Libros, 16-11-1991)

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       La literatura tiene mucho que ver con futilidades, ese es uno de sus secretos. A un buen escritor, pienso yo, se le reconoce en que cada frase está trabajada, da en la diana, como se dice. Pero a un buen escritor le falta mucho para ser un gran escritor. Lo propio de un gran escritor es que tiene muchas frases que no son buenas, que no son extrabuenas, que no dan en la diana, que no son precisas. El problema del buen escritor es que sus frases son demasiado buenas. La mayor parte de la literatura es simplemente brillante y bien hecha, buenas frases, bien escritas, virtuosismo. Eso es lo contrario de lo que debe ser la literatura. La gran literatura ha de tener muchas frases fútiles. Y eso es muy, muy difícil de lograr.
(El País Libros, 16-11-1991)

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       Al escribir yo sólo quiero cumplir conmigo mismo. Quiero poner en un libro algo sobre lo que no tengo más que un par de imágenes aisladas y separadas, pero que llevo marcadas muy dentro de mí como sombras. Quisiera el todo, hasta en un texto muy pequeño.
(El País Libros, 16-11-1991)

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       Se hace un bien al no escribir muchas cosas, al no hablar de lo que no se puede hablar, aplicando libremente a Wittgenstein. El no hacer algo es también un bien.
(El País Libros, 16-11-1991)

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       […] No veo que un escritor sea propiamente un artesano. Lo es en lo que no hace, en lo que evita; ahí se nota su artesanía. En lo que hace se le nota que probablemente es un loco, una figura al margen o marginal.
(El País Libros, 16-11-1991)

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       Lo que me ocurre es que tengo mayores vivencias con las cosas pequeñas que con las grandes. Ante lo pequeño me brota el lenguaje. No hago de esto un dogma, pero normalmente es así. Esas cosas empiezan a emitir señales, de la misma forma que una piedrecita lanzada al agua va formando círculos cada vez más grandes. Así es mi naturaleza, aunque en ella hay también de pronto saltos a lo general […].
(El País Libros, 16-11-1991)

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       ¡Sal del lenguaje! Sólo así podrás regresar a la literatura.
(ABC Literario, 29-5-1993, cita referida por Víctor García de la Concha)

       Soy una jarra llena de agua viva y agua muerta, basta que me incline un poco para que me rebosen los más bellos pensamientos, soy culto a pesar de mí mismo y ya no sé qué ideas son mías, surgidas propiamente de mí, y cuáles he adquiriendo leyendo. […] Me he amalgamado con el mundo que me rodea porque yo, cuando leo, de hecho no leo, sino que tomo una frase bella en el pico y la chupo como un caramelo, la sorbo como una copita de licor, la saboreo hasta que, como el alcohol, se disuelve en mí, la saboreo durante tanto tiempo que acaba no sólo penetrando mi cerebro y mi corazón, sino que circula por mis venas hasta las raíces mismas de los vasos sanguíneos.
(Una soledad demasiado ruidosa, traducción de Monika Zgustova, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2012)

       A medida que he ido envejeciendo me veo como afortunada por muchas razones. Es una suerte haber tenido toda mi vida esta pasión por el estudio y el disfrute de la literatura y por intentar añadirle algo lo más interesantemente que pueda. Esta pasión me ha proporcionado mucha alegría, amigos a quienes interesan las mismas cosas, trabajo, escape del aburrimiento, todo. La pasión por la lectura es el gran regalo. Es barato, consuela, distrae, excita, te da conocimiento del mundo y amplia experiencia. Es una iluminación moral.
(El País, 30-10-1986)

       Cuando no tienen suficientes anuncios ponen un papel negro para cancelar los anuncios, y yo siempre llevaba una tiza blanca; así comencé a hacer estos dibujos. Como estaban en el metro, miles de personas los veían, y además los hice durante cinco años. Nueva York es el centro de atención del resto del mundo, y los dibujos, y sus fotos, llegaron a todas partes a través de las revistas y la televisión. Así entré en la mente cultural…
(Metrópolis, 1990)

       Hablo para descubrir lo que pienso, ¿usted no?

       Aquellos que uno respeta más son aquellos que eluden la atención excesiva. Los amigos son muy importantes para mantener un sentido de las proporciones, y, como digo, la primera acústica es muy importante.
(Babelia, 19-12-1992)

       Empezaba por emplear todos los trucos. Luego lo descomponía todo y construía la obra de verdad. Era un infierno…
(El Cultural -Nuria Azancot-, 15-2-2013)

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       Cuando estoy escribiendo un libro, o un cuento, trabajo todas las mañanas, inmediatamente después de la salida del sol. No hay nadie que moleste y hace fresco y uno entra en calor a medida que va escribiendo. Se lee lo que se lleva escrito y, como uno siempre se detiene cuando sabe lo que va a suceder a continuación, sigue escribiendo a partir de ahí. Se escribe hasta que se llega a un lugar donde a uno todavía le queda jugo y donde se sabe lo que va a suceder a continuación y entonces uno se detiene y trata de seguir viviendo hasta el día siguiente, cuando se vuelve a poner manos a la obra. Cuando uno se detiene está tan vacío, y al mismo tiempo nunca vacío sino llenándose, como cuando se ha hecho el amor con alguien a quien se ama. Nada puede afectarlo a uno, nada puede suceder, nada significa nada hasta el día siguiente, cuando volvemos a hacerlo. Lo difícil de sobrellevar es la espera hasta el día siguiente.
(El oficio de escritor, Ediciones Era, México)

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       Decálogo para los escritores que se inician:

01 Estad enamorados
02 Romped a escribir
03 Contemplad el mundo y uníos a la vida
04 Frecuentad la compañía de gente que escriba
05 Leed sin cesar
06 Escuchad música y contemplad pintura
07 Leed sin cesar
08 No intentéis explicaros
09 Oíd a vuestra voluntad (o a vuestro deseo)
10 Tachad: la palabra destruye el sentido creador
(El oficio de escritor, Ediciones Era, México)

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       […] Si un escritor deja de observar está liquidado. Pero no tiene que observar de manera consciente ni pensar cómo aprovechará lo que observa. Por lo pronto, así creo que debe ser al comienzo. Pero más adelante todo lo que se ve entra a la gran reserva. Yo siempre trato de escribir de acuerdo con el principio del témpano de hielo, que conserva siete octavas partes de su masa, por cada parte que se ve. Uno puede eliminar cualquier cosa que conozca, y eso sólo fortalece el témpano propio. Esa es la parte que no se deja ver. Pero si un escritor omite algo porque no lo conoce, entonces hay un boquete en el relato. El viejo y el mar pudo haber tenido más de mil páginas e incluir a cada uno de los personajes de la aldea y todo lo relacionado con su modo de vivir. Pero yo dejé afuera de esa historia todas las pequeñas historias de la aldea de pescadores. El conocimiento de ellas es lo que constituye la parte del témpano que está bajo el agua.
(El oficio de escritor, Ediciones Era, México)

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       Mark Twain, Flaubert, Stendhal, Bach, Turguenev, Tolstói, Dostoyevski, Chéjov, Andrew Marvell. John Donne, Maupassant, el Kipling bueno, Thoreau, el capitán Marryat, Shakespeare, Mozart, Quevedo, Dante, Virgilio, Tintoretto, Hyeronimus Bosch, Brueghel, Patinir, Goya, Giotto, Cézanne, Van Gogh, Gauguin, san Juan de la Cruz, Góngora…, me llevaría un día recordarlos a todos. Y además daría la impresión de que estoy exhibiendo una erudición que no poseo en lugar de tratar de recordar a todos los que han influido en mi vida y en mi obra. Incluyo a los pintores, o empecé a incluirlos, porque aprendo tanto de los pintores como de los escritores sobre el arte de escribir.
(El oficio de escritor, Ediciones Era, México)

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       Hago una lista de nombres después de terminar el cuento o el libro, a veces hasta cien. Entonces empiezo a eliminarlos, en ocasiones a todos. […] El mejor adiestramiento intelectual para el aprendiz de escritor, digamos que debería ahorcarse, porque descubre que escribir bien es una dificultad intolerable. Entonces alguien debería salvarlo, cortarle la soga, cortarle la soga sin piedad, y debería obligarlo a escribir tan bien como pudiera, durante el resto de su vida. Al menos, tendría la historia del ahorcamiento para comenzar.

       Lo más embarazoso es encontrar las palabras apropiadas; pero por encima de las disculpas y de los obstáculos, lo que el escritor ha de hacer es escribir sin descanso. Vivir: la inspiración está ahí fuera, en el discurrir de las existencias ajenas, en el transcurrir del tiempo.

       La compañía de otros escritores ayuda también a valorar la creación literaria. Sirve de estímulo cuando se comprueba que las dificultades son similares para todos. Y leer siempre; yo leo numerosos libros, procuro tener siempre uno en la mano. El consejo más válido es, tal vez, entender que la obra literaria debe explicarse por sí misma, sin necesidad de que el autor tenga que “justificar” lo que ha dicho, o lo que ha querido decir, o lo que ha dejado de decir.
(El oficio de escritor, Ediciones Era, México)

       No creo en la página en blanco. No creo en el bloqueo del escritor. No creo en la angustia a la hora de escribir. No creo en la experimentación por la experimentación. Creo en la concentración, la dedicación y el trabajo constante. Creo en la lectura y en la cultura. Creo en la intuición del autor. Creo en las palabras, son mi dios, mi reino a conquistar.

       Me pasa con mi poesía lo que a muchos con su fotografía. Hay gente que en los retratos no se encuentran favorecidos porque se creen mejores, pues bien yo también estoy convencido de que soy superior a lo que hago. Llego hasta donde puedo, pero no me reconozco.

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       Ante un poema no basta la mirada, es necesario tener en cuenta la armonía y la melodía de la palabra…

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       La poesía no se puede explicar. Tampoco se puede describir lo que es el encanto de una persona, porque tal vez lo que a mí me atrae no le diga nada a otro.

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       Cada poema es un fragmento del gran poema que es nuestra obra.

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       A la poesía, como al amor, no se la puede forzar. A base de voluntarismo puedes escribir notas, o prosa, pero no poesía. Es la diferencia salir a ligar o a enamorarte. No puedes salir ex profeso a enamorarte o a que se enamore alguien de ti. Yo en un poema voy a jugármelo todo.
(El País, 10/3/1991)

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       He trabajado en mil cosas a lo largo de mi vida, y siempre he preferido lo que no tuviera relación con la literatura: así, cuando salía a la calle me sentía libre para dedicarme a lo mío.
(El País, 10-3-1991)

       Los gérmenes de una idea pueden ser pequeños o grandes, sencillos o complejos, fragmentarios o completos, quietos o móviles. Yo los reconozco gracias a cierta excitación que siento enseguida, la misma que produce una sola línea de un poema. El mundo está lleno de ideas germinales y si no las tienes en cuenta es por fatiga física o mental. Hay que viajar, pasear. A veces nos rodean personas que no nos convienen.

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       No se me ocurre nada peor o más peligroso que comentar mi trabajo con otro escritor. Los escritores nadan unos juntos a otros en la misma profundidad, dispuestos a hincar los dientes en el mismo plancton que flota a deriva.
(Suspense. Cómo se escribe una novela de intriga)

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       Las personas que nos atraen o de las que estamos enamorados son como una especie de caucho que nos aísla de la chispa de la inspiración.
(Suspense. Cómo se escribe una novela de intriga)

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       El escritor hará bien en tener otro trabajo.
(Suspense. Cómo se escribe una novela de intriga

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       La primera persona a la que deberías complacer es a ti mismo, si eres capaz de divertirte escribiéndolo, divertirás a los editores y a los lectores.
(Suspense. Cómo se escribe una novela de intriga

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       Escribir es una forma de organizar la vida. Y la necesidad de hacerlo sigue presente aunque no se tenga público.
(Suspense. Cómo se escribe una novela de intriga

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       No hay fórmulas mágicas ni secretos, salvo la individualidad y la personalidad. Sólo al individuo le corresponde expresar lo que le diferencia de los demás. Es “la apertura de espíritu”, pero no es nada místico. Es una especie de libertad.
(Suspense. Cómo se escribe una novela de intriga

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       Me duermo con el problema y me despierto con la respuesta.
(Suspense. Cómo se escribe una novela de intriga

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       Esto es lo que hace que la profesión de escritor sea animada y apasionante: la constante posibilidad de fracasar.
(Suspense. Cómo se escribe una novela de intriga

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       Los escritores tienen un caparazón protector muy pequeño y durante toda la vida tratan de desprenderse de él, ya que los diversos golpes e impresiones que recibirán son el material que necesitan para crear. Esta receptividad es el ideal del artista.
(Suspense. Cómo se escribe una novela de intriga

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       Hay escritores que en sus primeros borradores escriben con demasiada brevedad.
(Suspense. Cómo se escribe una novela de intriga

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       El premio de los Mystery Writers of America lo tengo colgado en el cuarto de baño, que es donde cuelgo todos los premios porque allí parecen menos pomposos.
(Suspense. Cómo se escribe una novela de intriga

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       No hay ningún secreto para alcanzar el éxito escribiendo, salvo la individualidad o, si se prefiere, la personalidad.
(Suspense. Cómo se escribe una novela de intriga

       Creo que una vez alguien me preguntó que cuál era mi ideal de felicidad. Yo le contesté: “Un horizonte despejado, sin nubes, sin sombras. Nada”.

       Pongamos por ejemplo a Van Gogh. Él era capaz de pintar prácticamente cualquier cosa. Si encerrases a Van Gogh en la habitación más aburrida del Holiday Inn de Palm Dale una semana, saldría de la habitación con algo interesante […].
(Metrópolis)

       El poeta es un parásito sagrado. A semejanza de los escarabajos del antiguo Egipto, puede prosperar sobre el cuerpo de las sociedades ricas y en descomposición. Pero también hay un lugar para él en el seno de las sociedades fuertes y frugales.

       El arte no es una cosa, sino un camino.

       Un poeta debe decir aquellas cosas que nunca se dirían sin él.

       Solitarios por elección, dejan su medio para enfrentarse al espejo del otro, a la vitalidad de una cultura distinta, reflejo que desdibuja en caricatura la orgullosa fachada de la cultura propia, pero que, al tiempo, impone una frontera de cristal, invisible e inquebrantable que tampoco es posible traspasar.
(El País, 1-2-1992)

       Ni siquiera el ansia de fama literaria, mi pasión dominante, ha agriado en ningún momento mi carácter, a pesar de mis frecuentes desengaños.
(Autobiografía)

       A veces volver a empezar es la mejor forma de seguir siendo uno mismo.

       La poesía, el más descreído de los géneros literarios, es un río de lava de palabras que forman letras con la arena que se lleva el viento. Mientras, el novelista tiene unas certezas soberbias de creador que lo apartan del contacto con lo inasible. La poesía no tiene que decir nada, se basta a sí misma en su desolación; en la novela el escritor triunfa sobre el libro -no al revés, como debería ser-, «pues con sus personajes, el escritor penetra en ella con violencia y, por intermedio de aquellos, da rienda suelta a las innumerables voces».
(ABC Cultural, cita recogida por César Antonio Molina, 28-4-2012)

       Trabajamos en la oscuridad, hacemos lo posible: damos lo que podemos dar. Nuestras dudas son nuestra pasión y nuestra pasión es nuestro empeño. Lo demás es la locura del arte.

       Para leer muchos libros, comprar pocos.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       Pensamiento que debe volver, volverá.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       Así es el poeta. Por sobrevivirse, no se vive, se desvive; que ya, matándose, sobrevivir viviendo.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       Dejar abierto un poema es don de poeta; cerrarlo, arte de albañil.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       Cuando se está uno expresando en un libro o con un libro, expresémonos a diversas horas del día o con distintas luces y, si es posible, en sitios diversos. Y si aún es posible, entre jentes diversas.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       Cierta crítica parece que olvida la virtud suprema de la forma es “desaparecer”.

       Un artista, músico, poeta, pintor no es un fabricante de vasos sino un creador de sustancia y de esencia. El poema no es una sustancia que se sostiene gracias a un molde esterno, sino una sustancia que, sin necesidad de molde, se mantiene dentro de su propia forma interior.

       La poesía es elástica y la cohesión de su forma procede de su centro, como en el cuerpo humano, que será siempre el verdadero modelo para toda creación de hombre.

       Y, cuando más señalada sea una forma artística cualquiera, por ejemplo el soneto, más debe cumplir con esa necesidad.

       La cohesión de la forma debe depender de su propia sustancia interior, como en los cuerpos elásticos, y la poesía no tiene necesidad de hueso esterno, como tantos poetas esqueléticos, porque hueso esterno es ya muerte, supervivencia del sostén o del molde.

       La poesía no es estatua, sino tejido, sustancia orgánica, y su permanencia está sólo en su belleza profunda, como en los más hermosos sueños.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       […] Amo el orden en lo exterior y la inquietud en el espíritu […].
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       Conseguir un estado de cartón piedra, o de piedra, es una cosa. Conseguir un estado de agua, aire o fuego, otra y mejor.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       El niño es, antes y en jermen, todo lo que quiere ser, más que el hombre, el poeta: instinto, voluntad, secreto, verdad, fantasía, soledad, capricho, libertad, presente.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       La arquitectura (“estructuración” otra palabreja de ahora) no es lo primero en poesía, ni lo último, aunque lo parezca a algunos.

       Por no haberlo entendido así, Góngora no fue, no es, ni será nunca, un poeta universal, ni aún de las minorías de lo completo. Lo fue, y se cita por serlo a toda hora y en todo los países, San Juan de la Cruz, quien creyó (y tuvo, tiene y tendrá siempre razón) que lo primero en poesía y en todo es el espíritu, la inmanencia inefable que se espresa en palabra verdadera, el estado de gracia.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       Dejemos el ruiseñor misterioso a la juventud (a la madurez ¿el petulante gallo? ¿El mirlo silbón a la vejez?).

       Yo, todavía a mis 59 años, soy capaz de pasarme las noches en vela (junto a mi mirlo y a mi gallo dormidos), oyendo el ruiseñor de mi juventud.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       El arte mejor da siempre una primera imprecisión sorprendente y como ajena, como la daría la belleza absoluta. Luego viene la conquista mutua y ya estamos salvados; lo extraordinario nos hace extraordinarios a nosotros.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       A mi juicio, el don más poderoso del artista es como el del científico en general, la invención: la facultad de equilibrar memoria y olvido. Y el instante exacto de su hallazgo, el que surge, por lo tanto, como una sensual luz abstracta, entre el descuido justo de la realidad presente y el justo recuerdo de la realidad distante.

       Una obra científica o artística durará, primera, y sin falta, en calidad de invento, luego, como goce y gloria.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       El escritor en verso que se forma mediante un ejercicio intelectual con desdén de lo emotivo (Valéry) no es un poeta sino un literato.

       Pero eso no quiere decir que el poeta no corrija, mejore y suceda su escritura. El poeta es fatalmente sucesivo y su papel, vijilar su creación emotiva súbita.

       Vigilarla, o forzarla. La poesía verdadera se hace sola, como la flor o el fruto luego de una rama. El árbol da la flor y el fruto pero no los hace, no tiene voluntad de hacerlos, sino que cada primavera y cada otoño su rama da otra flor y otro fruto que son los mismos y probablemente mejores.

       El poeta debe ser el sostén y el vehículo de su poesía; suya porque viene por medio de él, pero no porque él sea su autor. Quien hace la flor y el fruto es la tierra, el agua, el fuego, el aire, toda la naturaleza terrestre, como el cosmos y el caos, y un dios posible.

       Es decir, que el poeta es tan salvaje como el árbol, pero además un hombre civilizado, culto, cultivado por sí mismo que vijila a su salvaje. Y esta posibilidad de que su intelijencia pueda vijilar a su instinto ha sido también sucesiva, como la flor y el fruto y como debe ser la poesía.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       El hallazgo poético (y la poesía si fuera ciencia sería en esto superior a toda otra ciencia) no tiene aplicación, por fortuna; y, en su inutilidad artesana, es bueno sólo para el que lo encuentra.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       En el uso de la palabra escrita lo importante, creo yo, es que la palabra corriente parezca que se usa por primera vez, y que la rara parezca corriente, que no tropiece uno en ella, que ninguna parezca extraña ni se sienta mal en donde esté colocada.

       No por usar palabras complicadas se es un escritor rico ni raro; la rareza y la riqueza están en el don de combinaciones infinitas.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       La forma es el hueso en la poesía. Cuando el verdadero poeta se muere, alma y carne suyas quedan en la poesía. Y él, gastado, se convierte en hueso. Dejemos, pues, el hueso visible, escritores retóricos, para el perro de la muerte.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       Creo en el “gran poeta”, que no es el que llega a más público, sino el que crea más público.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       En poesía, no importan nada asonancia ni consonancias, por dentro ni por fuera, ni repeticiones, ni nada. Lo importante es la exactitud, la precisión.

       Que la palabra no se malogre, no turbie, ni entorpezca en suma, la expresión de la emoción, pensamiento, metáfora, sentimiento, lo que sea.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       El poema debe tener una idea presidente, una sola idea. Si no se convierte en un enredo de imágenes, un laberinto de ocurrencias, un amasijo de escapes; es una insigne musaraña, o, lo más frecuente, en una gran estupidez.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       El verso (o la prosa) no deben preocuparse de su estensión, largo o ancho, sino de su intención, dentro, centro. Cada verso (como cada prosa) deben ser cerebro, corazón apretado y suficiente, semilla de pensamiento o sentimiento.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       En el poeta el hombre es sólo una ayuda de cámara. Puede cumplir con los otros como ayudas de cámara entre sí.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       El verdadero buscador de poesía siempre está más descontento de su hallazgo, que el relijioso o el filósofo del suyo. Esto señala la superioridad de la poesía.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       En los niños, el afán de espresión supera el conocimiento de palabras, y ésta es la causa de que inventen palabras nuevas o de que dilaten arbitrariamente las que saben hasta llenar con ellas los moldes mayores de su sentimiento.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       En poesía, prefiero siempre el neolojismo a la reelección de un vocablo gastado.

       Recojer vocablos en el diccionario es fácil. Crear palabras justas, necesarias, vivas, es don principal de un poeta.

       Palabras nuevas corrientes que se unan a las corrientes anteriores de una manera natural.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       Hacer presente el pasado y el porvenir es la función del poeta.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       Hay poetas realistas y alegres que dan en el blanco. En el blanco que es siempre visible o calculable.

       Pero el poeta auténtico aspira a lo incalculable y lo invisible, donde no hay tiro al blanco, blanco que poner negro y hueco.

       Que la poesía –la poesía, entiéndase bien- no es cosa de tiros.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       La desgracia del poeta está en que tiene que vivir al mismo tiempo en dos mundos. Y en que, siendo superior en pensamiento y sentimiento como poeta que vive en su mundo, exije de su hombre y de su nombre que sea superior en acción y manera en el mundo del hombre.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       Lo indecible requiere espresión inexplicable. (Doble verdad de la poesía.)
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       La poesía no es un problema sino una gracia. Y la “conciencia poética” no consiste, a mi juicio, en considerar las cosas de una manera seudocientífica, sino en sorprenderlas aguda, airosa, seguramente (las cosas tienen muchos secretos) su verdadera poesía.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       Un poeta puede completarse a sí mismo, si quiere, porque es mitad creador y mitad crítico.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       Yo creo que así como la función de poeta es “poetizar sucesivamente”, la del crítico es “criticar sucesivamente” también.

       Crítica y poesía son sólo un devenir. Y lo que vale de ellas es lo que encienden y lo que estimulan (en el poeta, en el crítico y en el lector).

       El poeta y el crítico son hombres y están llenos de pasiones, virtudes, vicios. De todo esto resulta una emoción de vida. Crítica debe ser “emoción”, emoción recibida, luchada, dada y comunicada.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       La verdadera poesía es la que estando sustentada, arraigada en la realidad visible, anhela, ascendiendo, la realidad invisible; enlace de raíz y a la que, a veces, se truecan; la que aspira al mundo total, fundiendo, como en el mundo total, evidencia e imajinación. Por eso es indecible: deja la mitad, al menos, en el absoluto, eterno presente mágico, en ese “por decir” que tentará siempre, como en el amor, al hombre fatal y más cierto; por eso nos deja la emoción, temblor de realidad y misterio, que nos coje en los instantes supremos (amor, fe, arte) de nuestra vida completa.
(Ideología, Anthropos, 1990)

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       En la adolescencia y en la juventud primera, cuando el porvenir es aún confuso y la obra nula, cuando la muerte puede frustrar y borrarlo todo […].

       Luego, cuando se entiende la vida, y se ha vivido todo, y se sabe que todo es una repetición límite, cuando la obra en marcha, o realizada en parte, le da a uno la seguridad de su relativa supervivencia moral.
(Poesía, nº 33, marzo 1991)

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       Los que descuidan la forma, Stendhal por ejemplo, hasta el estremo de lo tosco, no hacen sino hacérnosla obstáculo. Tropezamos en ella a cada paso, la vemos. Los que la enjoyan y la recargan, por ejemplo d’Annunzio, nos internan en ella, nos dejan con ella sola.

       El ideal de la forma está, a mi juicio, en hacerla tan sencilla (dos ruedas tan conformes que se fundan con su movimiento en una), tan perfecta que no se sienta rodar, que, quieta, no exista.
(Poesía, nº 33, marzo 1991)

       Todo está por hacerse; o más bien hay que rehacerlo todo, sobre nuevas bases.

       Antes de emplear una palabra hermosa, hazle un sitio.
(Babelia, 21-1-2012, recogida por Iván de la Nuez)

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       Sólo buscando las palabras se encuentran los pensamientos.

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       Hay que morir inspirando amor (si se puede).

       ¡Y qué frases tan bonitas había en el libro de lectura del doctor Cornwell! Eran como versos ¡Qué bien se estaría echado sobre la esterilla delante del fuego, con la cabeza apoyada entre las manos y pensando estas frases!
(Retrato del artista adolescente)

       No vivo para admirar actores, admiro las películas acabadas. Me gustan los actores, pero no siento ninguna pasión por ellos; sí en cambio por los escritores y los directores, que somos la sal de la tierra.
(El País, 25-1-1992)

       Si la poesía no llega con la naturalidad que las hojas a un árbol, es mejor que no llegue.
(Carta 1818 a John Taylor)

       Cómo lograr que las personas reconozcan el latido de nuestro tiempo, cómo lograr que la sensibilidad de los hombres responda de una manera afirmativa, creativa a los retos del hoy, son los problemas claves de las comunicaciones sociales y por consiguiente de una visión creativa.
(El Paseante, nº 4)

       Todo juicio de valor es subjetivo, y un juicio negativo sobre el trabajo de otro artista no puede ser de consecuencia para la totalidad. Para ésta, no hay nada verdadero o falso, puesto que vive y se desarrolla mediante la conjunción de fuerzas, de igual manera que, en el cosmos, el bien y el mal a la postre colaboran fructíferamente.
(Taschen)

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       En casa hice el tonto con algunos colores. Fue enojoso. Tampoco los poemas me salieron. Cómo “esa tarde de verano” metí la mano en una nube de mosquitos sin agarrar uno solo. Y sin embargo se oye el murmullo de mil voces.
(Diarios)

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       En este momento se desencadenó allá afuera la primera tormenta del año. Un fresco viento del oeste me alcanza, me trae el aroma de tomillo y los silbidos del tren, juega en mi cabello húmedo. ¡La naturaleza, con todo, me quiere! Me consuela y me promete.

       En días como éste soy inmune. Comenzando por sonreír exteriormente y riendo más libremente por dentro, con una cancioncilla en el alma y silbando un trino, me echo sobre la cama, me estiro, cuido el vigor adormecido.

       Hacia el oeste o hacia el norte, adonde quiero que sea: ¡tengo fe!
(Diarios)

       Cuando hay intensidad no hacen falta razones. Lo que no permito es que el público me sea indiferente. Quiero que reacciones y que sienta mis visiones.

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       Cada individuo, con sus iniciativas, crea su época. Me río de las formas de ver las cosas. Lo único que se puede decir es que existe una humanidad con una serie de costumbres.

       Lo principal es tener como biblia las cuatro normas que aprendiste de pequeño y que te sirvieron para escribir tu primera canción.
(El País, 24-8-1991)

       La esencia del arte siempre ha sido la comunicación de vivencias humanas. El artista moderno no puede sustraerse a esa regla. Ni los mejores argumentos, ni la lógica, ni la metafísica, pueden impedirle atreverse a ser.

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       Pero los artistas de hoy en día, como vanguardia espiritual, tienen la misión de mostrar el camino a un público más numeroso que nunca.
(Mi vida, Tusquets, 1988)

Unos encuentran hermoso esto, otros aquello.
Pero deben encontrarlo.
Y nadie quiere buscar.

       En el pretérito, fue la intuición poética la que abrió camino a la ciencia; ahora es, muchas veces, la ciencia la que abre nuevas perspectivas a la expresión poética.
(1953)

       ¿Cómo se muere literariamente? Por el olvido, pero para un escritor la muerte literaria es la misma muerte, el fin de su vida, la que termina con su obra. Después, los reconocimientos que pueda recibir es comprensible que poco le interesen, si se permite la broma macabra, porque difícil es que pueda disfrutarlos.

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       La posteridad es un invento para el que se queda; ya señaló Marcel Duchamp que al final “los que se mueren son siempre los otros”. La soledad en la vida y el silencio de la muerte. La vida la vives o la mueres, como la obra. La muerte fija todo y anula el sentido. No hay manera de contemplar las cosas que vienen, pasan y se van sino como un sueño de intervalos felices. No hay otra. Ya sentenció Gracián que “todo es circunstancia”. Un autor quiere, busca ser reconocido en vida. He ahí la razón de publicar. No es una cuestión fácil.

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       Sabios hasta la broma privada, en una de las comidas que celebraba los domingos en Buenos Aires, allá por los años treinta del siglo pasado, Jorge Luis Borges con Alfonso Reyes, entonces embajador de México en Argentina, éste le preguntó a Borges algo sustancial: “¿Por qué publicamos?” Y lo que hoy se tiñe de cierta sorna no lo es en absoluto, pues Borges le contestó: “Reyes, para dejar de corregir”.

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       Es cierto y es falso. Se publica, en el caso de ambos -no en el del común, por ganar dinero, por vivir de lo que se escribe y demás-, y en el de los otros, también por mor de un narcisismo, legítimo sin duda, por una inocente vanidad, y en los más pintorescos ejemplos, por una secreta soberbia de saberse imprescindible, necesario, con la juvenil idea de transformar con sus escritos las sociedades”.

(ABC Cultural, 17-11-2012)

       La literatura transforma el dolor en belleza. En este sentido, la felicidad ni siquiera motiva. Un hombre feliz no va a estar escribiendo. Sin embargo, un artista que sufre para tratar de entender su desorientación. Es en lo díficil cuando uno se siente acompañado por la escritura. Es el viaje al infierno con un guía, con Virgilio.
(ABC Cultural, 9-11-2013)

Se debería trabajar
sobre lo que aún no existe.

       Las escrituras que por los siglos duran nunca las dicta la boca; del alma salen, adonde por muchos años las compone y examina la verdad y el cuidado.

       Nos arriesgábamos e improvisábamos todas las noches. Hubo muchos errores, pero eso va unido al hecho de intentar volar.

       Generalmente entendemos el arte del pasado aplicándole las convenciones del presente, y de este modo lo malinterpretados.

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       Los juicios irracionales conducen a nuevas experiencias… Los pensamientos irracionales deben seguirse absoluta y lógicamente.

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       Las convenciones del arte son alteradas por obras de arte.

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       Cada persona concibe el arte de un modo distinto. No hay arte elevado ni arte bajo, ni arte bueno y arte malo, sino diferentes tipos de arte para satisfacer las necesidades estéticas de todos. Lo que alguien considera arte, sea lo que sea, es arte.

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       La idea se convierte en una máquina que crea arte.

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       El arte logrado cambia nuestra comprensión de las convenciones alterando nuestras percepciones.

       Hay que sacar tiempo de un pozo para poderlo aplicar, hay que tomar casi una trágica decisión pues todo nos tironea, nos saca de la proyección incesante que nuestro trabajo necesita.

       No podemos olvidar que las obras de sensibilidad tienen un tiempo que yo llamaría puntiforme, un tiempo que vuela en búsqueda como de un incaico dios invisible, un tiempo que está fuera del tiempo; pero que es la gravitación del tiempo y su levitación. No se podrá precisar jamás el tiempo que se tragó la redacción de una obra. Es como un hágase que corriese por un hilo incandescente.

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       Yo no tengo método de trabajo. Escribo cuando tengo apetito para expresarme, para configurar, para penetrar en un coto desconocido. Pero generalmente trabajo en el crepúsculo, y a veces en la medianoche cuando el asma no me deja dormir y entonces decido irme a una segunda noche y empiezo a verme las manos penetrando en el hálito de la palabra.

       Podemos decir que el método cubano de trabajo intelectual es la suma de poquedades. Todos los días se escribe un poco, con apetito, con gusto, con voracidad verbal, y al cabo de un año nos asombramos de que la caja donde antes cabía el sombrero gigante de la abuela está lleno de signos aljamiados. Con gran sorpresa nos acercamos y es nuestra letra.

       Siempre he visto que los que se han puesto en marcha para hacer de un solo rasponazo una obra literaria, no van bien con el estilo cubano, y a los que dicen que esperan a su madurez para escribir sus recuerdos, les llega primero la afasia del primer lóbulo frontal y la pérdida total de la memoria.

       Claro, haga todos los días una poquedad; pero no mortifique, no esté con esa poquedad fastidiando a sus mejores amigos, no les lea por teléfono a las pobres gentes que lo acompañan en la vida, no se desate, no sea una terribilia con los pobres seres que vienen a acompañarlos en la vida de todos los días.

(Quimera, nº 30, 1993)

       No concibo tener algo y no poder compartirlo.
(ABC Cultural, 2-11-2013)

       El milagro que supone el hecho artístico implica la confluencia de muchos elementos. La sinceridad es imprescindible, pero hace falta el talento y, desde luego, que el destino sea propicio, porque hay muchos más artistas frustrados o malogrados por el destino que artistas realizados: es como el milagro de la vida, para ver un árbol crecido hacen falta muchas cosas, pero sabemos que es más fácil derribarlo. En el arte sucede lo mismo y el tiempo es distinto para cada artista; no todos necesitan de lo mismo, como las plantas y los árboles.
(El País, febrero o marzo de 1992)

Como tantos otros, me envanecí lo justo y más aún,
al principio prendí cerillas que hicieron hervir mi sangre;
estudié de memoria las astucias que encendían el río–
no sé por qué jamás escribí cosa alguna a la que regresar.
Puedo pensar que ya acabé con las flores de cera
y que gané un lugar en las faldas menores del Parnaso…

 […] Este mi libro abierto… mi abierto ataúd.
 
(«Leyéndome a mí mismo», Por los muertos de la Unión y otros poemas
Madrid, Catédra, traducción de José Agustín Goytisolo
y Amalia Rodríguez Monroy, 1990)

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Antes de que llegue el último reposo,
llega el reposo de toda trascendencia de una forma de ser,
acallando cualquier cambio.

 
(«Óbito», Por los muertos de la Unión y otros poemas
Madrid, Catédra, traducción de José Agustín Goytisolo
y Amalia Rodríguez Monroy, 1990)

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Quisimos obsesionarnos escribiendo,
y lo hicimos.

 
(«A John Berryman», Por los muertos de la Unión y otros poemas
Madrid, Catédra, traducción de José Agustín Goytisolo
y Amalia Rodríguez Monroy, 1990)

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[…] El verso ha de acabar.
Aun así mi corazón se exalta, sé que alegré una vida
atando y desatando una red embreada;
la red colgará del muro, comidos ya los peces,
clavada como un bronce en un futuro sin futuro.

 
(«Red de pescar», Por los muertos de la Unión y otros poemas
Madrid, Catédra, traducción de José Agustín Goytisolo
y Amalia Rodríguez Monroy, 1990)

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[…] El vidrioso servilismo de mi voluntad…
Me senté a escuchar demasiadas
palabras de la musa que trabaja conmigo,
y dispuse de mi vida con excesiva voluntad acaso,
sin evitar hacerles daño a otros,
sin evitar hacerme daño a mí…

 
(«El delfín», Por los muertos de la Unión y otros poemas
Madrid, Catédra, traducción de José Agustín Goytisolo
y Amalia Rodríguez Monroy, 1990)

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       La experiencia física es la única forma de comprender la realidad. No tengo ideas abstractas. Mi cabeza es la última que se entera de todo.
(Babelia, 19-5-2012, cita recogida por Lucía Magi)

       En el arte tienes que quedarte ahí colgado, no sabes qué estás haciendo y de repente todo da un giro y llega el significado y la conexión. Tienes que hacer el trabajo de todos modos con una devoción que roza el rito y luego algo ocurre, como en un matrimonio. Al final todo tiene que ver con el esfuerzo.
(Babelia, 30-06-2012, cita recogida por Andrea Aguilar)

       Nunca os jactéis de autodidactos, os repito, porque es poco lo que se puede aprender sin auxilio ajeno. No olvidéis, sin embargo, que este poco, es importante y que además nadie os lo puede enseñar.

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Sabe esperar, aguarda que la marea fluya
-así en la costa un barco- sin que el partir te inquiete.
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;
porque la vida es larga y el arte es un juguete.

Y si la vida es corta
y no llega la mar a tu galera,
aguarda sin partir y siempre espera,
que el arte es largo y, además, no importa.

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       La tristeza de volver sobre nuestra obra no proviene de la conciencia de lo poco logrado sino de lo mucho que renunciamos a acometer.

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       El español prefiere pelear a comprender y casi nunca esgrime las armas de la cultura, que son las del amor.

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       La tradición, tal como ha llegado a nosotros, no es un valor poético; con ella no se puede construir nada.

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       La poesía es siempre agua que corre, actual, de esa actualidad que tiene su raíz en lo eterno.

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       Es preciso buscar el poema fundacional nuestro, que no está ni en la historia ni en la tradición, sino en la vida.

       Un poema no debe significar, sino ser.

       Componer es salir a la caza del silencio.
(El Cultural, 27-4-2012)

       Una tía mía que con cierto retraso había adoptado estrictas costumbres victorianas, me regaló su libro predilecto. Era un álbum de recortes con una falsa portada de mármol, y sobre las grises páginas mi tía, durante su larga vida de lectora, había copiado pasajes favoritos -en especial, pasajes de poetas españoles románticos y de novelistas franceses hoy misericordiosamente olvidados […]-. Había inscrito los nombres de los autores en letra rocambolesca, pero para mí el único autor de esta colección era mi tía.

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       El escudo de armas del antólogo ideal debería tener un par de gafas reclinadas para simbolizar el acto de lectura; un lápiz rampante, para representar la pasión de garabatear notas en los márgenes o al pie de página; y el lema de gustibus non disputandum (sobre gustos no hay nada escrito).

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       Combinando lo mejor de sus lecturas, reconociendo aquello que es valioso y que se ha presentado ante él por azar o por curiosidad, el antólogo se convierte en un creador omnisciente y omnívoro, un Lector para Lectores […]. Todo lector es antólogo, pero pocos llevan la manía de coleccionar hasta el extremo de compilar un libro. Como lectores transformamos aquello que los escritores escriben, lo reducimos a citas cotidianas, le damos el tono del momento particular en que algo fue leído, lo reflejamos en otros textos que tienen una trama o un estilo similar: en una palabra, hacemos que lo escrito sea nuestro. Y puesto que la lectura es un vicio solitario, frecuentemente, invitamos a otros a compartir nuestras lecturas; les damos codazos para que escuchen, para que participen de nuestros gustos o disgustos, para que juzguen nuestras selecciones.
(Quimera, nº 78/79)

       Una de las convicciones fundamentales en Matisse, era que un artista nunca debe ser prisionero de su éxito; le agradaba citar con aprobación a los grandes poetas japoneses, que tenían el hábito de cambiar de nombre y empezar una nueva trayectoria varias veces a lo largo de su vida.
(El arte de Matisse)

       Además, ¿quién quiere publicar un libro de tirada minúscula cuando una buena canción puede asaltar los oídos de no sé cuantos millones de españoles?
(El País, 13-9-1986)

       Lo que pasa dentro de un poema no lo sabe nadie. Pero lo que sabes es con qué grado de orden interno entras al poema. Con qué grado de infelicidad, de vanidad…, y sabes con qué grado sales. Pero sólo con que salgas una pizca más ordenado, lo guardas en un sitio cercano a ti. Y entonces vuelves. Y el buen poema es aquel del cual ya no sales.
(ABC Cultural, 06-06-2015)

       […] Voy teniendo una edad en la que si uno quiere hacer una serie de libros los tiene que hacer ya. Si tienes las ganas -no la necesidad; sin el mejor de los libros, el mundo seguiría igual-, no hay que dar tregua a la pereza, porque yo, si diera mucha espita a la pereza, no haría nada. En el fondo prefiero estar viendo vídeos o saliendo mucho a estar escribiendo, aunque me gusta mucho. Hay muchos escritores que, curiosamente, son buenos y dejan de serlo, más que a la inversa. Está el caso de Cervantes, que hasta los 50 años no hizo el Quijote. Hay también mucha gente que es inteligente y deja de serlo. He observado que hacia los 50 años se producen cambios muy sorprendentes, que ojalá no me pasen, pero que en previsión de que a los 50 me convierta en un perfecto imbécil es mejor que me ponga a trabajar ahora.
(El País, 1994)

       A un escritor le hace la memoria, el trabajo, todo lo que ve, todo lo que lee, todo lo que absorbe. Le deshace la falta de trabajo, el éxito excesivo, la falta de éxito, lo que no lee, lo que no absorbe. Y perder la memoria.
(ABC Literario, 26-03-1988)

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       Los premios gordos, cuanto más tarde, mejor.
(El Mundo, 30-31 diciembre 1994)

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       Una cuestión de gustos: las novelas trufadas de ideas politícas, sociales… son lo primero que se pudre: lo que pervive es el mundo de las emociones y los sentimientos.
(El Mundo, 30-31 diciembre 1994)

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       No me parece oportuno mezclar las teorías con la escritura, prefiero escribir que decir lo que debe ser o no ser. Otra cosa son los problemas de cocina. El tono, la estructura, el lenguaje, el ritmo… La cocina del escritor siempre está llena de humo y olores de refrito; mejor no meterse en ella: huele mal.
(El Mundo, 30-31 diciembre 1994)

       Ellos (Erice, Rosellini, Renoir) nunca filman al hombre solo. Filman los árboles, los ríos, las tierras por los que sus personajes se mueven y las personas que viven en ellas. En los planos de Renoir abundan esas presencias anónimas. Una puerta que se abre a lo lejos, alguien que cruza la calle, un rostro en la ventanilla de un tren, dan cuenta de esa cercanía de los demás.
(El País, 9-11-2013)

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       En El sol del membrillo también hay un péndulo. Es la plomada que Antonio López cuelga de una cuerda para fijar el eje de simetría que debe ordenar su cuadro. Un péndulo que le dice dónde debe detenerse. Un lugar no tanto de apropiación, sino de exposición y entrega: un lugar desde el que mirar. El pintor localiza ese lugar y lo fija con dos clavos. Será ahí donde se situé para pintar. Es un lugar físico, pero también moral. El lugar, como diría Juan de Mairena, no sólo desde el que ve mejor, sino desde el que se ve lo mejor: el aura de las cosas.
(El País, 9-11-2013)

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       La poesía es memoria, pero también es vocación de vacío.

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       Los poetas […] son como niños que juegan. No porque estén reivindicando la magia y negando el mundo exterior, sino en cuanto que hallan sin darse cuenta esos accesos inesperados. El poeta, como el amante o el niño, es siempre un atraviesamuros.
(ABC, 7-2-1997)

       Hemingway escribía a lápiz, sobre papel cebolla, y controlaba sus progresos anotando cuidadosamente el número exacto de palabras que escribía a diario; Goethe lo hacía de pie, con pluma, porque el sonido del lápiz arañando el papel le desconcertaba; Kafka trabajaba casi a oscuras, en penumbra, con tinta azul o morada; Colette escribía a mano, en la cama, sobre una mesa especial que se hizo construir, siempre en papel de color azul. Y Robert Graves trabajaba en su casa de Mallorca en una habitación en la que, salvo los interruptores de la luz, todo estaba hecho a mano.

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       La escritura tiene un decisivo componente fetichista. De algún modo, se trata de llenar un espacio vacío, y el escritor tiende a rodearse de elementos, de ambientes que faciliten la inspiración. Estos ambientes no tienen que ver únicamente con el espacio, sino con la temperatura, los olores, las luces, las sensaciones, a veces cuestiones ajenas absolutamente al hecho literario. Thomas Mann, por ejemplo, tenía en su estudio frascos de colonia, palanganas con agua de violetas con las que a cada tanto se lavaba las manos, mientras que Rimbaud pasaba días enteros sin ocuparse de su higiene personal, escribiendo a veces desnudo. […] El escritor suizo Robert Walser, quien pasó los últimos 28 añosde su vida recluido en un manicomio, escribía en minúsculos pedazos de papel que siempre llevaba encima, guardados en alguno de sus innumerables bolsillos.

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       Hay quien para escribir debe permanecer cerrado en una habitación, y quien puede hacerlo perfectamente fuera de casa, en un café o en el campo. Es el caso de Ramón María del Valle-Inclán, quien escribía de vez en cuando en un banco del Retiro, apretando las cuartillas contra el costado, con el muñón, para que no se las arrebatara el viento, o Raymond Carver, el autor de Catedral, que durante una época de su vida, a falta de un lugar tranquilo donde poder trabajar, se decidió por escribir en el coche. […] Cuenta una de esas leyendas que engrandecen la memoria de los escritores que William Faulkner escribió Mientras agonizo en un plazo de seis semanas, mientras trabajaba de noche en una mina, apoyando los folios en una carretilla de mineral volcada que le servía de mesa, y alumbrándose con la bailante lámpara de carburo del casco.

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       Es sabido que Witold Gombrowicz solía leer novelas policíacas de ínfima calidad antes de escribir, porque sostenía que nada despertaba tanto la imaginación como la mala literatura. […] A Juan Ramón Jiménez, lo que le molestaba, al punto de provocar un interminable rosario de mudanzas a lo largo de su vida, era el ruido. De la calle Conde de Aranda se marchó porque unas cubanas tocaban la pianola en un piso cercano; de Lista, 8, porque el hijo de un vecino le hacía la vida imposible con sus llantos; de Velázquez, 96, porque el sonido chirriante de los tranvías le impedía trabajar. En su casa de Padilla se quejaba del alboroto de los gorriones en el jardín del cercano hospital del Rosario. […] “Azorín” daba un paseo hasta la Biblioteca Nacional antes de escribir una sola línea.

(ABC Cultural, 1-9-2001)

       Si mi casa se vuelve perfecta, tendré que mudarme. No debe acercarse uno en exceso a la perfección. Pessoa decía que la casa es el lugar donde no se siente. Y Rilke se preguntaba si es que hay algo más inútil que el sosiego.

       La perfección adormece y las casas no deben nunca matar el sueño de las praderas y la vieja manta.
(AD, nº 52, 1993)

       ¿Qué se le debe pedir a la poesía, cómo debe ser la poesía, esa indisciplinada disciplina que atraviesa transversalmente todas las materias existentes o concebibles, ese camino des longs études que punza, desarticula y rearticula todos los objetos de estudio habidos y por haber? A la poesía, que es la expresión de la esencia de cuanto pueda derivarse de la experiencia biológica, social, cultural, estética…, a la poesía debemos pedirle lo que le pedimos al náufrago, al pueblo oprimido, a la muchacha enamorada: que, contra el mar, contra el tirano, contra el carácter tornadizo del amor, resistan. El poeta se sabe condenado a no poder ser mediocre. Un poema correcto, un poeta correcto no son nada, nunca existieron. La poesía debe por tanto aspirar a un imposible, a lo único que no cabe esperar en el mundo: que no haya olvido.
(Debe ser necesaria, Líneas de fuga. Poéticas de la perplejidad, Generalitat Valenciana, 2001)

       Debería estar prohibido el acto de escribir en un despacho, en una biblioteca, entre cuatro paredes. Debería estar multado, perseguido por una autoridad protocolaria que vigilase la buena salud de lo verbal. Basta ya de encierros, basta de hibernación, basta ya de tanta sesudez. Hay que desempolvarse, hay que orearse, hay que quitarse las telarañas de encima. Fuera: a la calle, a que nos dé el sol, a que la brisa que viene del mar nos purifique, a que el ajetreo del mundo nos pula el estilo. […] Los escritores tienen la obligación de convertirse en expedicionarios, en naturalistas. […] Conviene dejarse polinizar por toda esa vida invisible que flota alrededor.
(ABC Comunidad Valenciana, «Escribir al aire libre», 29-3-2014)

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       La poesía -el arte- constituye una forma de conocimiento de la vida propia, un método de engrandecimiento de lo vivido, la lupa que algunos emplean para profundizar en la conciencia individual y en la conciencia de la especie, esto es, en la cultura convertida en conciencia humana. Gracias a la intensidad de la poesía, cuando transmite la emoción estética, accedemos a una forma superior de sabiduría, de comunión en el saber, que nos hace asentir al mundo en lo que el mundo tiene de maravilla y que nos fuerza a mostrarnos críticos con la existencia en aquello que la existencia alberga de criticable.
(Carlos Marzal HOTEL DEL UNIVERSO, Litoral nº 239, 2005)

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       La tradición […] constituye la verdadera patria del artista. La tarea del poeta es tratar de hacer más habitable el mundo, para sí mismo y para sus lectores presentes y futuros, mediante la palabra, sumar un eslabón propio, en el mejor de los casos, a la larga cadena del ser, del ser literario; añadir una brizna de voz propia al coro de la tradición. […] Leer es mecerse en el mar de la literatura, dejarse llevar por unas olas que provienen quién sabe de dónde. Nada hay más cierto que la afirmación de que, cuando abrimos un libro, estamos abriendo muchos, estamos abriendo la Literatura con mayúscula, porque en realidad estamos despertando una infinita cadenas de lecturas a través de lecturas, de influencias a través de influencias, de admiraciones a través de admiraciones.
(Carlos Marzal HOTEL DEL UNIVERSO, Litoral nº 239, 2005)

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       Todo poeta tiene su altar de figuras tutelares a las que les reza en secreto, y a cuyo ejemplo se acoge con esperanza. Todo poeta tiene un panteón predilecto del que le gustaría no desmerecer.
(Carlos Marzal HOTEL DEL UNIVERSO, Litoral nº 239, 2005)

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       La elaboración de una obra literaria, con la dedicación que requiere, con sus miles de lecturas, con sus miles de horas de trabajo, con sus sueños necesarios, con sus infinitos momentos de reflexión, acaba por constituir una parte fundamental de la vida de quien la elabora. Somos, en buena medida, aquello a lo que consagramos nuestra vida. La poesía, la literatura, para los escritores y los lectores verdaderos, supone una forma de vida.
(Carlos Marzal HOTEL DEL UNIVERSO, Litoral nº 239, 2005)

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       Todas las vidas resultan sorprendentes, se dediquen a lo que se dediquen. El fundamento de la literatura, no obstante, es la persecución de la alegría. No son malas compañeras las palabras para tratar de ser un poco más felices. Tal vez sea una extraña forma de vida, pero es una forma al fin y al cabo: la que algunos hemos elegido para habitar en el mundo.
(Carlos Marzal HOTEL DEL UNIVERSO, Litoral nº 239, 2005)

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       Soy proclive a la exageración, y prefiero un gran fracaso respecto a un gran proyecto, antes que una feliz obtención de cualquier mediocridad. En el golpe dado al aire se advierte la fuerza del espíritu, pero no en un simple puñetazo sobre los guantes del adversario. En la vida diaria hay que aspirar a más de lo que nuestra prudencia nos aconseja, para luego esperar a ver hasta dónde nos es dado llegar. Que la vida se encargue de bajarnos los humos, de convertir en humo nuestros delirios de grandeza.
(Clarín, nº 4)

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       Si al poeta, como ciudadano, se le exige modestia, la creación lo obliga a cierta megalomanía de taller… Puesto que el universo de los hechos suele ser cicatero con nuestras aspiraciones, resulta preferible pecar por exceso que por defecto, con vistas a quedarnos al menos con lo suficiente. En el ámbito de la poesía, nuestras pretensiones han de encaminarse a lo sublime, a lo etéreo, para terminar reducidas a nosotros mismos, ese pálido reflejo de lo etéreo y lo sublime. De lo contrario, lo más seguro es que nos veamos condenados a ser la peor de nuestras posibilidades. Sin una vaga arrogancia inconfesa nadie debería sentarse a escribir.
(Renacimiento, nº 8, 1992)

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       Los poemas no se escriben con preceptos. Este, problabemente, sea el único precepto inamovible digno de figurar en el frontiscipio de todas las academias para poetas adolescentes, todos los hoteles de carretera para juglares en activo, y todas las residencias geriátricas para bardos en la reserva. En el mejor de los casos, los poemas se escriben con prejuicios, es decir, con limitaciones que imponen el talento o la falta de él, la inspiración o su ausencia, el equipaje privado de lecturas de cada cual o el hecho de viajar a cuerpo gentil por la senda trillada y populosa de las tradiciones.
(Renacimiento, nº 23-24, 1999)

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       Con respecto a la poesía, perder demasiado tiempo en apellidarla de realista, figurativa, abstracta, metafísica, de la experiencia, social o del silencio me merece tres opiniones contundentes: en primer lugar, se trata de un bizantinismo, es decir, de una pomposa variedad de la pamplina, recubierta con cierto prestigio asiático, y cuyo único servicio es aumentar la hojarasca que enmaraña la arboleda de la literatura -recensiones sobre recensiones, prólogos, epílogos, tesis-…
(Renacimiento, nº 23-24, 1999)

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       La inspiración existe. Sé que goza de muy mala prensa entre los ismos de la crítica en general y entre muchos poetas en particular, aunque considero que su descreimiento no debe preocuparnos. La circunstancia de ser escritor y no creer en la inspiración no impedirá a nadie mostrarse inspirado, aunque revela una ceguera completa ante los mecanismos del arte, sólo semejante al hecho de que un lanzador de jabalina ignore la existencia de la ley de la gravedad.

       […] Ahora bien, la inspiración es de naturaleza migratoria, nunca permanece durante mucho tiempo en un mismo lugar, se otorga a sí misma en contadas ocasiones. Hay quien considera que el trabajo supone el mejor método para convocarla, o, al menos, el mejor sistema de su aprovechamiento en el caso de que decida fijar su fugaz domicilio en nuestra misma casa. Yo tengo la sospecha de que el trabajo, el sudor, la voluntad representan virtudes, y que pueden llegar a ser fármacos que sustituyan a la inspiración, pero no la suplantan, no son la inspiración.
(Renacimiento, nº 23-24, 1999)

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       Si uno estima que ha sido capaz de terminar una obra, es que algo anda mal.

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       Empiezas a escribir cuando te asalta una idea con toda su luminosidad. Luego viene el trabajo pesado, que no consiste sino en limpiar, limpiar y limpiar.

       Tengo la suerte de amar lo que hago. Disfruto con una inocencia y un júbilo casi de niño.
(El Mundo, 4-1-2012)

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       Una canción debe ser como un mueble, una pieza bien ensamblada, donde todo encaje. Después ha de tener un significado, que cale en la gente y que no cueste descifrar. Y creo que también ha de tener una melodía memorable, para que puedas silbarla y llevártela a la ducha.
(El Mundo, 20-1-2012)

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       Cada vez que me siento a escribir una canción no es más fácil ni más difícil que antes. Todavía es una actividad hermosa. Te sientas ante el piano y empiezas ding, dang, y comienza a entretejerse un poquito de música, y me entusiasmo, y me digo: “Uh, uh, que parece que sale algo”. Es tan emocionante como el primer día.
(El País Semanal, 4-6-1989

       Acaricien los detalles, decía Nabokov, haciendo rodar la r con la aspereza de una lengua de gato, ¡los divinos detalles!

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       Tengo 64 años… ¡Quiero aprender cosas del mundo! Quiero leer a los cosmólogos, que me hablen de la creación del tiempo, a los analistas del Holocausto, al filósofo que ha emparentado su disciplina con la neurociencia, al matemático capaz de describir la belleza de los números al más zopenco, al estudioso del ascenso y la caída de los imperios, a los aficionados a la guerra civil inglesa. Por favor, que un novelista me cuente por qué empezó la Revolución Industrial, o de qué manera el bosón de Higgs da masa a las partículas elementales, o cómo ha evolucionado la moral o qué pensaba Salieri del joven Schubert que cantaba en su coro.

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       Este arrebato de apostasía se cuela con sigilo en el amplio hueco que separa la terminación de una novela y el comienzo de la siguiente. No es un bloqueo, ni tampoco una larga noche, en realidad; es más bien cuestión de profunda indiferencia. La felicidad está en otra parte. Pueden pasar meses. Hasta que llega un cambio, un reajuste. Empieza con un pequeño empujón. Un detalle, una expresión, una frase, puede ser el principio de la vuelta al redil. No tiene por qué ser brillante. Basta con que desprenda una forma especial de calor imaginativo.

       Todos los escritores poseen un corazón más o menos vanidoso. Y todos, de modo consciente o no, sabe que, en la letra pequeña del contrato que firman con la literatura, hay una cláusula que atañe a la dialéctica entre prestigio y éxito. Por lo común, estos dos principios no caminan de la mano.
(ABC Cultural, 8-12-2012)

       Creo que los compositores deberían confiarse más a su instinto, que tiene más que ver con la fisiología que con la psicología. Y si se respetan los sistemas de información y respuesta que proceden del cuerpo y se traducen a música, pintura, etc., creo que se consiguen formulaciones auténticas que aportan una nueva visión al mundo y a la gente. Al menos se clarifica la postura del autor, escritor o pintor, porque es su única posibilidad de sobrevivir, de entenderse a sí mismo. En una palabra: si se es incapaz de eso, será incapaz de vivir. No se puede elegir entre aceptar el propio cuerpo o no.
(En el programa “La realidad inventada”, entrevistado por Paloma Chamorro)

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       Y los demás no tenemos nada que hacer salvo que buscarnos nuestros propios canales de producción y distribución, porque no nos admiten y tienen que admitirnos.
(TVE, “La estación de Perpignan”, 1988)

       Escribo para un compañero que yo me imagino, para una especie de “alter-ego”, al que quisiera honestamente tener al corriente de un extraordinario tránsito, o del mundo que, habitualmente indiferente, de pronto creo descubrir, de nuevo, en su virginidad…

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       Lo que irrita y molesta en los poemas es el narcisismo, el quietismo -dos callejones sin salida- y el enternecimiento que asoma por sus propios sentimientos… Aparte de eso, la poesía es un regalo de la Naturaleza, una gracia, no un trabajo. Tan sólo la ambición de hacer un poema basta para matarlo.

(ABC, 12-11-1988)

       La vida se mide por la intensidad, la duración es vana si no es más que un sucederse de presentes vacíos.
(Babelia, 17-12-2011)

       El coleccionista tiende a poner su identidad fuera de sí. Te enseña sus sellos y en realidad te está diciendo: “Este soy yo; todo lo que ves aquí cronológica y temáticamente ordenado, protegido de los agentes externos y encuadernado en un álbum de lujo, soy yo. Mira, cuando me quiero ver, me cojo con pinzas para no dañarme y luego me vuelvo a colocar sobre este lecho de cartón y me cubro con una capa de papel cebolla”.

       A continuación suele decirte lo que se ha revalorizado la colección desde que la empezara, en los tiempos remotos de la adolescencia, y con ello te está diciendo lo que se ha revalorizado él mismo desde entonces. A lo mejor la mira inquisitivamente, como preguntando qué puedes enseñar tú para demostrar que has existido durante todos estos años.
(Levante, 30-12-1990)

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       El coleccionista tiende a poner su identidad fuera de sí. Te enseña sus sellos y en realidad te está diciendo: “Este soy yo; todo lo que ves aquí cronológica y temáticamente ordenado, protegido de los agentes externos y encuadernado en un álbum de lujo, soy yo. Mira, cuando me quiero ver, me cojo con pinzas para no dañarme y luego me vuelvo a colocar sobre este lecho de cartón y me cubro con una capa de papel cebolla”.
A continuación suele decirte lo que se ha revalorizado la colección desde que la empezara, en los tiempos remotos de la adolescencia, y con ello te está diciendo lo que se ha revalorizado él mismo desde entonces. A lo mejor la mira inquisitivamente, como preguntando qué puedes enseñar tú para demostrar que has existido durante todos estos años.
(Levante, 30-12-1990)

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       El relato de la Torre de Babel apenas ocupa 15 líneas. Es increíble que una fábula de ese tamaño haya atravesado los siglos. Quien haya leído la Biblia sabrá que el relato de la Torre de Babel apenas ocupa 10 o 15 líneas. Resulta increíble que una fábula de ese tamaño, y con una trama tan sencilla, haya atravesado los siglos llegando al día de hoy tan fresca como cuando se escribió. Sobre esa fábula se han escrito miles de páginas, pues ha sido motivo de inspiración para filósofos y ensayistas, aunque también para pintores y músicos. Cualquier escritor sensato daría un brazo por alumbrar un cuento con esa capacidad para sobrevivir y crecer a lo largo del tiempo. ¿Dónde está su secreto? ¿De dónde procede su vigencia inagotable? ¿Cuál es la carga simbólica que la mantiene viva?
(Babelia, «Lengua e incesto», 15-8-2015)

       Es mejor callar que expresar débilmente.
(Frase que gustaba a Van Gogh)

       El arte puede morir, lo que importa es que haya llegado a diseminar gérmenes sobre la tierra.
(El arte de nuestro tiempo)

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       Las cosas vienen despacio. Por ejemplo, mi vocabulario de formas no ha sido un descubrimiento repentino. Ha llegado a formarse casi a pesar mío.
(El arte de nuestro tiempo)

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       Mis títulos los voy encontrado a medida que avanzo en la tarea, mientras ligo unas cosas con otras sobre el lienzo. El título llega a ser entonces un ciento por ciento de realidad para mí, como un modelo -digamos, mujer recostada– la tiene para cualquier otro. Para mí, el título es una realidad exacta.
(El País, 10-1-1993)

       Uno debería ser siempre curioso. No con una curiosidad pasiva que dependa de la información recibida, sino con una curiosidad agresiva que le obligue a buscar cosas y a comprobarlas por uno mismo.
(El Paseante, nº 4)

       La concisión es elegante. Los adornos y las reiteraciones no son ni elegantes ni necesarios. Julio César inventó el telégrafo, 2000 años antes que Morse, con su mensaje: “Vine, vi, vencí.” Y es seguro que lo escribió así por razones literarias de ritmo. En realidad, las dos primeras palabras sobran; pero César conocía su oficio de escritor y no prescindió de ellas en honor del ritmo y la elegancia de la frase. En esto de la concisión no se trata tan sólo de suprimir palabras. Hay que dejar las indispensables para que la cosa además de tener sentido suene bien. En cuándo suena bien sin afectación, consiste la otra cara de la dificultad. La calidad principal de la prosa es la precisión: decir lo que se quiere decir, sin adornos ni frases notorias.
(Escribir y publicar, nº 4, 1997)

       Es preciso escribir como si uno fuera comprendido, como si uno fuera amado y como si uno estuviera muerto.
(Quimera nº 56, de una entrevista a Alfredo Bryce Echenique)

       Cuando se llega a mi edad habiendo hecho una labor considerable, uno se siente responsable de ello. Ahora, cuando compongo lo hago con el pánico de que los resultados no estén a la altura del resto de mi catálogo. Para mí, la decadencia es un fantasma que me tiene casi obsesionado.

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       Mis obras me han acarreado muy pocos sinsabores, y la verdad es que no me han afectado.

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       Yo no tengo ninguna pretensión de pasar a la posteridad, pero me satisface que mi música guste a mis contemporáneos. Prefiero que mi música interese a que simplemente agrade.

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       Todo se arregla. Mal, pero todo se arregla.

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       A pesar de todos nuestros progresos en tecnología y en el control de la naturaleza, etc., para mí, la base real de nuestra vida reside en las relaciones humanas. Son ellas las que nos hacen felices o desgraciados. En ellas es donde nos realizamos o dejamos de realizarnos.
(El arte de nuestro tiempo)

       Se necesita toda la vida de un hombre, un ingenio muy sobresaliente, un estudio infatigable, observación continua, sensibilidad, juicio exquisito, y todavía no hay seguridad de llegar a la perfección.
(El País Libros, 1-5-1986)

       Las reglas son las culpables de que los individuos no lleguen al final de sus posibilidades.
(Cartelera Turia)

       Se encuentran exactamente entre lo demasiado difícil y lo excesivamente fácil. Muy brillantes, agradables al oído y, naturalmente sin caer en la vaciedad, en cualquier lugar sólo los conocedores hallarán satisfacción en ellos, pero de tal modo que incluso los no conocedores quedarán complacidos sin saber por qué.
(De una carta a su padre, en El sentido del orden, E. M. Gombrich)

       Uno ama hasta una cierta edad las películas sin saber que alguien las ha dirigido, y los libros sin pensar que tienen autor. También puede enamorarse para toda la vida de una música y sólo al cabo de mucho tiempo enterarse de quién la compuso.
(Babelia, 18-4-2014)

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       Escribir empieza siendo casi siempre un sueño o un capricho o una vocación imaginaria. Pero el sueño, el deseo, el capricho, no llegan a cuajar en nada si no se convierte en un oficio. Un oficio, cualquier oficio, requiere una inclinación poderosa y un largo aprendizaje […]. Quien escribe sabe que ha de dedicar a su oficio tantas horas y tantos años como un artesano al suyo, y que sin esa dedicación no logrará completar nada de valor. Pero también sabe que la entrega, por sí misma, no garantiza la calidad del resultado, porque la experiencia y la dedicación pueden conducirlo al amaneramiento anquilosado y a la parodia de sí mismo […].
(ABC, 26-10-2013)

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       Lo que le importa no es el libro, su proyecto o su forma final, sino la urgencia de registrarlo todo, por gusto, por vicio, porque uno está solo y se aburre, o porque está triste, o porque no cabe en sí de entusiasmo, o porque no quiere olvidar algo que le han contado, o ni siquiera eso, porque es de noche y tiene un cuaderno y una pluma y un tintero, porque da gusto notar cómo la pluma se sumerge en la tinta. Cuando no tiene pluma, escribe a lápiz, dice; escribe en el rato que tardan los postillones en cambiar los caballos en la diligencia.
Muñoz Molina, Antonio (habla de Stendhal)
(El País, 14-7-2012)

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       El arte quiere parecerse a la vida: por eso tiene normas y jerarquías, por eso, cuando más nos importa, está atravesado por la locura y el desorden. Sin disciplina no hay arte: tampoco lo hay sin arrebato.

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       Sólo es legítimo esperar lo imposible, y hay que velarlo para recibirlo, con una lámpara encendida, como las vírgenes prudentes, siempre en vela y al acecho y vigilando la llama tenue y vertical de una luz que no debe ser nunca apagada, porque no sabemos ni el día ni la hora.

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       El poema lo leemos una y otra vez y no es que tardemos en alcanzar su sentido y por tanto a dilucidar del todo un enigma, sino que el enigma central sigue manteniéndose a pesar de que el poema irradia sentido de una manera constante, como emite radioactividad el uranio; el poema se lo aprende uno de memoria y se lo dice muchas veces y cuando más lo conoce más sentido extrae de él y más intacto permanece sin embargo el misterio […] En el poema arde un fuego que no se apaga nunca, como en las notas de una música, que dura con llama desigual lo largo de la vida de cada lector en el que prendió y en los mejores casos a lo largo de los siglos, resistiendo a casi todo, al olvido, a las traducciones, a la fragmentación.
(Babelia, 19-05-2012)

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       En un solo instante, en la duración y en el brillo de una sola mirada, uno se juega su destino. Pero nadie obtiene nada que no haya deseado siempre, y no perdemos sino lo que secretamente hemos querido perder.

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       El azar es sagrado: por eso algunas veces lo llamamos destino.

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       Para un artista o un científico, los largos años de la búsqueda estéril se salvan en un minuto de iluminación. Para un escritor, que está perdiéndose siempre en el desaliento y en el tedio de las palabras, que no sabe nunca nada, que escribe vanamente contra sí mismo y contra propia enfermedad del olvido, toda su disciplina y su búsqueda no valen si en un cierto momento no encuentra algo que no esperaba, no recuerda algo que no sabía. Por eso, para escribir un libro hace falta primero merecerlo. Y luego tener la suerte de que sus dos o tres primeras líneas aparezcan en el papel, ante nosotros, como un objeto perdido y encontrado.

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       Casi nadie está conforme con los términos de su propio prestigio, y hasta en el éxito más grande hay zonas de resquemor que tal vez agravan los años.
(Babelia, 02-11-2013)

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       Cada escritor sigue inclinaciones poderosas que se repiten transformándose de un libro a otro.
(Babelia, 11-1-2014)

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       Hay una desenvoltura común, un aire de facilidad y hasta de burla en el arte de estos viejos maestros (Alex Katz, John Huston, Scott Fitzgerald, James Joyce), un fraseo sin interrupciones ni tropiezos que parece no guiado por la voluntad, porque es como el discurrir de un río, como los arroyos y deltas que forman sobre la arena los hilos del agua cuando se retira la marea. Son las improvisaciones al piano del viejo Duke Ellington, los trazos suntuosos que pintaba De Kooning hacia la mitad de los años setenta, o los del viejo Monet medio cegado por las cataratas, o los del viejo Rembrandt en ese autorretrato en el que se está muriendo de risa, vestido de harapos, con una risa de borrachín, burlándose de su propia maestría y a la vez desplegándola y celebrándola con un descaro sin soberbia; es la desmesura del Goya muy viejo que ya lo ha visto todo y la de Beethoven componiendo en el silencio de su imaginación la Gran fuga, rompiendo con ella cualquier sentido de la proporción clásica y hasta de la cordura, ese fluir que se repite y vuelve y sigue repitiéndose como si no fuera a terminar nunca.
(Babelia, 5-6-2015, «Ancianos despidiéndose»)

       Cuando compruebas que lo que deseas conseguir otra persona lo ha percibido y hasta se emociona, eso es como si te pusieran un diez. Es así de sencillo. Los juicios negativos no me parecen tan negativos, salvo si están dichos con mala baba. Pueden dolerme, pero no me hacen daño, porque en el fondo creo que tienen parte de razón. Tengo mucha inseguridad con lo que hago. He recibido críticas negativas y otras positivas, pero siempre acabo creyendo a las negativas, aunque, como tengo bastante aguante, no me hundo.
(ABC, julio 1993)

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       Siempre estamos hablando de los críticos, de los comisarios, de los galeristas, y resulta que son cuatro gatos, frente a los miles y miles de personas que no están metidas en el mundo del arte, pero que tienen una opinión muy valiosa. Nadie cuenta con esa opinión, y, desde luego, un pintor sólo puede sobrevivir moralmente gracias a que comprueba que se establece comunicación con esa gente a la que nadie hace caso.
(ABC Artes, julio 1993)

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       El hecho de plantearse qué hace falta la poesía, la pintura, la música, es un síntoma espantoso. ¿Cómo no va a hacer falta? Este cuadro que tenemos aquí al lado no es imprescindible: lo podemos quemar allí abajo, y no pasa nada. Lo que ocurre es que un cuadro no es sólo un cuadro, son todos los cuadros del mundo, y son todos los libros de poesía del mundo… Si todo eso falta, si falta la cultura, la vida sería un espanto.
(ABC, julio 1993)

       Al anochecer leo frente a la estufa. Leo libros de historia, leo libros de ciencia, libros de folclore, mitología, sociología, psicología, obras de Shakespeare. Más que leerme un libro de cabo a rabo, lo que hago es escoger los fragmentos que me parecen más significativos y leerlos una y otra vez hasta comprenderlos bien.

       La grandeza de la obra literaria va ligada a su capacidad para transformar al autor y, potencialmente, al lector.

       El estilo y la estructura son la esencia de un libro, las grandes ideas son estupideces.
(Babelia, 13-10-2012)

       El escritor trafica con las palabras. En cierto sentido, es un “malhechor de las palabras, pero comete sus fechorías por amor” (Canetti).
(El Cultural, 16-11-2012)

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       “El escritor está más próximo al mundo si lleva en su interior un caos” (Canetti). La escritura alcanza su meta cuando surge el mito, con su carga de universalidad y misericordia. En ese momento, el yo y el nosotros convergen, rescatando a la humanidad de los brazos de la muerte. Es una victoria efímera, pero que constituye la única excelencia posible.
(El Cultural, 16-11-2012)

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       La existencia es un corto vuelo que esconde “una aterradora insignificancia”.
(El Cultural, 17-01-2014, en su reseña de Años luz, de James Salter)

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       Cada elección implica la demolición de otras alternativas. Es imposible corregir esa paradoja. Conviene ser irreflexivo, ciego y resuelto […].
(El Cultural, 17-01-2014, en su reseña de Años luz, de James Salter)

       No es la originalidad el camino, no es la búsqueda nerviosa de lo que puede distinguirlo a uno de los demás, sino la expresión hecha camino, encontrado a través precisamente de muchas influencias y de muchos aportes.
(1993. Antología esencial, Losada)

       Karl Kraus apuntaba que escribimos, inventamos historias, porque nos falta el carácter suficiente para no escribir […].

       […] Y soy contrario a los modelos, es decir, que cada problema propuesto, cada uno en particular, tiene una política de situación que hay que explotar, y toda una serie de caracteres conceptuales y específicos que hay que inventar, utilizar. Lo que caracteriza mi trabajo en cada ocasión es ese acercamiento, conceptual y contextual, que me obliga a encontrar el edificio adecuado para cada lugar en concreto. Y cada vez es una búsqueda sobre el límite de lo posible. Mis detractores dicen de mí que soy ecléctico, ya que no se encuentra un estilo común de un proyecto a otro, como se encuentra en los artistas de las artes plásticas, que siempre desarrollan el mismo tema de forma casi obsesiva, constante en la mayoría de los arquitectos de este siglo, que están marcados por un vocabulario que han hecho propio. Así unos trabajan sólo en cerámica blanca, otros únicamente hacen círculos, esto es algo muy conocido, otros sólo fabrican en ladrillo… Yo intento construir con todos los materiales.
(Metrópolis, febrero-marzo 1992)

       Si sigue así (Malcolm Scarpa) se va a secar: lleva tres discos en dos años, a razón de 26 canciones por entrega, lo que le acerca a la media de 40 temas anuales grabados. Su anterior contrato con Triquinoise incluía una exigencia de producción, a instancias del propio Malcolm.

       Pero me puse a la tarea. Fue como una iluminación, como si bajara el Espíritu Santo. Escribía todas las mañanas, siempre a mano, como he seguido haciendo después, y era algo místico, mi mano, mi mente, mi corazón, funcionaban al unísono.
(Babelia, 16-11-2013, entrevistada por Lola Galán)

       Creo en el trabajo diario, en la agresividad, en la intuición y en la suerte de estar en el lugar oportuno en el momento oportuno.

       Y ahora que todo está aquí, escrito […], y que tantas personas como se quiera podrían leerlo…
(El pozo)

       Es el cambio donde se halla la ausencia de confort, y la incomodidad es el estado en el que el arte se hace más accesible.
(El País, 5-11-1994)

       El gusto personal es otra prueba de nuestra fugacidad. La historia literaria es, por ello, una economía del olvido. Sólo recordamos gracias a lo mucho que olvidamos. De allí el melancólico espectáculo del desengañado escribir: trabajan para el olvido, no sin tesón […] Sin ironía, enfatizan, además su tránsito al reafirmar su gusto como medida de autoridad, esa nadería. Por eso las antologías son el periódico de ayer de la literaria: como los premios, los best-sellers y la moda, las anima su ardor de olvido. Documentan el cambio acelerado del presente cultural y las mejores son aquellas que pronto son reemplazadas. Al final, el gusto artístico es una de las formas de la temporalidad, y es bueno reconocerlo para mejorar la conversación. También para apreciar mejor la obra que nos dejan los autores cuya frecuentación nos ha acompañado. Esa intimidad del gusto de leer es de lo poco gratuito que nos va quedando.
(Babelia, 1-9-2012)

       Los hombres sólo pueden ser felices si aceptan que el objeto de vida no es la felicidad.

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       La buena prosa es como el cristal de una ventana.

       Si quieres procurar un estilo a tu obra procura coherencia en tus sentimientos, no en tus frases.

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       Goethe tenía 37 años cuando vio por primera vez el mar en Venecia.

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       Baudeleaire leyó a Espronceda.

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       Una cosa es la vocación y otra la fatalidad. ¡Escuchen, poetas, esto! ¡Escúchenlo, artistas!

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       A medida que se avanza menos se sabe. Esto es ya un tópico. Pero es bueno saberlo.

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       Si te gusta ser llamado poeta desde joven, cuida de vivir poco. Toda una larga vida con un pequeño mote es ridículo.

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       Seguir adelante, seguir extraviándose.

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       Valora los pájaros de tus ideas.

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       Rimbaud rima Venus con anus.

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       Sé poeta un instante y hombre todos los días.

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       Me interesa menos la belleza que la energía.

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       No productividad sino escritura criaturial.

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       Aprende a ser colectivo, a ser anónimo.

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       Desconócete a ti mismo.

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       Di algo que no sepas decir.

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       Maestro no: maelström.

(Aerolitos, El Observatorio, 1985)

       Siempre he querido vivir y escribir a un tiempo. Otros grandes escritores como Pessoa o Borges no vivieron; a mí me interesan las dos cosas.
(El Cultural, 15-11-2013)

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       Preconizo tres cosas que me parecen fundamentales: la curiosidad intelectual que te mantenga vivo el espíritu crítico; la fe o lo que defino como una confianza en la realidad que no te es hostil y, sobre todo, que te enseñen a aprender a aprender. Si tienes esas tres cosas, cualquier universidad es un trámite.
(El Cultural, 15-11-2013)

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       Yo no acepto la distinción entre ciencia y arte, van por caminos distintos pero intuyen algo parecido.
(El Cultural, 15-11-2013)

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       Los literatos envejecen antes que los músicos. Hoy puedo escuchar un compositor del siglo XV, pero pocos literatos me siguen hablando directamente. Y como en mi club están los autores cuya antorcha deseo recoger, me siento más identificado con los músicos. Hay autores que resisten: Shakespeare, Homero, Cervantes…
(El País, 7-12-2013)

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       Lo que me interesa es deshacerme del ego. Hay que dedicar la primera parte de la vida a crearte un ego fuerte o te come el vecino, pero la segunda parte es para deshacerte del ego, porque sino la muerte es un asunto insoluble. Al deshacerte del ego, me reaparece lo transcendente y con ello la muerte se esfuma.
(El País, 7-12-2013)

       La creación se hace desde el desequilibrio, cuando se te va la cabeza y el corazón.

       Es el vencedor (Picasso) y se pregunta sin cesar si él no será el vencido, y vuelve a empezar. Y en torno está la jungla de la creación salvaje y llena de orquídeas, frutos de guerra y de amor y de encarnizamiento del pensamiento. La jungla del taller.

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       “Hay que hacer, hacer, hacer.” A fuerza de hacer se llega a alguna cosa: Picasso siempre dice esto.

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       Pintaba (Picasso) cuatro o cinco, seis o siete telas por día, sin contar los dibujos y todo lo demás. Una especie de enorme hambre de pintura se apoderaba de él.

(Habla Picasso, Gustavo Gili, 1968)

       Conocer y escribir es haber aprovechado el tiempo para estar menos muerto, para que alguien nos calme un poco la muerte que nos habita. El artista es un soñador de su tiempo, un médium que recoge lo que está en el aire. Es como el condenado, como un pararrayos que recoge desnudo la energía que le rodea.

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       Me gustan las obras mal terminadas o sin final. Por eso invito a escribir al borde del abismo, cuando el lenguaje se pierde.

       Diseur de bons mots, mauvais caractère.

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¿Quieres que hablen de ti?
No hables bien de ti.

       No bastan las veleidades, las furias y los sueños; se necesita algo más: cojones duros.

       La poesía nunca ha sido palabra escrita nada más, no es algo que se lee, incluso cuando usted lee un poema lo está repitiendo mentalmente, lo está diciendo, la poesía es palabra hablada […].

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Yo no escribo para matar el tiempo ni para revivirlo,
escribo para que me viva y reviva.

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       Todos los poemas dicen lo mismo y cada poema es único.

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       No, el tiempo no es puramente sucesión: hay rupturas que llamamos, no muy exactamente, epifanía: momentos en que se transciende la sucesión. No somos mera temporalidad. La poesía es una vía de acceso a esos momentos. No los provoca: los expresa, los dice. Expresarlos quiere decir: recrearlos, revivirlos. Por eso, la poesía, que niega a la historia, la afirma: el poeta revive al instante, lo consagra.
(ABC)

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       La poesía que comienza ahora, sin comenzar, busca la intersección de los tiempos, el punto de convergencia. Dice que, entre el pasado abigarrado y el futuro deshabitado, la poesía es el presente.

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       El poema que tiene 30 lectores a su nacimiento tiene 3.000 cincuenta años después y 30.000 un siglo más tarde.
(El País, 13-6-1992)

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       Los años no deben ser la excusa. Pienso seguir escribiendo, que es un oficio y una pasión…, más pasión que oficio.
(El País, 1-4-1994)

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       Paso largos periodos de silencio y finalmente escribo los poemas en días breves, de intensa actividad. Si tengo vida, el próximo año espero publicar un pequeño libro de poemas.
(El País, 1-4-1994)

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       Lo que quise desde el principio fue expresarme como un ser individual, como un poeta, que es lo que he querido ser: expresar mi experiencia en mis poemas. Mi destino fue ser poeta, y el poeta escoge una forma sintética, no cuenta, no relata, mientras que el novelista es analítico, se extiende, relata. El poeta se expresa a través de formas condensadas y concentradas. Esto es lo que yo quise ser.
(Babelia, 25-07-1992)

       El movimiento moderno se reduce a un análisis del lenguaje. A mí no me interesa ya analizar el lenguaje, sino utilizarlo para contar. Mi problema está en lo que quiero contar, no en el lenguaje.

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       Esos cuadros que no han quedado como tú quieres son los que más te aportan. A veces he pensado retocarlos, pero he llegado a la conclusión de que esa obra refleja un momento de mi vida y sería desvirtuarlo.

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       La obra de vanguardia tiene sentido sólo como experimento, pero no como obra final. Siempre he dicho, por ejemplo, que es mejor el cubismo de Gris, que no fue el que lo inventó, que el de Picasso o Braque. Se ha valorado la vanguardia como novedad por novedad, y el problema que esto acarrea es que lo nuevo ya se convierte en antiguo antes de que llegue a cimentar, por el empuje de lo nuevo que viene.

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       De lo que te imaginas a lo que queda hay una diferencia como de la noche al día. No puedo evitarlo, cuando acabo un cuadro me entra la depresión, pero eso te incita a seguir trabajando. Es más positivo que negativo.

        Procuro que l’escriure no em faci perdre mai el llegir, ni que el poema em suposi un fre per a viure.

Aproveitar o tempo!
Nenhum dia sem linha…
O trabalho honesto e superior…
O trabalho à Virgílio, à Mílton…

(Del poema «Apostilla»)

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       La época era mala para todas las artes. Estaba en decadencia la originalidad. También en la gastronomía había decadencia y debilidad. Todos los productos de la cuisine que se llamaba nuevos no eran más que variantes de platos ya conocidos. Una salsa diferente, un modo levemente distinto de condimentar o sazonar -así se distinguía el plato más reciente del que existía antes-. No había verdaderas novedades. Había tan sólo innovaciones.
(Cuentos de raciocinio)

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       Un poema es la expresión de ideas o sentimientos en un lenguaje que nadie emplea, puesto que nadie habla en verso.
(Libro del desasosiego)

       Yo no busco. Encuentro.
(Habla Picasso, Héléne Parmelin, Gustavo Gili, 1968)

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       Lo que me parece horrible hoy es que se busque la personalidad. No se desvive nadie por esa especie de ideal del pintor… como siempre fue. (Digo ideal, que es lo que más se acerca.) No. Se ciscan en eso totalmente. Sólo se desea hacer el regalo de la propia personalidad, darla al mundo. ¡Es algo horrible!

       Además, si se busca es porque no la hay…. Y si se encuentra a fuerza de buscarla, es porque es falsa.

       Yo sólo puedo hacer lo que hago.
(Habla Picasso, Héléne Parmelin, Gustavo Gili, 1968)

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       No lo digo todo, pero todo lo pinto…
(Habla Picasso, Héléne Parmelin, Gustavo Gili, 1968)

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       Y esos hombres trabajaban en una soledad increíble, que acaso era su bendición, aun cuando fuese su desgracia. ¿Qué hay más peligroso que la comprensión? Tanto más que no existe. Casi siempre es al revés. Uno cree que no está solo. Pero lo está más.
(Habla Picasso, Héléne Parmelin, Gustavo Gili, 1968)

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       Se puede decir todo lo que se quiera, y todavía más. Y lo que es peor. Además, es fácil decirlo.

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       Es preciso buscar algo que se desarrolle solo, algo natural, no fabricado, que se despliegue como es, “en forma natural y no en forma de arte”.

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       Lo que cuenta no es lo que el artista hace, sino lo que es. Lo que nos interesa de Cézanne es su ansiedad: ésta es su lección.

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       Sin acabar, una obra permanece viva, peligrosa. Una obra acabada es una obra muerta, asesinada.

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       Se hace siempre la misma cosa y, sin embargo, se puede hacer todo, ¿qué nos lo impide?

       Epifanía, manifestación es la poesía y esta manifestación se puede dar bien estando la palabra ausente o presente. La palabra no es en sí poesía. Con frecuencia impide, obstruye la realización de la poesía […].

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       Mi gozo por lo que no queda es absoluto. De ahí mi admiración por todo lo que se comporta como las nubes, con entrega a la fugacidad. Todo lo que desaparece se me antoja vivo y hermoso. El que aspira a la inmortalidad no sabe nada de la vida. La es vida es instante. […] ¿Hay nada más bello que la espuma de la ola? Un blanco sin pretensiones suspendido entre el azul del cielo y el verde del mar, de duración brevísima. […] No hay nada más que el olvido entre la suavidad y la esencia. Y éste, el olvido, es la pluma que utiliza la mente del poeta. Esa pluma que se evade, no el bolígrafo o el lápiz que arañan.

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       El poeta como tal no posee existencia en esta vida. El poeta es alguien que, por no pertenecer a la literatura, no tiene cabida en la fecha. Su actividad está fuera de cualquier calendario. Es y no es de pronto. Como el Guadiana, se entierra y se desentierra lejos del dato y de la fecha (caso de Góngora). Pero también se le lee como si existiese hoy, como si estuviera vivo. Sus palabras tienen la misma vitalidad que cuando fueron escritas. […] El poeta para mí es: aquél que ha logrado serlo por la invariabilidad de su lenguaje en los tiempos.

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       El que intenta hacer poesía aún no es poeta, camina hacia ella como el santo a la santidad. Ni al uno ni al otro, hasta su muerte, se les puede aplicar, en rigor, el título de santo o de poeta. Les parecería una ironía próxima en la ofensa. Es necesaria su muerte para que se les pueda aplicar con justicia el título de santo o de poeta. Paradójicamente, en la acumulación de años, después de fenecidos, les alcanza su juventud. Su verdadera vida en el altar o en la biblioteca.

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       No claudiquéis nunca, jóvenes poetas, si no queréis vivir constantemente entristecidos. La insistencia contra viento y marea siempre merece premio. Lo tiene en sí, va con ella.

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       El que pretende hacer poesía lo primero que hace es dejar de hacer, vive pasivamente mostrándose al otro, al posible lector en estado de naturaleza, de desnudez.

       Y hablo a los jóvenes: no desfallezcáis nunca porque la constancia, y hasta la testarudez, es fuente de alegría.

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       Sí, la poesía es manifestación: ahí está, ahí se queda. Dación neta, oblación total. Verdad. Bella palabra que si la dividimos en sílabas nos admirará más su belleza. Ver y dad: emblema vivo.

(poesía. Revista ilustrada de información poética, nº 33, 1990. Recoge «El premio en su fiel», texto del discurso leído por Francisco Pino en el acto de recepción del «Premio Castilla y León de las Letras 1989» el 23-4-1990)

       Ni me toma el pelo (Samuel Beckett), ni me pasea por jardines, ni me hace guiños de inteligencia, ni me da un remedio, o una senda, o una revelación, o un cacharro lleno de migajas de pan; no intenta venderme nada que yo no quiera comprar; le importa tres pitos si quiero o no quiero comprar algo; no se lleva la mano al corazón. Pues bien, voy a comprarle su mercancía con todos los cachivaches, porque no deja pasar un guijarro sin darle la vuelta, ni una lombriz sin fijarse en ella. Lo que produce es hermoso. Su obra es hermosa.
(Cartelera Turia)

       El mundo se divide en dos grandes mitades si lo miramos desde el ángulo de la personalidad: el de los que tienen fe y el de ‘los que dan fe’ […]. Los primeros reciben el nombre de seres humanos; los segundos, de artistas.

       Los que se dejan influir por los grandes maestros demuestran tener una personalidad insignificante. Las influencias de obras más pequeñas, de radio mucho más corto, pueden ser, sobre una personalidad adecuada, sumadas y bien digeridas, mucho mejores: utilísimas.
(El cuaderno gris)

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       La manifestación más luminosa de la consciencia, no es quizá pensar, ni siquiera recordar, sino contar. Contar es comprender. Ésta es la clave de la lucidez del poeta. Numerar el bramido interno, sordo y terrible del mundo, esto es la música.
(Viaje en autobús, Destino, 1942)

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       La formación moral e intelectual de un hombre o de una mujer requieren cuidados persistentes. Llegar a dominar un instrumento o una herramienta cualquiera, es cosa de larga paciencia. Los antiguos decían, comprensiblemente: ars longa, vita brevis. ¿Y el amor? ¿Y el ritmo de las cosechas? ¿Y la cocina? Todo lento, lentísimo.
(Viaje en autobús, Destino, 1942)

       ¿Cómo se convierte alguien en escritor? No es una vocación, a quién se le ocurre, no es una decisión tampoco, se parece más bien a una manía, un hábito, una adicción, si uno deja de hacerlo se siente peor, pero tener que hacerlo es ridículo, y al final se convierte en un modo de vivir (como cualquier otro).
(Babelia, 29-8-2015)

       Toco tanto para el público como para mí mismo. Y, generalmente, soy bastante más crítico que quienes acuden a mis conciertos. Alguna vez me las apaño para gustarme a mí mismo. […] Se necesita mucho tiempo para preparar una obra. Es un proceso que requiere sus pasos.

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       Tampoco hay conocimiento. […] La gente canta sin voz, dirige sin saber dirigir… […] Puede parecer poco importante para la gente de a pie, pero ¿cómo se sentirían si se subieran a un autobús y se enteraran de que el conductor puede conducir, pero no tiene carné?

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       No suelo escuchar mis discos. Cuando grabo, trato de hacerlo lo mejor posible…

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       El mundo está lleno de mediocres que triunfan.

       Yo amo cualquier tipo de película. Mi intelecto me exige hacer el tipo de filmes que hago, pero mi parte más hedonista, mis gustos como espectador, me piden también esos productos en las antípodas de lo que hago para mí.

       Cada vez que releía a los clásicos, tanto a los modernos como a los antiguos, el entusiasmo y la admiración me sobrecogían, pero a un tiempo me decía interiormente: “¡Hecho!” (y, por lo tanto, para no rehacer).

       Por una parte, en efecto, los modelos (de espíritus, caracteres y costumbres) propuestos por esas obras me parecían inalcanzables, en todos los sentidos de la expresión, un poco como los dioses o los héroes de la liturgia antigua. Por otra parte, experimentaba un violento deseo de tirarme al suelo, sacar agua, escarbar la tierra, coger los frutos, toparme con los objetos. Esto era lo único que me parecía natural y digno.
(El jabón, Pre-Textos, 1988)

       Si no te mueves te concentras en lo que importa.
(El Mundo, 30-11-2012)

       El mundo perdona tus defectos, no tus virtudes.

       La buena prosa no te causará perjuicio alguno. Es una buena disciplina la que se adquiere al tratar de escribirla. La traducción es también un buen entrenamiento.

       Nunca he tenido problemas de creatividad.

       Motivos que impulsan la creación artística: necesidad de expresión, instinto de juego, propensión ornamental, tendencia al orden, directriz imitativa y necesidad de símbolos.

       Hablar de la “carrera literaria” supone también concebir la literatura como una actividad que es llevada a cabo de forma progresiva y en la que cada paso nos acerca a la meta, lo que, por supuesto, es falso: no existe esa meta, y, aun en el caso de que existiera, estar a diez pasos de ella no significaría estar más próximos de su final que cuando todavía nos encontrábamos a treinta porque la literatura es una actividad en la que abundan los avances, pero también los retrocesos y las vueltas atrás. Un buen primer libro no supone que se escribirá un segundo libro mejor -a menudo sucede lo contrario- y ni la juventud ni la madurez garantizan obras maestras. Tampoco lo hacen el ser desconocido ni el haber alcanzado cierto reconocimiento, ni el haber ejercido múltiples oficios o haberse dedicado plenamente a la escritura.

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       El prestigio literario no es bien inmueble ni una inversión que uno pueda ir aumentando a cada paso que da hasta cruzar la renta y rentabilizarla de un modo u otro: los prestigios -y las fortunas- se crean y se derrumban con la misma facilidad sin que nada tenga más importancia para su suerte que la calidad de los libros que se escriben, que es la primera cosa en la que los escritores dejan de pensar cuando empiezan a concebir lo que hacen en términos de una “carrera”. Pensar en esos términos es, en cierto sentido, el resultado natural de la pérdida de prestigio social de la literatura, pero resulta sorprendente que pocos escritores vean que esa pérdida de prestigio de la producción es también el resultado de la visión mercantilista de la literatura que se esconde detrás de la concepción errónea de la producción literaria como una carrera.

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       A veces se escribe, al borde de la asfixia porque los escritores que lo precedieron no se mueven y los que vendrán detrás de él lo empujan para que les deje sitio; carece incluso de la certeza de que lo que hace tenga algún sentido, pero lo hace, y procura no despertarse nunca del sueño de la literatura, sólo que algunos conciben éste como una terrible pesadilla.

(Babelia, 29-9-2012)

       Cuando volvía yo vibrando como una colmena con todas las frases que me habían preocupado y que seguían resonando en mí.

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       El escritor que sintió varias veces el contento de haber llegado a un determinado punto de satisfacción en la expresión de su pensamiento, planta así para siempre los jalones de su talento; igual que uno mismo, dejándose llevar de la pereza, del placer o del miedo a sufrir, dibuja en un carácter que acaba por ser imposible de retocar la figura de sus vicios o los límites de su virtud.

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       El que puede lo mucho no por eso también puede lo poco […].

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       La incuria que para los demás hombres está diluida en su existencia entera, en esa vida en la que afrontan a diario y sin necesidad los peligros de un viaje por mar, de un paseo en aeroplano o en automóvil, cuando en casa les está esperando un ser a quien destrozarían con su muerte, o cuando aún tienen confiado tan sólo a la fragilidad de su cerebro el libro cuyo remate es el único motivo de su existencia.

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       Lo que nos posibilita la creación de una obra no es el deseo de celebridad, sino la costumbre de ser laborioso […].

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       Un verdadero escritor, exento del estúpido amor propio de tanta gente de letras, si, al leer el artículo de un crítico que siempre le ha mostrado la mayor admiración, ve citados los nombres de autores mediocres y no el suyo, no tiene tiempo de detenerse en lo que pudiera ser para él un motivo de extrañeza: le reclaman sus libros.

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       Los seres que tienen la posibilidad de vivir para sí mismos -claro que estos seres son los artistas- tienen también el deber de vivir para sí mismos […].

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       Pero el genio, y aun un gran talento, proviene, más bien que de elementos intelectuales y de refinamientos sociales superiores a los ajenos, de la facultad de transponerlos y transformarlos. Para calentar un líquido con una lámpara eléctrica no se trata de buscar la lámpara eléctrica más fuerte, sino una cuya corriente pueda dejar de alumbrar, para derivarse y dar en vez de luz calor. Para pasearse por los aires no se requiere el automóvil más potente; lo que se necesita es un automóvil que no siga corriendo por la tierra, que corte con una línea vertical la horizontal que seguía, transformando su velocidad en fuerza ascensional. Y ocurre igualmente que los productores de obras geniales no son aquellos seres que viven en el más delicado ambiente y que tienen la más lúcida de las conversaciones y la más extensa de las culturas, sino aquellos capaces de cesar bruscamente de vivir para sí mismos y convertir su personalidad en algo semejante a un espejo, de tal suerte que su vida, por mediocre que sea en su aspecto mundano, y hasta cierto punto en el intelectual, vaya a reflejarse allí: porque el genio consiste en la potencia de reflexión y no en la calidad intrínseca del espectáculo reflejado.

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       Nosotros no somos al modo de fábrica arquitectónica a la que se puede añadir piedras desde fuera, sino árboles que sacan de su propia savia cada nuevo nudo de su tallo, cada capa superior de su follaje.

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       Por lo general, vivimos con nuestro ser reducido al mínimum, y la mayoría de nuestras facultades están adormecidas porque descansan en la costumbre, que ya sabe lo que hay que hacer y no las necesita.

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       Quizá su único defecto desde el punto de vista de la creación pura era ser un maestro, en este sentido de la palabra maestro, porque un artista, para entrar en la plena verdad de la vida espiritual debe estar solo y no prodigar lo suyo, ni siquiera a sus discípulos […].

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       Una simpatía es preciosa siempre. Lo que no es posible hacer solos en la vida, porque hay cosas que no puede uno pedir, ni hacer, ni querer, ni aprender por sí mismo, puede lograrse entre varios […].

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       Un libro realmente bueno es particular, imposible de prever, y no consiste en la suma de todas las precedentes obras maestras, sino en algo que no se logra con haberse asimilado perfectamente esa suma, porque está precisamente fuera de ella.

       Cuando escribes, no te planteas si algo quedará, aunque en el fondo hay un afán de consistencia, de que no sea sólo un mero desahogo. El creador tiene la osadía de convertirse en portavoz del ansia de inmortalidad que todos tenemos.

       Cuando estudiaba, un profesor me dio un sabio consejo: “Entre dos opciones, elija siempre ambas a la vez”.
(Babelia, 8-11-2014)

       Destruir el secreto individual tiene un objetivo político.
(Babelia, 20-09-2012)

       Para mí, el pasado cambia continuamente, mientras que el futuro permanece siempre el mismo.
(El arte de nuestro tiempo)

       El pintor que encontró su técnica no me interesa. Cada mañana/ se levanta sin pasión y, tranquilo y apacible, prosigue el trabajo comenzado la víspera./ Sospecho en él cierto hastío, propio del obrero virtuoso que prosigue su tarea/ sin el relámpago imprevisto del momento feliz./ No tiene el tormento sagrado, cuya fuente reside en lo inconsciente/ y lo desconocido; nada espera de lo que será. Yo amó lo que nunca ha sido.

       Estaba contemplando el autorretrato de Van Gogh cuando de repente escuché: “Te hablo a ti a través de ti”. ¿Cómo, qué? “Te hablo a ti a través de ti”. Y entonces me di cuenta de que, si mi equilibrio no fuera lo suficientemente tranquilo, no sería capaz de escuchar esa voz interior, y que el proceso se detendría. Porque eso que llaman bloqueo muchas veces sucede solamente porque, en tu ansiedad de alcanzar la inspiración, lo estropeas todo. De modo que para conservar el talento tienes que tranquilizarte. Y por eso soy muy cuidadoso, porque no quiero perder nunca a mi amigo.
(El País, entrevistado por Rosa Montero en enero 1992)

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       Pero ya no me pongo nervioso nunca más. Y sé que lo único que tengo que hacer es permanecer receptivo, no entorpecer el proceso, y especialmente no introducir emociones inútiles como la de la angustia. En fin, ahora me conozco a mí mismo. Ésa es una de las cosas que llegan con la madurez. Sé como trabajo. Sé que mi talento nunca me va a traicionar. Nunca me va a dejar.
(El País, entrevistado por Rosa Montero en enero 1992)

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       Es que para alguien como yo, si no puedes escribir, nada tiene sentido. Escribir es mi todo, mi vida, y que de pronto te lo quiten… o ni siquiera eso, porque si alguien viene y te lo quita siempre puedes ir a recuperarlo, pero era peor, era la sensación de que se había evaporado, mirabas alrededor y no había nada, no quedaba nada. Y seis meses después, aún nada, cero… Era inaguantable. Pero al final he conseguido alcanzar un equilibrio con el talento, he hablado con esa parte de mí… O sería más exacto decir que esa parte de mí, la inspiración, el talento, como quieras llamarlo, me ha hablado a mí.

       Me dijo: “Nunca te abandonaré”. Literalmente. Li-te-ral-men-te. En palabras reales. Literalmente. “No te abandonaré nunca y no te traicionaré”. Y como contrapartida, yo, a mi vez, no haré ya más cosas que puedan romper el equilibrio.
(El País, entrevistado por Rosa Montero en enero 1992)

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       A mí me gusta escribir. Necesito escribir.

       Y escribiría aunque no tuviera ningún contrato con una casa de discos. Sin embargo, eso sí, me gusta tener fechas límites, me son muy útiles, y si no las tengo me las invento.

       Para levantarte y ponerte realmente a hacerlo, para dejar de pensar en ello y pasar a la ejecución. Porque de otro modo puedo pasarme pensado mucho, mucho tiempo.
(El País, entrevistado por Rosa Montero en enero 1992)

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       Andy trabajaba muchísimo. Una de las cosas que se aprenden en la Factory es que para hacer aquello que quieres hacer, tienes que trabajar muchísimo. Si no trabajas muchísimo y sin parar, bueno, pues no conseguirás nada. Y de la gente que conozco, Andy es la persona que más trabaja. Me hacía comentarios sobre nuestro trabajo. Cada vez que me preguntaba cuántas canciones había escrito ese día, independientemente del número que yo le contestase, siempre me decía: “Tienes que hacer más”. El caso es que muchas cosas las aprendí así, a las duras. Pero, sobre todo, comprendí que había que trabajar para llegar a algo, el trabajo lo es todo. Deberíamos trabajar veinticuatro horas al día. Él trabaja muchísimo.
(Up-Tight. La historia de The Velvet Underground, Editorial La Máscara)

Lo que un tonto hace,
puede hacerlo otro tonto.

Quien mucho abarca,
poco aprieta.

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Quien muchas cosas emprende,
a ninguna atiende.

       La vida es demasiado corta para hacer todo lo que a uno se le ocurre.
(El País, 8-1-1994)

       La literatura tiene poco que ver con la esperanza, de la que no soy muy partidario. La esperanza es prima segunda del sometimiento. Como decía Virgilio, la única salvación es no esperar ninguna.

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       Hasta el bueno de Antonio Machado fue capaz de chulerías tan engreídas como decir: “me debéis cuanto he escrito”. El afecto se lo merece más cualquier cajera-reponedora del súper.

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       La pirámide lectora es tan importante como la de los alimentos y funciona más o menos igual. Hay que leer de todo, aunque la base siempre son los clásicos, que alimentan mucho y apenas engordan; también se recomienda el consumo diario y moderado de poesía láctea y novela contemporánea de carne o pescado; hay que leer sesudos ensayos igual que hay que comer verduras y frutas; y el vértice de las pirámides están, como siempre, las deliciosas chucherías, las golosinas, la bollería industrial y esas hamburguesas hechas con párpados de ternera: son los best-sellers que nos dan tanto placer y se comen casi sin darse cuenta, pero de los que no conviene abusar, si no queremos perder la línea o atrancar las neuronas con prejuicios, ideas bobas pronunciadas con solemnidad y espesos clichés de colesterol.
(ABC Cultural, 17-12-2011)

       La rima es una gran diosa, de coincidencias muy secretas y antiguas y nunca podemos dejar apagar el fuego ante sus altares […]. Confiere, por medio de su consentimiento misterioso, un aplomo, una seguridad que nada podría sustituir.

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       El principio de mi trabajo es una apasionada sumisión al objeto que me ocupa, al que, dicho con otras palabras, pertenece mi amor.

       La inversión de este sometimiento acaba produciéndose, de un modo inesperado para mí mismo, en el acto creador que surge de pronto dentro de mí, en el que soy tan inocentemente activo y superador como fui sumiso de un modo inocente y puro en la fase precedente.
(El testamento)

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       Lo que ninguno aún a querer se atrevió se me hará natural en un día futuro.
(Libro de horas)

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       No hay medida en el tiempo: no sirve un año y diez años no son nada; ser artista quiere decir no calcular ni contar: madurar como el árbol que no apremia a su savia, y se yergue confiado en las tormentas de primavera, sin miedo a que detrás pudiera no venir el verano. Pero viene sólo para los pacientes, que están ahí como si tuvieran por delante la eternidad, de tan despreocupadamente tranquilos y abiertos. Yo lo aprendo diariamente, lo aprendo bajo dolores a los que estoy agradecido: ¡la paciencia lo es todo!
(Cartas a un joven poeta)

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       […] Es por falta de fuerza, por distracción y por errores hereditarios que perdemos casi del todo las innumerables riquezas que aquí nos fueron destinadas.
(En Rilke, J.-F. Angelloz, traducción de Alfredo Terzaga, Sur, 1955)

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       Se debería esperar y saquear toda una vida, a ser posible una larga vida; y después, por fin, más tarde, quizá se sabrían escribir las diez líneas que serían buenas. Pues los versos no son, como creen algunos, sentimientos (se tienen demasiado pronto), son experiencias. Para escribir, un sólo verso es necesario haber visto muchas ciudades, hombres y cosas; hace falta conocer a los animales, hay que sentir cómo vuelan los pájaros y saber qué movimiento hacen las florecitas al abrirse por la mañana. Es necesario poder pensar en caminos de regiones desconocidas, en encuentros inesperados, en despedidas que hacía tiempo se veían llegar; en días de infancia cuya misterio no está aún aclarado; en los padres a los que se mortificaba cuando traían una alegría que no se comprendía (era una alegría para otro); en enfermedades de infancia que comienzan tan singularmente, con tan profundas y graves transformaciones; en días pasados en las habitaciones tranquilas y recogidas, en mañanas al borde del mar, en la mar misma, en mares, en noches de viaje que temblaban muy alto y volaban con todas las estrellas -y no es suficiente incluso saber pensar en todo esto-. Es necesario tener recuerdos de muchas noches de amor, en las que ninguna se parece a la otra, de gritos, de parturientas, y de leves, blancas durmientes paridas, que se cierran. Es necesario aún haber estado al lado de los moribundos, haber permanecido sentado junto a los muertos, en la habitación, con la ventana abierta y los ruidos que vienen a golpes. Y tampoco basta tener recuerdos. Es necesario saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener la paciencia de esperar que vuelvan. Pues los recuerdos mismos, no son aún esto. Hasta que no se convierten en nosotros, sangre, mirada, gesto, cuando ya no tienen nombre y no se les distingue de nosotros mismos, hasta entonces no se puede suceder que en una hora muy rara, del centro de ellos se eleve la primera palabra de un verso.
(Cuadernos de Malte LauridsBrigge)

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       […] Para mí es siempre de una importancia extrema, en todas las artes, que lo decisivo no sea la apariencia, el “efecto” (lo que se suele llamar “lo bello”), sino la causa más interna y profunda, la esencia subterránea que hace surgir esa apariencia -que no tiene por qué ser reconocible de inmediato como belleza- […].
(Recuerdos de Rainer Maria Rilke, Marie von Thurn und Taxis, traducción de Joan Parra Contreras, Editorial Memoria, 1991)

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       Todas las mañanas me despierto con un hombro frío, allí donde tendría que agarrar la mano que me sacudiera. ¿Cómo es posible que yo ahora, preparado y educado para la expresión, permanezca propiamente sin vocación, sobrante?
(R. M. Rilke, H. Eson Holthusen, Alianza, 1993)

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       Creo en todo lo nunca dicho aún.
(Libro de horas)

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       Cézanne lo entendió muy bien cuando, durante los treinta últimos años de su vida, se alejaba de todo lo que pudiera “venir a echarnos la zarpa”, como decía él, y cuando, a pesar de ser tan creyente y fiel a las tradiciones, se negó incluso a asistir al entierro de su madre por no perder un día de trabajo. Cuando me enteré de todo eso fue como si me traspasara una flecha, pero una flecha resplandeciente que dejase en llamas mi corazón, al atravesarlo, en un incendio de clarividencia.

       Hay pocos artistas en nuestros días capaces de concebir esta obstinación, esta violenta testarudez, pero yo estoy convencido de que sin ellas se queda uno siempre en los arrabales del arte, ya lo bastante ricos, desde luego, como para permitirle a uno gratos descubrimientos; pero no frecuenta uno, sin embargo, más que como jugador que, sentado ante el tapete verde y teniendo a veces incluso su “buena racha”, permanece, con todo, esclavo del azar, un simple mono de imitación, dócil y astuto, de la ley.
(Cartas francesas a Merline)

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       El pintor no debería llegar a percatarse de sus intuiciones (como el artista en general); es preciso que sus progresos, para él mismo enigmáticos, se trasieguen, sin el rodeo de la reflexión, tan rápidamente a su obra que en el momento en que aparezcan no pueda reconocerlos.
(Cartas sobre Cézanne)

Millón de pájaros de oro,
oh futuro vigor.

       Si no te mueves, no sales en la foto.
(El País, 2-3-1991)

       La poesía es un arte y en ella habitan la música y la pintura, la arquitectura y la danza: el espacio y el tiempo.

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       La poesía consiste en nutriciones y en secreciones […].
(El País, 11-12-1986)

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       Yo no puedo escribir verso libre. Y eso puede ser una limitación. Ahora bien, te repito que para mí la destreza, el oficio, son fundamentales en cualquier manifestación humana, y en nuestro caso, en la poesía. Muy pocos poetas saben escribir en verso libre y de manera semejante muy pocos saben escribir en versos o cánones tradicionales.

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       El estilo, por tanto, sea en verso libre o en el tradicional, consiste en la personalidad, en la calidad del espíritu.
(El País, 11-12-1986)

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       Yo comencé a escribir caminando, andando. Hice la poesía que llaman los tratadistas del siglo XVIII de la naturaleza, que es lo que veía, una cosa absolutamente vital. Los campos de mi tierra, de Zamora, de Salamanca, de Valladolid. Yo tenía que expresar esa ebriedad, ese entusiasmo ante la naturaleza. Pero repito que no me importaba la forma, la belleza o no del paisaje. Era el impulso sin razonamiento, la exclamación que de ahí me provenía.
(El País, 11-12-1986)

Y todo el mundo escucha
lo que les vas a decir
para decirte que está mal,
para decirte: no está bien.
Ya no sabes qué hacer.

       Cuando nada sucede hay un milagro que no estamos viendo.

       Caminar, leer, pensar, caminar tiene un efecto euforizante, nos resitúa en la tierra, libera el cerebro y recupera el cuerpo frente a la incorporeidad creciente de nuestras vidas, nos vincula a quienes andan a nuestro lado, nos hace libres al buscar espacios libres y tiempo libre para recorrerlos.
(Babelia, 25-04-2015)

       Si tuviera que pasar el resto de mi vida sentado en una habitación haciendo canciones me sentiría a gusto. No sería un problema para mí.

       Si se escribe una página al día, al año tendrás 365 páginas y, por lo tanto, un libro. No es una hazaña ni un gran esfuerzo.
(ABC Cultural, 17-11-2012)

       Es nuestra función de artistas el hacer que el espectador vea el mundo a nuestra manera, no a la suya.

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       Un cuadro vive por compañerismo, y se expande y aviva gracias a la mirada del contemplador sensible. Muere por la misma razón. Es, por tanto, algo peligroso e insensible el exponerlo al mundo. ¡Con cuánta frecuencia ha de estar expuesto a las miradas de los vulgares y la crueldad de los impotentes que desean hacer extensible su aflicción al universo!

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       Algunos artistas lo quieren expresar todo, pero para mí es más sagaz expresar poco.

       La sublimidad de un escritor es la consecuencia lógica de su lucha agonística con el precursor (Harold Bloom). Ser sublime equivale a no darse por vencido en esa confrontación y a no resignarse a ser menos creativo que el modelo al que se enfrenta. La sublimidad acarrea la originalidad absoluta y ésta el exceso de significado, un rasgo infalible para reconocer a la gran literatura.
(El País Libros, 30-11-1991)

       Llega un tiempo en el que caes en la cuenta de que todo es un sueño, y sólo lo que se ha preservado por escrito tiene alguna posibilidad de ser real.
(El Cultural, 4-4-2014)

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       Uno tiene que escribir algo que sea fresco y que no se parezca a nada más. Es lo que yo llamo la voz de un escritor.
(El Mundo, 4-4-2014)

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       Escribo porque escribo. Es muy difícil pensar en que alguien leerá mis libros dentro de cien años. Debes de ser muy vanidoso o considerarte muy bueno para creer eso.
(ABC cultural, 1-3-2014)

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       Uno nace con el impulso de escribir. Puede que no emerja hasta cierto momento de tu vida, pero naces con ello.
(ABC cultural, 1-3-2014)

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       Tu única esperanza es haber escrito el libro que querías escribir. Y el resto está ahí.
(ABC cultural, 1-3-2014)

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       ¿Cuál es el estado ideal para un escritor? Creo que la esperanza.
(ABC cultural, 1-3-2014)

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       Mi único arrepentimiento a lo largo de todos estos años es no haber escrito cosas, incluso pequeñas. Encuentro un gran placer escribiendo, incluso en el acto físico de escribir. Es un disfrute, un gozo.
(ABC cultural, 1-3-2014)

       En las épocas en que compongo, como no hago ninguna otra cosa, es todos los días la misma historia: levantarse muy tempranito a hacer canciones, a intentar que salga algo, y dar paseos como un lobo enjaulado a ver si sale algo, que incluso pasan años sin que salga nada.
(El País Semanal)

       El que patina sin competir patina libre, ligero, feliz, donde quiere. El que compite se está sacrificando por el yo, una cosa horrible.
(Babelia, 11-04-2015)

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       La frase tiene que ser respiratoria, tiene que poderla decir uno bien con comas y puntos y comas con el mismo aliento, sin tener que renovar el aire y sin tener que decir “venía diciendo”.
(Babelia, 11-04-2015)

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       ¿«Hay que maquillarse para triunfar»? Creo que la tiranía es más bien tener que triunfar.
(Campo de retamas, 2015)

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       Toda estética es una antigua ética. (He ahí otra de las cosas que adivinó Cervantes.)
(Campo de retamas, 2015)

       Se podría enseñar a hacer lo que Eliot recomendaba en relación con la literatura: no creer demasiado en “artistas” de cuya muerte no hayan transcurrido cien años.
(El Cultural, 15-2-2013)

       Es otro libro nuevo de aquí adelante, digo otra vida nueva.
(Libro de la vida)

       El saber que una obra está acabada dejándola inacabada es una de las cualidades fundamentales del buen pintor, aunque parezca una paradoja. Todo aquello que está realmente acabado está muerto. A las obras inacabadas siempre les queda vida y dinamismo. Hay cuadros a los que hay que abandonar para que sigan viviendo, aunque sean imperfectos.
(El Mundo, 8-9-1994)

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       Yo estoy seguro de que un pintor no puede hacer más que aquello que puede hacer. No se puede forzar el registro, y si se hace por la voluntad, o por la ambición, o por frivolidad, o por moda -que es lo más grave-, un pintor se traiciona a sí mismo y su obra desmerece siempre. No creo en el pintor camaleónico.
(El País, 27-9-1989)

       Esa especie de rapacidad que existe aquí me pone muy nervioso, es odiosa. De pronto parece que toca, como en un sorteo, hundir a fulanita de tal, y entonces se le odia. Simplemente es que le ha llegado el momento. Luego toca el turno de recuperar a menganito, y se le recupera.
(El País Semanal)

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       Cuando se tiene una obra tras de sí, uno se siente más libre para decir lo que le plazca, para mostrar la amargura que le producen ciertos comentarios un poco mezquinos.
(El País Semanal)

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       Ahora tengo 60 años y siempre digo que a esa edad empezó la segunda carrera de Luis Buñuel, que fue cuando vino a España a hacer Viridiana y entró en una etapa maravillosa.
(El País, 28-11-1992)

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       Creo que lo mejor es explotar aquello que tengas de personal. Tu vida, tus vivencias, lo que seas capaz de imaginar. Aunque el éxito que obtengas sea menor, siempre vale la pena la aventura de hacer algo personal.

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       Esta manera de ser nuestra tiene una ventaja: aquí nunca puedes llegar a creerte que eres un gran hombre, porque te machacan antes. Eso de tener que estar planteándote siempre si eres un imbécil, como ellos dicen, te obliga a replantearte todo. Mira, siempre duelen las malas críticas, incluso la de los imbéciles. Uno nunca es tan fuerte como quisiera. Puedes llegar a conmoverte, a considerar que todo lo que has hecho es un desastre. Yo, tras el estreno de casi todas mis películas, he caído en una especie de depresión. Luego te rehaces y comprendes que sólo te queda un camino: seguir haciendo lo que te gusta. Te dices: vamos a ver hasta dónde aguanto o hasta cuándo aguantan los demás.

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       Todas las películas tienen imperfecciones, a todas se les pueden encontrar defectos. Es más, las imperfecciones hacen que una película sea interesante. Me encantan las películas imperfectas.

       Citar es un arte, mancillado por la proliferación de incompetentes y pedantes.

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       Por medio de las citas encuentra uno los espíritus más afines al propio de la fratría literaria. Si leo una frase que me impacta, eso no quiere decir forzosamente que su autor me resulte anímicamente próximo. Al contrario, a veces las citas que más me gustan son las que expresan mejor opiniones que me resultan intolerables: como Unamuno (¿será esto otra cita?), soy de los que subrayamos en los libros aquello que nos desmiente. Pero cuando veo que alguien incluye en su texto la cita que yo también hubiera buscado para el caso, cuando alguien me repite de un libro o de un artículo la frase que realmente no puede ser pasada por alto, entonces sé que he encontrado una suerte de hermano literario, aunque nuestra hermandad se parezca más a la de Caín y Abel (o a la de Cástor y Pólux) que a la de los hermanos Marx. A fin de cuentas, poner una cita es lanzar una bengala de aviso y requerir cómplices. Porque son cómplices lo que uno necesita: los lectores nunca bastan.

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       Las personas que no comprenden el encanto de las citas suelen ser las mismas que no entienden lo justo, equitativo y necesario de la originalidad. Porque donde se puede y se debe ser verdaderamente original es al citar. Por eso algunos de los escritores de nuestro siglo, como Walter Benjamin o Norman O. Brown, se propusieron (y el segundo llevó en Love’s body su proyecto a cabo) libros que no estuvieran compuestos más que de citas, es decir, que fuesen realmente originales… Los maniáticos anticitas están abocados a los destinos menos deseables para un escritor: el casticismo y la ocurrencia, es decir, las dos peores variantes del tópico. Citar es respirar literatura para no ahogarse entre los tópicos castizos y ocurrentes que se le vienen a uno a la pluma cuando nos empeñamos en esa vulgaridad suprema, “no deberle nada a nadie”.

       En el fondo, quien no cita no hace más que repetir pero sin saberlo y sin elegirlo. Los que citamos asumimos en cambio sin ambages nuestro destino de príncipes que todo lo hemos aprendido en los libros (y ahí va otra cita disimulada ja, ja, larvatus prodeo…).
(El País, noviembre 1991, en “Citas”)

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       ¿Por qué citar? Hay dos razones: la modestia y el orgullo. Se cita por modestia, reconociendo que el acierto que se comparte tiene su origen y que uno llegó después. Se cita por orgullo, ya que es más digno y más cortes, según dijo Borges (¿me perdonarán la cita?), enorgullecerse de las páginas que uno ha leído que de las que ha escrito. Lo mismo que el viajero habla de lo que vio en sus travesías, lo mismo que el cazador exhibe las cabezas disecadas de sus mejores piezas, lo mismo que el paseante junta las flores que ha encontrado en un ramillete y lo ofrece a la persona querida, citar es otra forma de decir “no he vivido en vano” (en este caso, “no he leído en vano”) y también “estaba pensando en ti”. Nada de esto tiene que ver con el afán de erudición, pues la erudición no es más que el polvo que cae en un cráneo vacío desde una biblioteca en un cráneo vacío, según el lapidario dictamen de Ambroise Bierce en su Diccionario del diablo (¡santo cielo, otra cita más!, según el). En el trabajo del erudito, sólo las citas son memorables; en cambio, quien sabe citar porque también sabe escribir realza lo digno de ser recordado de su texto con las citas que lo subrayan y acompañan.
(El País, «Citas», noviembre de 1991)

       Así como la literatura está limitada a un puñado de temas arquetípicos, del mismo modo está obligada, en el plano de la expresión, a la revolución permanente.
(Quimera, «El futuro de la novela», nº 72)

       El mejor estilo es el que nace de tener algo que decir.

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       Lo que la gente llama comúnmente el destino son casi siempre sólo sus propias imbecilidades.

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       No hay en la vejez más hermoso consuelo que haber inyectado toda la fuerza de la propia juventud a obras que no envejecen con uno.

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       A la gloria que se presenta pronto hay que añadir también la falsa, es a saber: la artificial, la gloria de una obra proporcionada por alabanza injusta, buenos amigos, críticos comprados, indicaciones de arriba y convenios de abajo, presuponiendo verdadera falta de jucio en la multitud. Se asemeja a las vejigas, con las que se hace nadar un cuerpo pesado. Lo llevan largo o corto tiempo, según estén bien hinchadas y atadas fuertemente; pero el aire se filtra no obstante poco a poco, y al fin el cuerpo se hunde. Ésta es la inevitable suerte de las obras que no tienen el origen de su gloria en sí; la falsa alabanza deja de sonar, los convenios se acaban, el experto halla la gloria no justificada, ésta se apaga y un desprecio mayor ocupa su lugar. En cambio, las verdaderas obras que tienen el origen de su gloria en sí, y que, por lo tanto, son capaces de excitar de nuevo en cualquier tiempo la admiración, semejan a los cuerpos específicamente ligeros, que con medios propios se mantienen siempre arriba, y así descienden la corriente del tiempo.
(Parerga y Paralipomena. Cita tomada de La lectura, los libros y otros ensayos, Edaf, traducción de Edmundo González-Blanco, 1996)

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       A los escritores se les puede dividir en estrellas fugaces, planetas y estrellas fijas. Los primeros producen el estruendo momentáneo; se ven, se exclama «¡mira!» y desaparecen para siempre. Los segundos, es decir, las estrellas errantes y planetas, tienen mucha más consistencia. Brillan, aunque sólo a causa de su proximidad, a veces con más claridad que las estrellas fijas, y los inexpertos las confunden con éstas. Sin embargo, pronto abandonan su lugar; tienen además solamente luz prestada, y una esfera de acción limitada a colegas de órbita (comtemporáneos). Andan y cambian; una vuelta de algunos de duración, y acaban. Sólo las terceras son inmóviles, fijas en el firmamento; tienen luz propia, ejercen su acción en una época como en otra, no cambiando de aspecto porque nosotros cambiamos de posición, pues no tienen eje de paralelismo. No pertenecen, como aquéllas, a un solo sistema (nación), sino al mundo. Pero precisamente por su altura necesitan su luz generalmente muchos años antes de hacerse visibles a los habitantes de la Tierra.
(Parerga y Paralipomena. Cita tomada de La lectura, los libros y otros ensayos, traducción de Edmundo González-Blanco, Edaf, 1996)

       La poesía es -como Gerardo Diego dijo- “un único verso interminable” que todos los poetas, cada cual en su tiempo y a su modo, van a intentar enunciar.
(ABC Cultural, 28-1-2012)

       Quien tiene algo que decir se somete; y quien no, juega.

       Desde cierto punto de vista es posible considerar a nuestras artes como metáforas de las actitudes y supuestos de nuestra cultura.

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       Pero el verdadero poder del Arte no reside en escuchar ni en contemplar la obra terminada, sino en el mismo acto de la creación.

       Creo en el deseo de la carne y en la irremediable soledad del espíritu.

       Con la edad y con un cierto grado de éxito -grado que depende de que el escritor haya sido capaz de sentarse en una habitación cada día, año tras año, solo-, llegan un montón de invitaciones para tomar aviones […].
(El País, 1-05-1986)

       Escribir nunca ha sido una tarea fácil, es encontrarse a solas con tus límites, tus miedos, es tratar de girar en torno a una verdad efímera, un planeta solo flotando en la inmensidad.

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       Vivir fuera nos deja siempre en ruinas, hay que traducir la experiencia. El lenguaje entonces es la única identidad. Y esa carta robada a la vida, dirigida a todo el mundo, vagará por ahí, sola, a la espera de que alguien la lea. Terrible contradicción de la literatura: un hacer vital que se alimenta del contacto con personas encarnadas para mantenerse en movimiento, y que, poco a poco, por aceptar colocarse fuera de la vida, terminará aislado y sin aliento. Pienso que esas cartas interminables seguirán estando dirigidas a cualquiera que pase delante y descubra el brillo hipnótico de un idioma, de una lengua, de una escritura que recorre la vida.
(Babelia, 23-11-2013)

       Una vez consagrados, los artistas pierden el interés en la aventura espiritual.
(El País, 31-10-1987)

       Chandler siempre se quedaba empantanado y eso que antes de empezar tenía el personaje, el escenario, la rutina. Era un cascarrabias que llenaba los tiempos en blanco dictando cartas maravillosas a gente a la que sus problemas le importan un pito. Pero usted no recuerda a Chandler por eso, sino porque él escribió en alguna parte que también el talento se consume, igual que una vela. Un día se acaba, y listo. Se refería a Dashiel Hammett, y entonces a usted le viene un terror pálido, porque Dash se acabó joven, ya el hombre flaco lo escribió a los tirones, encerrado en la pieza de hotel que le había facilitado Nathaniel West. Sí, por supuesto que Hammet era un borracho, pero ¿y usted qué? ¿Acaso es un puritano de la macrobiótica que sale a correr por las mañanas y va a visitar a su editor en bicicleta? ¡Vamos! Usted se intoxica con tabaco, hipnóticos, aspirinas y alcohol, igual que su querido Scott Fitzgerald. Y que Rulfo.
(El País, 1-10-1988)

       ¿Acaso un camino es menos bonito por haber espinas en los matorrales que lo bordean? Los viajeros siguen su camino, dejando a las espinas aburrirse en donde están. Además, manos a la obra, mi querido amigo, ¡manos a la obra!
(Rojo y Negro)

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       Ser tranquilamente, obstinadamente uno mismo. (En palabras de Antonio Muñoz Molina)

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       Lo que importa no es el libro, su proyecto o su forma final, sino la urgencia de registrarlo todo, por gusto, por vicio, porque uno está solo y se aburre, o porque está triste, o porque no cabe en sí de entusiasmo, o porque no quiere olvidar algo que le han contado, o ni siquiera eso, porque es de noche y tiene un cuaderno y una pluma y un tintero, porque da gusto notar cómo la pluma se sumerge en la tinta. Cuando no tiene pluma, escribe a lápiz, dice; escribe en el rato que tardan los postillones en cambiar los caballos en la diligencia. (En palabras de Antonio Muñoz Molina.)

       Una de las funciones del poeta en cualquier época es descubrir mediante su propio pensamiento y sentimiento qué es lo que a su juicio es la poesía en esa época. Normalmente, lo que descubra lo revelará en su propia poesía como si fuese la poesía misma. Lo más frecuente es que ejerza esta función sin darse cuenta, de manera que las revelaciones de su poesía, si bien definen lo que a él le parece qué es la poesía, son revelaciones de definiciones de la poesía.
(El ángel necesario. Ensayos sobre la realidad y la imaginación, traducción de A. J. Desmonts, Visor, 1994)

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       En poesía, debes amar las palabras, las ideas y las imágenes con toda tu capacidad de amar lo que sea.
(Adagia, Península/62, 1987)

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       No es lo mismo ir reuniendo poesía a lo largo del camino que meramente escribir poesía.
(Adagia, Península/62, 1987)

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       Para cualquier originalidad es preciso tener el valor de ser un amateur.
(Adagia, Península/62, 1987)

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       No tener nada que decir y decirlo de una manera trágica no es lo mismo que tener algo que decir.
(Adagia, Península/62, 1987)

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       Es el sentimiento o la penetración lo que aviva las palabras, no al revés.
(Adagia, Península/62, 1987)

Escribir
es
escribir
y
escribir
y
escribir
y
escribir y escribir
y escribir y escribir.

        Creo en el poder del exceso. Da una vida más larga.

       No puedo esperar quince años a que la gente se decida a analizarme por mi música. Necesito que me escuchen ahora.
(Rock de Lux, enero 1995)

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       Hacer música es hacer un disco, exponer tu criterio, constatar tu identidad, hacer historia. Cuando muera, no existiré. Pero sí estos dos discos que hemos grabado.
(Rock de Lux, enero 1995)

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       Me salen canciones hasta en sueños, cada día me despierto con una nueva melodía en la cabeza.
(Rock de Lux, enero 1995)

       Hay que intentar hacer sólo lo necesario, construir formas que nos prendan y nos agarren. Un artista tiene que intentar conseguir el máximo de intensidad en su obra para poder regalar algo de verdad nuevo a los demás.
(Babelia, 22-12-1994)

       La poesía resulta de una lucha denodada por la única forma de decir algo. La novela, por su parte, es una lucha entre las múltiples maneras posibles de contar algo.
(Las voces de la novela, Gredos, 1978)

       Los escritores no mueren. Cuando un escritor muere, si es que muere, regresa. Nunca se va. Es un rayo que no cesa, como si de un modo u otro siempre hubiese tormenta, aun en verano. Huye lejos y se queda. Escribe en círculo. ¿Quién diría que Rafael Chirbes se fue, o que está muerto? ¿Murió acaso Robert Stone? ¿Murió James Salter? ¿Y Lemebel, y Tranströmer, y Galeano, y Grass? Si sientes muy próximo a un escritor, pues acarreas el peso de sus libros contigo igual que si fuesen las llaves de casa o el dinero justo para el pan que llevas en el bolsillo, su ausencia repentina produce un extraño vacío. Es normal. Se llama tristeza y desolación, y posee sus trámites. Pero no duran mucho. De pronto, escuchas otra vez el titileo de los libros, persiguiéndote. Un fantasma personal no desaparece, por mucho tiempo que pase. […] Al poco de fallecer Truman Capote, en agosto de 1984, Gore Vidal, a quien lo unía una enemistad profunda y querida, hizo unas enigmáticas declaraciones a una periodista: “¿Su muerte? Creo que es buena para su obra”. La frase, observada desde lejos, parece una de esas maldades que exige años armar. A medida que uno se aproxima, sin embargo, y repara en los entresijos de la oración, ya duda. Después de todo, cuando la obra es lo único que queda de un autor, siempre refulge. […] El escritor nunca desaparece completamente; no sabe. Fallece sólo para decir que está aquí, presente, y que es hora de releerlo. Pongamos que muere mal, y eso es bello. Sigue escribiendo, para sembrar la idea de que su fallecimiento fue un crimen injusto que se puede reparar. La muerte es un invento de la literatura, igual que el amor, el paso del tiempo […].
(El País, «Muerte de un escritor», 22-8-2015)

       Es el propósito central de mi trabajo que el cuadro sea como un talismán, un objeto o un mecanismo para ayudar a que la gente que lo vea cambie su mentalidad normal, y se traslade a ese estado que llamamos de contemplación de la realidad profunda, de la conciencia cósmica, del absoluto.

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       […] Uno se orienta a sí mismo como puede, y yo, escribiendo, aclaro mis ideas.

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       El primero que lo ve y lo siente es que lo inventa. Cuando pinto, me comparo con un médico que busca una vacuna y después la prueba consigo mismo para ver su resultado. El artista es el primer espectador de su obra. Pero, luego, la vacuna es para todos.

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       Uno tiene la ilusión de estar acertando, sino lo haría de otra manera; pero siempre te falta el cedazo de la historia que dejará las cosas en su sitio.

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       Otro de los motores es el mero y legítimo deseo de ir contra corriente, de ser diferente de los demás. Sí, hay una parte de eso porque cuando haces una cosa por primera vez aportas una visión nueva. Es así, y yo procuro no parecerme a nadie; si veo que toco temas o materiales que han sido usados por otro artista, los abandono. Pero más que nada por respeto, para transmitir otra concepción del mundo.

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       Tengo la esperanza de lograr interpretar la realidad de cierta manera que sea interesante para los demás. Si todos meditáramos, pensaríamos más en los otros.

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       Yo me encontré a mí mismo como pintor a partir del año 1953. Coincide con mi boda con Teresa. Entonces me aislé completamente. Practiqué mucho, no paré hasta encontrarme. Sí, fue muy buscado y muy hecho a propósito. No puedo hablar de casualidad. […] Desde luego, se pasa mal. Pero hacía exposiciones; mientras tanteaba tenía el coraje de exponer. Eso me ayudaba.

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       Siempre he estado pensando que tengo que esforzarme, que tengo que hacerlo mejor. La actitud de buscar sensaciones para pasar el tiempo, tan común hoy día, no me gusta. La vida es corta y hay que hacer cosas importantes.

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       Me asusta la típica angustia del lienzo en blanco, pero no me dura mucho. Aunque no sepa qué hacer, empiezo a trabajar. Hay que ponerse, porque si esperas que te llegue la inspiración, nunca llegarías a hacer nada.

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       Cuando lo ves desde lejos, como puedo verlo ahora, parece que sí, que hay un momento concreto en el que comienzo a ser el pintor, luego tan elogiado. Pero cuando estás metido dentro, lo ves sólo como una lucha continua. Reconozco que visto con cierta perspectiva puede parecer que hubo un momento en que encontré la piedra filosofal.

       Sin una profunda atención, un escritor no logrará escribir un libro, ni un poeta un poema, ni un científico podrá llevar a buen término una investigación. Sin una profunda atención se diluyen también las relaciones humanas, que están hechas solamente de amor, y el amor no es otra cosa que una forma de atención prolongada en el tiempo.
(mujerhoy.com, 6-7-2013)

       Deseo ofrecer una propuesta original y aunque viva en el muladar y me vaya mal, mi obra la he cuidado siempre como una orquídea.
(El País, 13-1-1989)

       Hazer verdadero aquel Refrán que dize: «Allegate a buenos, y serás uno dellos».

       En el duelo asimétrico entre la cigarra y la hormiga de la fábula, uno se declarará siempre partidario de la cigarra; antes cantar que acumular haces de leña para el invierno.
(Técnicas de iluminación, Páginas de Espuma, 2013)

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       La meta siempre está más allá, al doblar la esquina, puede que uno la alcance en un millón de metros o en media hora, o dentro de cuatro inviernos y quinientas estrellas más. Algún día conseguirá su objetivo, uno no desespera.
(Técnicas de iluminación, Páginas de Espuma, 2013)

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       Todo es hola y adiós y unas décimas de fiebre.
(Técnicas de iluminación, Páginas de Espuma, 2013)

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       Escribir es imposible y que también es imposible dejar de escribir. […] Porque escribir, pensaba yo, es estar más despierto de lo normal. Un espasmo de lucidez recorre todo, nos sacude el sistema nervioso con una sobrecarga de vitalidad, de plenitud, de audacia, de algún hay que canalizar toda esa energía dispersa y un tanto alucinógena que desborda la conciencia. De la euforia molecular hasta el folio. Entran ganas de cantar, de bailar, de recibir una bofetada o un electroshock. En lugar de eso, volcamos toda esa actividad frenética hacia dentro y nos contentamos con enfilar, con gran aplomo, un signo negro tras otro.
(Técnicas de iluminación, Páginas de Espuma, 2013)

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       El sol que nos alumbra hoy procede de la luz extinguida de miles de millones de imaginaciones muertas.
(Técnicas de iluminación, Páginas de Espuma, 2013)

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       Aún tenía mucho pasado por delante.
(Técnicas de iluminación, Páginas de Espuma, 2013)

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       La nieve es la esquina de las palabras, ese resto que queda después de haber triturado todos los nombres propios: un poco de arena fría.
(Técnicas de iluminación, Páginas de Espuma, 2013)

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       El arte es una herida lenta y puede que la luz sea más antigua (aún) que el amor.
(El Cultural, 07-02-2014)

       A partir de una cierta profundidad de exploración, el arte, como el pensamiento, deviene universal; pero el camino más directo que conduce a ese punto pasa por el conocimiento de lo particular.
(Babelia, 7-3-1992)

       En el principio fue la palabra, y un escritor con la palabra puede crearlo todo, cambiarlo todo, puede ser como un sacerdote o un Dios, e incluso crear algo que no existe.
(El País, 7-12-2013)

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       La página no es un espejo sino una extensión blanca y vacía. Cuando está llena, ya no es para mí, le corresponde a otros leerla. Yo en ese momento vuelvo a las sombras a las que pertenezco.
(El Cultural, 14-11-2014)

       La felicidad es una alegoría; la desdicha, una historia.

       Cada día. Por las mañanas [escribo y reescribo], en una habitación que da a un patio interior. A esa hora todo parece posible, cantan las vecinas y los pájaros y eso infunde optimismo.
(Babelia, 24-11-2012)

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       Escribir es como la alquimia: inalcanzable; muchos altisonantes hacen que las palabras estén iluminadas por fuera, pero la luz de las palabras ha de ser interior, cada una ha de tener esa luz interior, mágica, que le da el estar en el sitio que le corresponde.
(Babelia, 24-11-2012)

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       Sólo se puede escribir desde la mala leche.
(Babelia, 24-11-2012)

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       Vas leyendo y formalmente escribes mejor pero si pierdes la desfachatez de con lo poco que uno había leído y escrito del principio, y se creía que el mundo tenía que escucharte, leerte. Si pierdes eso, lo pierdes todo, ¿no?
(El Cultural, 5-10-2012, entrevistado por Carlos Zanón)

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       A veces me siento delante de una cuartilla en blanco porque tengo ganas de escribir. Entonces empiezo dibujando una letra, la que sea.
(El Cultural, 5-10-2012, entrevistado por Carlos Zanón)

       Yo estoy escribiendo para beneficiar a la raza humana […], yo no soy el típico poeta que primero se mete en sí mismo y desde allí medita desde su propia conciencia. El tema central de mi poesía es realmente el de las relaciones y el salir de uno mismo hacia la naturaleza y hacia otras lenguas.
(ABC, 11-11-1994)

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       Los filósofos ayudan a los poetas a articular lo que estos saben de forma intuitiva. Es útil tener las formulaciones de los filósofos, para tú luego reincorporarlo, “robarlo”. Los poetas son maravillosos ladrones.
(ABC, 11-11-1994)

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       Siempre he huido por igual del egotismo y de la incontinencia icónica que polarizan a buena parte de la poesía contemporánea. Me interesa, por el contrario, una reflexión empírica y sensitiva de las cosas, capturarlas en su propio lenguaje.
(El País, 12-11-1994)

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       El desmenuzamiento poético es la última oportunidad de concentración que tenemos. Acordar nuestras fijaciones mentales con la propia concentración de la naturaleza.
(El País, 12-11-1994)

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       Seguí escribiendo poesía porque con ella me sentía en contacto con la realidad, el mundo; con el tipo de misterio -porque hay un misterio- que se ve en los hombres, los niños y los enanos de Velázquez: el misterio del ser. Con la poesía tienes la sensación de estar en contacto con una realidad que la vida intenta cancelar. Hay tanta banalidad alrededor…
(El País, 13-6-1992)

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       El peligro para el poeta es la desesperación. Si piensas demasiado en lo mal que lo tiene la poesía, la cultura, pierdes la esperanza. Yo he decidido ignorar todo ello y concentrarme en mis versos.
(El País, 13-6-1992)

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       Cada vez tenemos más reuniones en la universidad. Si me concentro en ellas me pueden irritar mucho. De modo que canalizo mi irritación a construir versos. Algunas veces escribo cuando camino.
(Babelia, 13-6-1992)

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       La desesperación. Si piensas demasiado en lo mal que lo tiene la poesía, la cultura, pierdes la esperanza. Yo he decidido ignorar todo ello y concentrarme en mis versos.
(Babelia, 13-6-1992)

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       Los padres deberían leer poesía a sus hijos, en lugar de abandonarles frente al televisor, donde sólo miran en lugar de imaginar, que es el espacio de la literatura.
(Babelia, 13-6-1992)

       La creación nace de un ahondamiento en uno mismo. El artista no puede ser gregario y debe cultivar su rareza.
(El Cultural, 10-1-2014, en una reseña de Pablo Sanz)

       […] La predominancia de lo poético corresponde al período de pubertad en los seres y en las literaturas. Superado aquél, alcánzase otro estadio en que cobran predominio las ideas y conceptos sobre los sentimientos y palabras.
(Historia de la literatura de vanguardia, G. de Torre, vol. I)

       Sólo un pasado que es presente y futuro a la vez merece la pena del recuento: la proximidad de un amigo, el fulgor de un amor, el insistente placer de un buen libro, la compañía insistente de una gran sinfonía, el deleite de un paisaje real o imaginario. Todo lo demás es ruido, ruido y mierda, y sólo los poetas, y quizás los constructores de catedrales y de cuanta belleza nos fue legada para que no sintiéramos que estábamos solos y acabábamos de empezar, merecen que sea respetada su ambición.

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       Hay gente que se muere de verdad, mientras los otros entretenemos la espera haciendo literatura. Que es prácticamente todo, excepto el dolor, para cuyo consuelo no hay bálsamo ni eslóganes.
(El País)

       […] Este pintor tomó toda su obra de un periodo anterior y se fue con ella bajo el brazo a un crematorio donde ordenó que fuera incinerada. No contento sólo con esto, recogió las cenizas que quedaban de años de trabajo, las metió en una urna y sobre ella puso una inscripción en que rezaba: “John Baldessari, 1957-1965”.

       […] Se deshizo de todo tipo de objetos materiales de aquella época, cambió de estudio, de casa. Según él, después de aquello vino el renacimiento.
(El País, 12-1-1988?)

       Lo que aprovecha es tener buenas costumbres, que estas valen más que los buenos parientes; y el vulgo, aunque indómito, hace justicia a lo que tiene delante.
(El País, 11 de febrero de 2012, p. 27, recogida por Javier Gomá Lanzón)

       La poesía no es sino un largo, extenso y único poema que escriben, en épocas diferentes y en diferentes lenguas, los distintos poetas […] en un papel prestado.
(En el prólogo de Las tradiciones, poesía reunida)

       Me gustaría que quedase bien claro que la biografía de un autor carece de importancia. Si no se le reconoce en su obra, entonces es que no vale nada o que su obra no tiene ningún valor.

       En la escritura tienes que permitirte ser un plato vacío, listo para ser llenado.

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       Parece que si hablo sobre mi escritura luego durante un tiempo no puedo escribir. Me vuelvo más consciente. Es el beso de la muerte. Sé que suena raro, pero es como si cuando hablara de ello hubiera un hada o un elfo de la escritura que se esconde en un calcetín y dice ya no voy a hacerlo más.

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       Teóricamente me gusta saber de mis lectores, pero si me dicen lo que piensan aunque sea positivo, me perturba. Incluso las reseñas positivas me hacen daño porque me hacen pensar en lo que hago.

       La paradoja de la inteligencia y de sus frutos radica en que sólo si aquella se ejerce sin horizonte pragmático acaba produciendo frutos que a la larga tienen uso social y capacidad de “transformar el mundo”.
(El País, 6-11-1987)

       Mis secretos me muestran. Son mi único hogar.
(de Escritos en la corteza de los árboles, 2013)

       El género es el género. A mí no me angustia que la poesía se convierte en best-seller; lo que resulta absurdo es desesperarse por no vender . […] La resignación bien empleada es la que puede aliviar a la gente de esa fiebre por ser conocidos.
(El País, 21-05-1994)

       Eso es lo ideal, llegar a crear la confusión entre realidad y literatura, que son intercambiables. Esa confusión es la poesía.

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       Yo creo palabras en los periódicos y en los libros. Disfruto mucho con el lenguaje, no creo en los escritores sin lenguaje o con lenguaje mostrenco y común. Hay palabras que capto por ahí que me fascinan, me pasa hasta con el médico, y me las guardo para mí.

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       Yo creo en la acción, que conecta con la existencia. Las depresiones, los problemas, todo se cura con la acción, por eso soy un fanático del trabajo, por eso he escrito tanto en esta vida. Es un consejo de viejo.

       Tengamos primero que decir algo jugoso, fuerte, hondo y universalmente humano, y luego, del fondo, brotará la forma.

       La fama es una porquería. Unos días la aguantas y otros la aborreces. Te critican y te envidian cuando estás arriba. Te humillan cuando caes. Yo no me avergüenzo ni del éxito ni del fracaso. Es más, busco el lado bueno de todas las situaciones.

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       Siempre hemos tenido miedo a ser iguales que los otros grupos. Me horrorizan los grupos que se parecen como una gota de agua a otro grupo. Hay que desmarcarse. Hay que ser un poco esnob, hay que cambiar de imagen y hay que tirarse rollos para seguir ahí. Lo han hecho los Beatles y los Rolling Stones durante toda su vida. Aunque llega un momento que esta dinámica es muy jodida. Con cada elepé que sacas tienes que exprimirte la sesera. Repetirse es lo peor que puedes hacer. Me da mucho miedo repetirme. Con cada disco yo quisiera abrir nuevos vías, pero cada vez es más difícil.
(Primera línea, nº41, septiembre 1988)

       El pintor Turner […] no atribuía a los seres humanos demasiado valor en el balance de las cosas.
(El Cultural, 20-1-2012, p. 27, recogida por Michiko Kakutani)

       Todo ha de enseñarnos a callar o a significar con lo que se dice lo que se calla. Tal es la razón del decir de lo indecible en que lo poético se funda. Pues no todo decir, sabido es, encuentra en lo indecible fundamento. De ahí que para ti, Edmund Jabès, escribir “quisiera decir, sin que uno llegue siempre a darse cuenta, moverse de lo visible a la no visibilidad…, de lo audible, que tiene la duración de la escucha, hacia el silencio, en cuyo horizonte se sumergen dulcemente las palabras”.
(El País, 13-1-1991)

       A mí Walter Benjamin me sirve de guía, como san Juan de la Cruz, los presocráticos o Proust. Cuando los leo, siento que estoy en terreno seguro y fértil.
(ABC Cultural, 15-3-2014)

       Acaso no sabéis que es menester dar a las ideas nuevas un no sé qué de nobles, no improvisadas, sino maduradas; no insólitas, mas como si hubieran existido hace siglos; no hechas y encontradas esta mañana, sino olvidadas y reencontradas.

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       Es necesario trabajar para Alguien, y no para desconocidos. Es necesario apuntar hacia alguien, y cuanto más claramente lo apuntemos, mejor será el trabajo y el rendimiento del trabajo. La obra del espíritu sólo está completamente determinada si hay alguien ante ella. El que se dirige a alguien se dirige a todos. Pero el que se dirige a todos no se dirige a nadie.

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       El secreto de la abundancia de ciertos espíritus reside en la maravillosa capacidad de utilizar todo, cualquier incidente, y asimilarlo de algún modo, de volverlos hacia su objeto por alejados o indiferentes que parezcan.

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      El placer literario no consiste tanto en expresar tu pensamiento como en encontrar lo que no te esperabas de ti mismo.

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       Grandeza de los poetas –de apresar con sus palabras– lo que no han hecho más que entrever en su espíritu.
(Cuadernos -1894/1945-, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2007)

       Todo nuestro arte nace de saber que un día pasaremos.

       El tiempo pasa, Pablo querido, y hay que aprovecharlo, al menos para las cosas líricas y desinteresadas, ya que para las cosas y bienes de este mundo, no lo hemos de aprovechar nunca.
(Epistolario General)

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       … en la sola recta inevitable.

       La crítica, en general, se equivoca al repudiar.
En igual proporción se equivoca en el elogio.

       Escribir rejuvenece; de hecho siempre se siente la misma sensación cuando uno se enfrenta a la página en blanco y eso te devuelve a una edad similar, constante.

Bien hayan los poetas que en extraños
círculos enigmáticos escriben,
pues por ocultos no padecen daños.

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Oscuro el borrador y el verso claro.

       Cuesta trabajo, hay que sufrir, y hay que ser un mamón si hace falta. La gente normal, buena, atenta y equilibrada no hace obras de arte. Las obras de arte las hace la gente iluminada.

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Ni ruinas ni cenizas,
ni papel que lleve el viento…

(«Échate un cantecito», 1993)

       Bob Dylan, un judío de familia burguesa, criado en el frío y la montaña, era una esponja. Cuando se fue de su casa, casi imberbe y con la única compañía de de una guitarra de palo y una armónica, aprovechó su periplo errabundo para apalancarse en los sofás de casas ajenas y formarse por su cuenta. Pero elegía: deglutía las blibiotecas ajenas, de Rimbaud a Dylan Thomas, pasando por Von Klausewitz o Sun Tzu, lo que cayese. Machacaba, hasta memorizarlas, vetustas grabaciones del cancionero tradicional de discotecas de caseros y amigos. […] Pero su plan era mucho mayor: lo mezcló todo en las neuronas privilegiadas que bullían bajo sus rizos y creó un compuesto nuevo.
(ABC, «El invierno de Dylan», 16-11-2013)

       En esta época incierta, oscura, debemos recoger el profundo sentimiento de la espera. Y si el destino nos es adverso, aceptar con resignación la poca importancia que puede haber tenido nuestra aportación al arte. Nunca en vida lo sabremos y, en cierta medida, es bueno sentir, en los instantes de la muerte, la posibilidad de que nuestro destino haya podido ser inútil.
Olvidemos el mito que, desde el Renacimiento y en posteriores épocas, ha ido alimentando al artista superior de pedestal de barro, del artista que hay que llevar de oro y de falsas medallas.
No olvidemos que el mundo es una gran colectividad y no seamos necios ni ingratos. Si tenemos una vocación, si se sobrevive, si ofrecemos algo digno, olvidemos lo demás y dejemos para simuladores estúpidos esos rastros de suficiencia y banalidad.

       En esta época incierta, oscura, debemos recoger el profundo sentimiento de la espera. Y si el destino nos es adverso, aceptar con resignación la poca importancia que puede haber tenido nuestra aportación al arte. Nunca en vida lo sabremos y, en cierta medida, es bueno sentir, en los instantes de la muerte, la posibilidad de que nuestro destino haya podido ser inútil.

       Olvidemos el mito que, desde el Renacimiento y en posteriores épocas, ha ido alimentando al artista superior de pedestal de barro, del artista que hay que llenar de oro y de falsas medallas.

       No olvidemos que el mundo es una gran colectividad y no seamos necios ni ingratos. Si tenemos una vocación, si se sobrevive, si ofrecemos algo digno, olvidemos lo demás y dejemos para simuladores estúpidos esos rastros de suficiencia y banalidad.

Sigues siendo, oh Poesía, la morada definitiva,
Sí, como astro único y como pasión única,
Madre, y sin confiar en la Inspiración
Te nombramos guía y compañera para siempre.

(De «Epílogo»)

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¡Necesitamos la Voluntad, santa, absoluta y eterna,
Al proyecto enlazada igual que un cóndor
En los flancos temblorosos de un búfalo y que
En rápido aleteo lleva su trofeo por cielos de oro!

¡Precisamos estudiar sin pausas, necesitamos
El increíble esfuerzo y el combate inédito,
Y la Noche, la ruda noche del trabajo para
Que muy despacio alboree como un sol, la Obra!

(De «Epílogo»)

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A la mierda la poesía, a la mierda la gloria.

       Lo más significativo de una obra, cualquiera que sea (desde un perfume a un cóctel ), es la arquitectura de sus tonos. De hecho, desde una película a un libro, desde un telefilme a un concierto, la distribución de sus emociones ofrece de hecho tantas opciones que el buen tino será siempre dependiente de una insólita gota de genio.
(El País, 7-1-2012)

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       Esa velocidad constituye, además, el estilo. Y estar en la onda, en el estilo del tiempo, se trate de diseñadores o urbanistas, de arquitectos o entrenadores, es haber asumido la clave de los tiempos.
(El País, 7-1-2012)

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       La escritura se presentaba como una tupida foresta, sagrada y vocacional, que sólo los muy elegidos traspasaban silbando. Los demás lo hacíamos sudando. Pero bien, cuando ya nos parecía a algunos de este sudado pelotón haber alcanzado la dicha de poder decir queríamos decir, ahora va y nos cierran la boca o no se oye el valor de lo escrito.
(El País, 5-10-2013)

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       Escribir sólo era un gozo tras haber penado por lo escrito. […] Trabajábamos como devotos penitentes. El sustantivo, el adjetivo, el verbo, la coma, el punto y seguido, la precisión. Todo ello constituía una labor tan solitaria que, en ocasiones, la acentuábamos pidiendo aislarnos en algún lugar apartado, para hacerlo aún más concentradamente. Aislarnos para escribir mejor y, al cabo, para comunicar más a fondo el fondo.
(El País, 5-10-2013)

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       La intención de quien enseña un cuadro o de quien publica un libro es gustar, pero ¿qué estado escoger si los unos dicen una cosa y los otros su revés? Un artista es un pim, pam, pum durante toda su vida. Y de nadie es la culpa, sino de él mismo, puesto que si expone se expone.
(El País,«La cultura turbante», 15-2-2014)

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       El yo es una luz que por modesta no puede orientar su claridad hacia ningún área fuera del yo. Con una particularidad añadida. Esta luz constituye su único y pobre alimento. Nacemos solos, morimos solos, vivimos solos. ¿Cómo podrían los demás, por mucho que traten de aliviarnos o contentarnos, pasar sus medicinas a través de las paredes en que se encarcela involuntariamente el yo? ¿El asilo de la cultura? He aquí el turbante con que se envuelve la perdición.
(El País, «La cultura turbante», 15-2-2014)

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       ¿Los aplausos? ¿Qué lenguaje vulgar es éste que se apoya en el expediente de la aclamación? Lo divino es el silencio. Lo importante es la nada. El final más atinado es igual al cénit de su imposible repetición.
(El País, «El artista desnudo», 10-1-2015)

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       […] Se requiere haber consumido muchos años en la pugna y también muchos sofocos al releerse, reescucharse o remirarse. La imagen del yo novato aparece después como una impostación. Una máscara causada tanto por el deseo de encubrir carencias, como por una ambición tan legítima como obscena de seducir.
(El País, «El artista desnudo», 10-1-2015)

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       Foster es, en cambio, como Bernini, Gaudí, Mies o Sejima, son hijos de la inspiración. Hijos naturales de la idea que les sobreviene, sencillamente sale a pasear. ¿Qué mayor recompensa para un artista que no sentirse artista? […] Los “sentimentales” son muy sensibles a esta consideración y en su trayectoria se proponen -incluso a su pesar- cumplir una misión sagrada. Por el contrario, los “ingenuos” no sienten que deban cumplir con mandato alguno. Son lo que son y hacen lo que Dios quiere sin pasar por el expediente de la crucifixión.
(El País, 18-1-2014)

       Soy un experimentador porque soy curioso. La curiosidad y el instinto han guiado siempre mi trabajo y mis elecciones. Creo que tengo un gran sentido del futuro y creo que me las arreglo para transmitirlo a mi trabajo.

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       Mi trabajo es una labor creativa y con eso está incluida una observación sensible y atenta a lo que quieren los hombres, las mujeres y los jóvenes. Y la creatividad, por supuesto, no puede estar aislada de la calidad y de la investigación ininterrumpida. Así que, mis deseos y mis ilusiones son hacer desear e ilusionar a los demás.

       Si en la edad en que más propicio está el ingenio, que es la de la juventud, se dedicara a la tópica, que es el arte de encontrar en cada cosa cuanto en ella hay, privilegio este de los ingeniosos…
(Autobiografía)

       La prática del coleccionismo como una manera de dar forma al caos y sinsentido del mundo, la colección como Arca de Noé, la melancolía del coleccionista ante la insatisfacción de la posesión que -como el sexo- exige actualizarse constantemente, la colección como voluntad de perdurar y expresión del triunfo de la muerte…
(El Cultural, 15-11-2013, en su reseña de El coleccionista apasionado, de Philipp Blom)

       Más que miedos hay que tener respeto a los retos. El miedo sólo es válido como supervivencia, si me sirve para salvarme de una situación de vida o muerte; si no, prefiero los retos.

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       Dar la mejor versión de ti misma en cada momento, porque la vida no nos pertenece, es un regalo y todo el tiempo que estés aquí hay que darlo todo.

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       Lo importante es vivir con pasión.

       Una vida lograda es un sueño de adolescente realizado en la edad madura.

       El artista tiene que plantearse de forma muy rotunda y decisiva, consciente del bagaje que le han dejado sus padres. El talento no sabe de movimientos. No hay crisis que lo mate. No hay movimiento que lo mate. Yo les diría a los jóvenes artistas de hoy que tuvieran fe ciega en ellos mismos, pero que huyeran de la fama, que no es más que una frivolidad. El camino es largo, lento, dolorosísimo, a veces de total comprensión y recompensa, otras de soledad aterradora. Siempre hay que nadar contracorriente…

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       Mucha gente joven, al no decir nada, y hacer una serie de objetos bien terminados no hacen sino disimular su miedo. Hay muchos artistas que prefieren dormir tranquilos pensando que hacen objetos inocuos que no molestan. Hay que aprender hasta de los pintores que no se atreven a ser pintores.

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       Esta es una profesión de solitarios, una profesión dramáticamente solitaria. Es la nuestra una vocación casi monacal, lo que no quiere decir que no necesitemos el aplauso, el mercado, las galerías o a las instituciones.

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       Pintar siempre pensar que eres el mejor. Enfrentarse al lienzo, inseguro, es como querer conquistar a una chica pensando que eres feo.

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       Hay una prisa excesiva por todo, mucha ansiedad, muchas ganas de relumbrón. Parece que lo único que importa hoy es la fachada. Nada más.

       Nulle die sine linea.

       La mayor parte de los músicos profesionales conocen de memoria centenares de partituras; la mayor parte de los escritores, en cambio, sólo tienen el vago recuerdo de los clásicos, lo cual explica que haya más músicos expertos que escritores expertos. Un violinista que poseyera la técnica de la mayor parte de los novelistas publicados no encontraría nunca una orquesta en la que tocar. Lo cierto es que sólo absorbiendo las obras perfectas, los modos específicos inventados por los grandes maestros para desarrollar una toma, construir una frase, un párrafo, un capítulo, y se puede aprender todo lo que hay que aprender sobre la técnica.

       Nada de lo que ya se ha hecho puede decirte cómo hacer algo nuevo, pero si comprendes las técnicas de los maestros tienes más posibilidades de desarrollar las propias.

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       Un escritor nace del talento y del tiempo… Tiempo para observar, estudiar, pensar. Por consiguiente, no puede permitirse el lujo de desperdiciar una sola hora ganando dinero para cosas no esenciales. A menos que tenga la suerte de haber nacido rico, es mejor que se prepare para vivir sin demasiados bienes terrenales. […] Es preciso decidir qué es más importante para uno: vivir bien o escribir bien. No hay que atormentarse con ambiciones contradictorias.

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       No es fácil, por supuesto ser fiel a lo que realmente nos importa; a todos nos gustaría ser considerados personas llenas de curiosidad por todo. ¿Quién asistió jamás a una fiesta sin fingir interés por algo? Pero cuando escribes tienes que resistir la tentación, y cuando ves lo que has escrito debes preguntarte siempre: “¿Me interesa de verdad esto?”.

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       No busco tema: cualquier cosa en la que no pueda dejar de pensar es mi tema. Stendhal dijo que la literatura “es el arte de la omisión”, y omito todo lo que no me parece importante.

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       No adorarás Londres-Nueva York-París.

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       La modestia es una excusa para la chapucería, la pereza, la complacencia; las ambiciones pequeñas suscitan esfuerzos pequeños. Nunca he conocido a un buen escritor que no intentara ser grande.

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       Un violinista que poseyera la técnica de la mayor parte de novelistas publicados no encontraría nunca una orquesta en la que tocar. La modestia es una excusa para la chapucería, la pereza, la complacencia: las ambiciones pequeñas suscitan esfuerzos pequeños.

       No escasean los buenos escritores. Lo que nos falta es una masa de lectores fiables.
(El Cultural, 14-2-2014, cita recogida por Ignacio Echevarría)

       La mediocridad, que nunca duerme, puede sorprender a la creatividad que sestea.
(Babelia, 3-1-2015)

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       La suma de la mediocridad y de la creatividad es constante: a más de la una menos de la otra.
(Babelia, 3-1-2015)

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       Construir es ir de cualquier parte a una parte muy especial, y para ello hay que invertir tiempo, talento y esfuerzo; destruir es ir de una parte muy especial a cualquier parte, y para ello no se requiere absolutamente nada.
(Babelia, 3-1-2015)

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       Lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud.
(Babelia, 3-1-2015)

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       Sólo se puede crear cuando no todo es ley ni todo es azar.
(Babelia, 22-11-2014)

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       Lo improbable asombra a todo el mundo, lo cotidiano sólo al genio.
(Babelia, 22-11-2014)

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       El humano es un animal creador: su mente se desequilibra positivamente para crear y, si no lo consigue, se desequilibra negativamente para vivir.
(Babelia, 22-11-2014)

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       Crear es buscar, comparar, seleccionar, combinar y reordenar…, por lo que coleccionar es crear o, al menos, una buena terapia para tratar los males de una creatividad frustrada.
(Babelia, 22-11-2014)

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       Para crear agítese antes de usar: agítense las ideas, agítense los métodos, agítense los lenguajes.
(Babelia, 22-11-2014)

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       Crear es la mejor estrategia para sobrevivir en un mundo cambiante.
(Babelia, 22-11-2014)

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       En la frontera se cree peor y se crea mejor.
(Babelia, 22-11-2014)

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       La innovación requiere tres cosas: tener una idea buena (uno), darse cuenta de que lo es (dos) y convencer de ello a los demás (y tres)… y casi nunca es una misma persona la que logra las tres.
(Babelia, 22-11-2014)

       El arte que merece la pena es autobiográfico, abiertamente o de forma velada.
(El Cultural, 11-11-2011)

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       Toda creación artística tiene relación con la literatura.
(El Cultural, 11-11-2011)

       ¿Qué es cultura? Formación de la atención.

       Las peores críticas son las mejores.
(UP-TIGHT. La historia de The Velvet Underground)

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       Un artista es aquél que produce cosas que la gente no necesita, pero que él -por alguna razón- cree que es buena idea dárselas.

       Los cínicos son aquellos que conocen el precio de todo e ignoran el valor de cualquier cosa; los sentimentales son quienes saben el valor, pero desconocen el precio.
(El último testamento de Oscar Wilde, Peter Ackroyd, traducción de José Vicuña y Marian Ortuño, Edhasa, 1986)

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       He llegado a vivir plenamente la vida: el éxito deslumbrante y el fracaso más horrible; y al final he llegado a alcanzar la libertad de aquellos que han dejado de desarrollarse.
(El último testamento de Oscar Wilde, Peter Ackroyd, traducción de José Vicuña y Marian Ortuño, Edhasa, 1986)

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       Siento como Andrea del Sarto en el exquisito poema de Browning:

Si hubiera sido dos, otro y yo mismo,
nuestra obra hubiera estado por encima del mundo.

(El último testamento de Oscar Wilde, Peter Ackroyd, traducción de José Vicuña y Marian Ortuño, Edhasa, 1986)

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       Siempre he creído que sólo al asociarse con los demás puede uno encontrarse a sí mismo y, para un artista, el contacto con otros artistas es fundamental para el desarrollo de su personalidad.
(El último testamento de Oscar Wilde, Peter Ackroyd, traducción de José Vicuña y Marian Ortuño, Edhasa, 1986)

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       Porque ¿en qué me había convertido, yo, que debería haber sido un gran poeta?
(El último testamento de Oscar Wilde, Peter Ackroyd, traducción de José Vicuña y Marian Ortuño, Edhasa, 1986)

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       La ociosidad es la condición suprema para el artista, pero la ociosidad tiene que llevarse con alegría.
(El último testamento de Oscar Wilde, Peter Ackroyd, traducción de José Vicuña y Marian Ortuño, Edhasa, 1986)

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       ¿Te he hablado ya de un nuevo cuento? Lo he titulado «Decapitación doble». Todavía no sé de qué trata, pero el título es delicioso, ¿no crees?
(El último testamento de Oscar Wilde, Peter Ackroyd, traducción de José Vicuña y Marian Ortuño, Edhasa, 1986)

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       Había dos árboles justo al otro lado del muro de la prisión. Podría vislumbrarlos desde mi celda y, a lo largo del invierno, había ido observando sus largas y negras ramas en las que el viento suspiraba como si tuviera el corazón destrozado. Ahora, en primavera, empezaban a florecer. Sabía exactamente lo que estaban experimentando: estaban encontrando su expresión.
(El último testamento de Oscar Wilde, Peter Ackroyd, traducción de José Vicuña y Marian Ortuño, Edhasa, 1986)

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       […] Cuán perdido se hallaba en una niebla de palabras y cómo […] todo lo que oía dentro de él eran frases entrecortadas de los libros que había amado, de los libros que habían formado su personalidad.
(El último testamento de Oscar Wilde, Peter Ackroyd, traducción de José Vicuña y Marian Ortuño, Edhasa, 1986)

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       Como artista me sentía casi muerto: el brillante futuro que todos me habían anticipado parecía haber quedado atrás.
(El último testamento de Oscar Wilde, Peter Ackroyd, traducción de José Vicuña y Marian Ortuño, Edhasa, 1986)

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       Ahora ya no tengo pasado. Mis anteriores triunfos carecen de importancia. Mi trabajo ha sido olvidado […]. Como el hechicero postrado a los pies de Vivien, también yo estoy “perdido para la vida y la fama, sin nombre ni utilidad”. Esto me llena de una extraña alegría.
(El último testamento de Oscar Wilde, Peter Ackroyd, traducción de José Vicuña y Marian Ortuño, Edhasa, 1986)

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       A Browning no le asustaba escribir una frase fea para expresar con precisión su pensamiento: esa fue su tragedia. En cambio yo sólo encontraba significado en lo bello y renegaba de la fealdad: esa fue la mía.
(El último testamento de Oscar Wilde, Peter Ackroyd, traducción de José Vicuña y Marian Ortuño, Edhasa, 1986)

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       […] He abandonado mi arte y he superado la personalidad que me había construido con él. Ahora espero y contemplo la inagotable plenitud de las cosas que antes trataba de dominar y controlar.
(El último testamento de Oscar Wilde, Peter Ackroyd, traducción de José Vicuña y Marian Ortuño, Edhasa, 1986)

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       El arte no puede pretender ser popular. Es el público quien debe esforzarse en ser artístico. Este es el dilema. El gran postulado.

       Soy muy perfeccionista. Trabajo muy lento. A veces tengo una idea, pero al darle forma no me gusta. La hago y la rehago hasta que tiene chispa.

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       Yo reconozco que soy muy obsesivo, que puedo llamar a alguien a las tres de la madrugada para trabajar en una canción que se me ha ocurrido, pero el arte es así, no tiene horario y yo espero que mis músicos sean capaces de entenderlo. Trabajar conmigo puede ser agotador, pero también muy divertido. En mis discos hay sitio para investigar, para la inspiración, y participa todo el mundo; me encanta que me den ideas, porque yo también las doy. Soy un poco tirano, pero esa es la única forma de llegar a donde estoy.
(1993)

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       Cambié. Me volví más activo. Desde entonces, cuando se me ocurre una melodía, la escribo y la grabo inmediatamente, por si acaso me sucede algo.

       Durante dos años seguí los pasos de estos maestros (William Faulkner y García Márquez), pero luego me di cuenta de que tenía que alejarme de ellos. Estos dos maestros son como dos hornos al rojo vivo y yo como un trozo de hielo, por lo que si me acercase mucho a ellos me evaporaría.

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       La literatura puede tener política, pero debe estar por encima de ella.
(ABC, 8-12-2012)

[…] Y tú y yo, hablábamos de poesía,
Dije: ‘Un verso quizás nos lleve horas;
Mas si no parece el pensamiento de un instante,
Nuestro coser y descoser ha sido vano.
Mejor humillarse hasta la médula del hueso
Y fregar suelos de cocina o picar piedra
Como un viejo indigente, bajo cualquier clima;
Pues articular en unión dulces sonidos
Es más dura fatiga que todos éstos, y sin embargo
Ociosidad lo piensa el grupo bullicioso
De banqueros, profesores y eclesiásticos
Que los mártires llaman el mundo’.

(De «La maldición de Adán», En los siete bosques, 1904; Antología poética, traducción de Manuel Soto, Siruela, 1991)

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‘La obra está terminada’, pensó ya de anciano,
‘De acuerdo con mis planes juveniles;
Y que rabien los necios, yo en nada me desvié,
Algo llevé a la perfección’;
Pero aún más fuerte cantó el fantasma: ‘¿Y ahora qué?’
(De «¿Y ahora qué?», Últimos poemas, 1936-1939; Antología poética, traducción de Manuel Soto, Siruela, 1991)

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Cualquier tentación puede alejarme de este oficio del verso:
Otrora fue un rostro de mujer, o peor aún
Las aparentes necesidades de mi tierra regida por necios;
Ahora nada se aviene mejor a la mano
Que esta tarea habitual.

(De «Todo puede tentarme», El yelmo verde, 1910; Antología poética, traducción de Manuel Soto, Siruela, 1991)

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Soy feliz de seguir hasta su origen
Cada hecho de acción o pensamiento;
¡Hacer balance y perdonármelo todo!
Cuando alguien como yo renuncia al remordimiento
Fluye tal dulzura en el pecho
Que debemos reír y debemos cantar,
Pues todo nos bendice
Y todo cuanto miramos es bendito.

(De «Diálogo del Yo y el Alma», La escalera de caracol, 1933; Antología poética, traducción de Manuel Soto, Siruela, 1991)

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¿Qué puedo hacer con esta cosa absurda
–Ay corazón, turbado corazón–, esta caricatura,
Esta decrépita edad que me han atado
Como a la cola de un perro?

Nunca tuve
Una imaginación más excitada, apasionada y fantástica,
Ni ojos y oídos
Que esperen más lo imposible.
No, ni en niñez cuando con caña y mosca,
O humilde gusano, trepé la espalda del Ben Bulben
Frente a mí el eterno día del verano.

(De «La torre», La torre, 1928; Antología poética, traducción de Manuel Soto, Siruela, 1991)

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El Alma. Busca la realidad, abandona la apariencia de las cosas.
El Corazón. Qué, ¿nacer cantor y carecer de tema?
(De «Vacilación», La escalera de caracol, 1933; Antología poética, traducción de Manuel Soto, Siruela, 1991)

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El intelecto del hombre está forzado a elegir
La perfección de la vida o la de la obra,
Y el que escoja la segunda debe rehusar
La mansión celeste, furioso en la sombra.

(De «La elección», Antología poética, traducción de Manuel Soto, Siruela, 1991)

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UN ACRE DE HIERBA

Restan libros y pinturas,
Un acre de verde hierba
Como espacio y ejercicio,
Ahora que el cuerpo declina;
Medianoche, una vieja casa
Donde sólo un ratón se mueve.

Mi tentación está en calma,
Aquí cuando la vida acaba
Ni la imaginación sin freno
Ni el molino de la mente
Que consume sus andrajos y sus huesos
Dan a saber la verdad.

Concédeme el frenesí de un anciano,
Yo mismo debo rehacerme
Hasta ser Timón o Lear
O bien aquel William Blake
Que golpeó contra el muro
Hasta que la Verdad respondió.

Una mente que Miguel Ángel sabía
Capaz de atravesar las nubes,
O por el frenesí inspirada
Capaz de sacudir a los muertos de sus mortajas;
En lo restante olvidada por la humanidad,
La mente aquilina de un anciano.
(De «Un acre de hierba», Antología poética, traducción de Manuel Soto, Siruela, 1991)

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Buscaba un tema y lo buscaba en vano,
Lo busqué diariamente por unas seis semanas.

(De «La deserción de los animales del circo», Últimos poemas, 1936-1939; Antología poética, traducción de Manuel Soto, Siruela, 1991)

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Dotar de una forma perfecta a un estado mental privilegiado.

       El problema es que la gente está habituada a que los artistas se queden pegados a un estilo. Yo prefiero quedarme pegado a todas las cosas que he hecho.

       La aurora de la palabra es la noche del sentido.

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       Cuando uno se decide a publicar, firma unos papeles y recibe algún dinerejo, no hay manera de avanzar. ¡Qué obstáculo indecible! Y es que escribir es algo que nace naturalmente, espontáneamente, sin que uno se dé cuenta, como se respira… Pero si tienes que dar el respiro a la fuerza, entonces ya no respiras. Cuando está el compromiso, el tener que darlo, ¡qué angustia! Dar el libro, desprenderse de ello, es atroz. Algo cambia dentro al tener que entregarlo así. Uno retrocede.

       La literatura de calidad no sabe de tendencias, a veces surge como la flor silvestre y otras veces se cultiva como la flor de invernadero. Yo disfruto con toda clase de manifestación poética y no sólo con la que se basa en las palabras, también con la que se apoya en las imágenes o la música.
(El Mundo/Las Artes de la Comunidad Valenciana, 8-11-2013)

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       Y es que nunca he podido escuchar tan clara mi voz interior como cuando ella me ha hablado a través de un poema.
(El Mundo/Las Artes de la Comunidad Valenciana, 8-11-2013)

       De todos los misterios del universo, ninguno más profundo que el de la creación.
(El misterio de la creación artística, Sequitur, 2015)

CITAS NUTRICIAS
PARA
PROPICIAR
LA CREACION LITERARIA
(contra los coleccionistas de monedas y sellos)

       Colecciono frases. Para John Banville, «la invención más trascendental de la humanidad es la frase. Han existido grandes civilizaciones ignorantes del concepto de la rueda, pero poseían la frase, pues sin ella no habrían sido ni grandes ni civilizadas. Con frases pensamos, especulamos, calculamos, imaginamos. Con frases declaramos nuestro amor, declaramos la guerra, prestamos juramento. Con frases afirmamos nuestro ser. No es desatinado afirmar que con frases está escrito nuestro mundo». Yo almaceno, gestiono, conservo, custodio frases que propicien la creación literaria, artística: arquitectos, novelistas, pintores, cantantes, escultores, actores, cineastas, modistos, músicos, poetas, filósofos, hasta pilotos de motos o coches, o jugadores de golf. Con unas frases tomadas de esta colección escribí «Las manos de algunos poetas en tus manos».

                 «El humano es un animal creador: su mente se desequilibra positivamente para crear y, si no lo consigue, se desequilibra negativamente para vivir. Crear es buscar, comparar, seleccionar, combinar y reordenar…, por lo que coleccionar es crear» (Jorge Wagensberg). «Hay que viajar, pasear. A veces nos rodean personas que no nos convienen. El mundo está lleno de ideas germinales, y si no las tienes en cuenta es por fatiga física o mental. Yo las reconozco gracias a cierta excitación que siento enseguida» (Patricia Highsmith). «De todos los misterios del universo, ninguno más profundo que el de la creación (Stefan Zweig).

                 En opinión de Francisco Calvo Serraller, «toda colección es, en buena parte, una especie de autobiografía, en que la personalidad se expresa a través del testimonio material de los objetos que se ha acumulado, reflejo de su gusto, de sus pasiones, de su habilidad y, naturalmente, de sus medios. En realidad, una colección no sólo retrata al detalle una forma de ser y de pensar. La pasión acumulativa, de la que inmediatamente se deriva la idea de coleccionar, es tan antigua como el hombre, probablemente los ajuares funerarios de los antiguos faraones egipcios sean el primer testimonio histórico que se aproxima más a lo que es nuestra concepción de una colección artística».

                 Para mí, estas frases son brújulas que orientan mi norte estético, ético. «Sólo buscando las palabras se encuentran los pensamientos» (Joseph Joubert). «Toda estética es una antigua ética» (Rafael Sánchez Ferlosio). «Quien tiene algo que decir se somete; y quien no, juega» (César Simón). «El poema debe tener una idea presidente, una sola idea. Si no se convierte en un enredo de imágenes, un laberinto de ocurrencias, un amasijo de escapes; es una insigne musaraña, o, lo más frecuente, en una gran estupidez. Pensamiento que debe volver, volverá. La poesía verdadera se hace sola» (Juan Ramón Jiménez). «No preocupado por ser desconocido, sino por hacer algo digno de conocerse», decía Confucio, en una cita maravillosa que nunca saldrá de mi cabeza, una de las primeras que guardé.

                 «Combinando lo mejor de sus lecturas, reconociendo aquello que es valioso y que se ha presentado ante él por azar o por curiosidad, el antólogo se convierte en un creador omnisciente y omnívoro, un Lector para Lectores. Todo lector es antólogo, pero pocos llevan la manía de coleccionar hasta el extremo de compilar un libro. Como lectores transformamos aquello que los escritores escriben, lo reducimos a citas cotidianas, le damos el tono del momento particular en que algo fue leído, lo reflejamos en otros textos que tienen una trama o un estilo similar: en una palabra, hacemos que lo escrito sea nuestro. Y puesto que la lectura es un vicio solitario, frecuentemente invitamos a otros a compartir nuestras lecturas; les damos codazos para que escuchen, para que participen de nuestros gustos o disgustos, para que juzguen nuestras selecciones» (Alberto Manguel).

                 «El mejor estilo es el que nace de tener algo que decir», decía Schopenhauer. «En poesía, debes amar las palabras, las ideas y las imágenes con toda tu capacidad de amar lo que sea. Para cualquier originalidad es preciso tener el valor de ser un amateur. El poeta debe poner en su poesía el mismo grado de aplicación que, por ejemplo, el viajero en su viaje, el pintor en su pintura. Es el sentimiento o la penetración lo que aviva las palabras, no al revés» (Wallace Stevens). «El sustantivo, el adjetivo, el verbo, la coma, el punto y seguido, la precisión. Se requiere haber consumido muchos años en la pugna y también muchos sofocos al releerse. ¿Los aplausos? Lo divino es el silencio. Lo importante es la nada» (Vicente Verdú). «Si quieres procurar un estilo a tu obra, procura coherencia en tus sentimientos, no en tus frases. Una cosa es la vocación y otra la fatalidad. ¡Escuchen, poetas, esto! ¡Escúchenlo, artistas! Si te gusta ser llamado poeta desde joven, cuida de vivir poco. Toda una larga vida con un pequeño mote es ridículo» (Carlos Edmundo de Ory).

                 «El primer problema para un compositor es encontrar su propia expresión; el segundo, librarse de ella» (Philip Glass). «Yo no tengo método de trabajo. Escribo cuando tengo apetito para expresarme, para configurar, para penetrar en un coto desconocido. Podemos decir que el método cubano de trabajo intelectual es la suma de poquedades. Todos los días se escribe un poco, con apetito, con gusto, con voracidad verbal, y al cabo de un año nos asombramos de que la caja donde antes cabía el sombrero gigante de la abuela está lleno de signos aljamiados. Con gran sorpresa nos acercamos y es nuestra letra. Haga todos los días una poquedad; pero no mortifique, no esté con esa poquedad fastidiando a sus mejores amigos, no les lea por teléfono a las pobres gentes que lo acompañan en la vida, no se desate, no sea una terribilia con los pobres seres que vienen a acompañarle en la vida de todos los días» (José Lezama Lima). «La tristeza de volver sobre nuestra obra no proviene de la conciencia de lo poco logrado, sino de lo mucho que renunciamos a acometer» (Antonio Machado). «Lo que irrita y molesta en los poemas es el narcisismo, el quietismo -dos callejones sin salida- y el enternecimiento que asoma por sus propios sentimientos… Aparte de eso, la poesía es un regalo de la Naturaleza, una gracia, no un trabajo. Tan sólo la ambición de hacer un poema basta para matarlo» (Henri Michaux).

                 «El principio de mi trabajo es una apasionada sumisión al objeto que me ocupa, al que, dicho con otras palabras, pertenece mi amor. La inversión de este sometimiento acaba produciéndose, de un modo inesperado para mí mismo, en el acto creador que surge de pronto dentro de mí, en el que soy tan inocentemente activo y superador como fui sumiso de un modo inocente y puro en la fase precedente» (Rainer Maria Rilke). «Lo que nos posibilita la creación de una obra no es el deseo de celebridad, sino la costumbre de ser laborioso. Y una simpatía es preciosa siempre. Lo que no es posible hacer solos en la vida, porque hay cosas que no puede uno pedir, ni hacer, ni querer, ni aprender por sí mismo, puede lograrse entre varios» (Marcel Proust). «Hay que hacer, hacer, hacer. Se hace siempre la misma cosa y, sin embargo, se puede hacer todo, ¿qué nos lo impide? Yo no busco. Encuentro. Se puede decir todo lo que se quiera, y todavía más. Y lo que es peor, además es fácil decirlo» (Pablo Picasso). «Pero ya no me pongo nervioso nunca más. Y sé que lo único que tengo que hacer es permanecer receptivo, no entorpecer el proceso, y especialmente no introducir emociones inútiles como la de la angustia. En fin, ahora me conozco a mí mismo. Ésa es una de las cosas que llegan con la madurez. Sé como trabajo. Sé que mi talento nunca me va a traicionar. Nunca me va a dejar» (Lou Reed). «No desfallezcáis nunca porque la constancia y hasta la testarudez, es fuente de alegría. No claudiquéis nunca, si no queréis vivir constantemente entristecidos. La insistencia contra viento y marea siempre merece premio. Lo tiene en sí, va con ella» (Francisco Pino). Sin disciplina no hay arte: tampoco lo hay sin arrebato. Un oficio, cualquier oficio, requiere una inclinación poderosa y un largo aprendizaje» (Antonio Muñoz Molina).

                 «La paradoja de la inteligencia y de sus frutos radica en que sólo si aquella se ejerce sin horizonte pragmático acaba produciendo frutos que a la larga tienen uso social y capacidad de “transformar el mundo”» (Eugenio Trías). «Los filósofos ayudan a los poetas a articular lo que estos saben de forma intuitiva. Es útil tener las formulaciones de los filósofos, para tú luego reincorporarlo, “robarlo”. Los poetas son maravillosos ladrones» (Charles Tomlinson). «Los que tienen miedo a las influencias, los que se hurtan a ellas, confiesan tácitamente la pobreza de su alma. Nada deben llevar dentro digno de ser descubierto, puesto que se niegan a dar la mano a nada de lo que podría llevarles a descubrirlo» (André Gide). «Los que se dejan influir por los grandes maestros demuestran tener una personalidad insignificante. Las influencias de obras más pequeñas, de radio mucho más corto, pueden ser, sobre una personalidad adecuada, sumadas y bien digeridas, mucho mejores: utilísimas» (Josep Pla).

                 «Citar es otra forma de decir “no he vivido en vano” (en este caso, “no he leído en vano”) y también “estaba pensando en ti”. En el fondo, quien no cita no hace más que repetir, pero sin saberlo y sin elegirlo. Las personas que no comprenden el encanto de las citas suelen ser las mismas que no entienden lo justo, equitativo y necesario de la originalidad. Porque donde se puede y se debe ser verdaderamente original es al citar» (Fernando Savater).

                A la izquierda de la pantalla de tu ordenador encontrarás, “encapsulados”, complejos vitamínicos sin cuento, remedios naturales innúmeros contra la pertinaz falta de inspiración.

                 Que nos aprovechen a todos.

                 Fin del prólogo, de las citas.

          
          José Luis Martínez
          8-8-2015

MUCHAS GRACIAS,
AMIGOS DE AÑOS,
POR VUESTRA COMPAÑÍA,
POR VUESTRA GENEROSIDAD:
POR ESTOS POEMAS
CUYA DEDICATORIA QUISIERA MERECER.

José Luis Martínez

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